Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

NEURASTENIA

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1. D e f i n i c i o n e s y d is t in - Psiconeurosis funcional en que — al ciones. contrario de la psicastenia (v.) — los fenómenos neurológicos prevalecen notablemente sobre los psíquicos. Muchos estudiosos, en consideración a la notable comunidad de síntomas entre las dos afecciones, cada una de las cuales se distingue de la otra sobre todo por la prevalencia cuantitativa de las manifestaciones neuróticas o de las psicósicas, juzgan inconsistente esta división y hablan unitariamente de neuropsicastenia. Según una definición ya clásica, la n. consiste en una debilidad irrita b le de los centros nerviosos, y se divide en n. constitucional o esencial o verdadera (de proceso psicógeno, la cual se observa en sujetos anormales, gravados por una herencia morbosa, con frecuencia similar, que desde la infancia han mostrado anomalías de carácter y desequilibrio vegetativo) y en n. adquirida o sintom ática, constituida por formas sendoneurasténicas' (esto es, ligadas a otros procesos morbosos, que desaparecen muy pronto al curar la enfermedad fundamental).

La verdadera n. es más frecuente en los varones y suele aparecer entre los 25 y los al ficticio concepto de un agotamiento del sistema nervioso. Tiene un decurso tanto más largo, obstinado y rebelde a las curas cuanto mayor es la importancia del terreno heredoconstitucional sobre el que ha nacido; pueden ser causa ocasional los fatigamientos, sobre todo mentales, los desórdenes sexuales, las toxiinfecciones, etc., y estos momentos patógenos pueden ser también origen de las recaídas que frecuentemente se observan despues de períodos, a veces largos, de mejoramiento.

2. Sintomatología y decurso. - El síntoma fundamental de la n. es un profundo y paradójico sentido de cansancio muscular y psíquico, que no se atenúa sensiblemente con el descanso» más aún, suele aparecer más grave al despertar, para atenuarse en las horas vespertinas. Asociase a él el dolor de cabeza (descrito generalmente como un casco que gravita sobre la cabeza o como un cerco de hierro que la corona) y otras sensaciones más fastidiosas que dolorosas (denominadas parestesias), fijas o vagantes, que pueden interesar a cualquier parte del cuerpo y que se advierten y describen por el paciente como hormigueos, pinchazos, ardor, frío, etc. Son frecuentes los tembloress digitales, el eretismo cardiaco (taquicardia, palpitaciones angustiosas, crisis anginoides, etc.); los trastornos gastrointestinales (lengua sucia, inapetencia, sensación de tener el estómago lleno después de las comidas, pirosis, meteorismo, estreñimiento alternado con episodios diarreicos, etc.); los trastornos de la esfera genital; los insomnios, o más fácilmente disomnios.

A esta rica y múltiple fenomenología — en gran parte de orden neurovegetativo sobre fondo hiperortosimpatico— acompañan constantemente variados trastornos psíquicos, que consisten en su mayor parte en la depresión del humor, en un incesante y preocupado autoanálisis de los diversos desórdenes somáticos, en una morbosa y pávida hipocondría, y hasta en crisis de ansiosa opresión que asemejan la enfermedad a la psicastenia; tanto más que, cuando con el paso de los años y con la inútil multiplicación de las curas más heterogéneas, el enfermo pierde la esperanza de curar y se exaltan en él las preocupaciones hipocondriacas, éstas asumen la tenacidad y el efecto perturbador de las verdaderas obsesiones, características precisamente de la psicastenia (v.).

3. C u r a. - La cura de la n. tiende más que en las demás psiconeurosis a reajustar y revigorizar las funciones somáticas alteradas; en ella, por lo tanto, se hace amplio uso de fármacos neuróticos, asociados · a la hidroterapia y curas físicas para tonificar y revigorizar el organismo. Pero no habrá de descuidarse nunca una cuidadosa y paciente psicoterapia (v. Psiconeurosis y Psicoterapia), para suprimir en el enfermo la introspección ansiosa y devolverle la esperanza de la curación y la confianza en el porvenir, sin lo cual todo tratamiento estará destinado al fracaso, y por consiguiente a agravar el estado morboso, como lo advierten los mismos enfermos, deseosos de curar, pero desilusionados frecuentemente, despues de fugaces mejorías, por las especialidades afanosamente recogidas en los ambulatorios médicos o en los anuncios de los periódicos.

4. P r o b le m a s m o r a le s; c o m p o rta m ie n to con lo s n e u r a s t é n i c o s. S u ic iD ro de l n e u r a s - Desde el punto de vista moral el t é n ic o. neurasténico ofrece dos importantes problemas, relativos a la conducta que se ha de observar con él y a la eventualidad del suicidio. * * Muy a menudo el neurasténico — sobre todo cuando conserva un buen aspecto— es considerado por sus familiares como un enfermo imaginario, objeto más de burla que de compasión.

Conviene insistir en que no existen enfermos imaginarios; que aun aquellos que como los neurasténicos no presentan enfermedades apreciables a primera vista no dejan de ser por ello criaturas dolientes; que su sufrimiento se exacerba cuando no es creída o, lo que es peor, cuando se le hace objeto de burla. Nunca por lo tanto se deberán descuidar estos enfermos ni mucho menos tenerlos por simuladores.

Pero como por otra parte el mostrarles una excesiva compasión puede ser también nocivo, porque de este modo se incrementa su natural tendencia a creerse enfermos graves e incurables, conviene escuchar con paciencia sus lamentos siempre renovados, confortarlos con palabras de confianza y estimularlos oportunamente para que se esfuercen en no desesperar, colaborando de esta manera, con la pbra del médico. Y como estos enfermos son bastante menos propensos que otros psiconeuróticos (como los histéricos y los psicasténicos) a escuchar la palabra del sacerdote, harán bien sus parientes en exhortarles a ello: un prudente confesor podrá confortarlos eficazmente o por lo menos inducirlos a la resignación cristiana. No se ha de olvidar en efecto, y aquí tocamos el segundo argumento de moral, que el neurasténico puede llegar a causa de sus propios sufrimientos obstinados, hasta ‘ el punto de atentar a su vida.

En estos deplorables casos, no imputables, tratándose en efecto de un gesto realizado por una mente exaltada y extraviada por el mal de un gesto equiparable por lo tanto al de un loco, una no pequeña parte de la responsabilidad del delito puede recaer sobre los parientes del suicida cuando éstos no hayan puesto por obra todas las sugerencias de la caridad y de la prudencia para aliviar los sufrimientos del sujeto e impedirle llegar al límite de la desesperación. Riz.

Bibliografía

Bibliografía

S. de B AN C Tis, Le nevrosi, en Trattato italiano di medicina interna, vol. II, Sez. VI, Milano, 1031
N. Valsalva, Malattie nervose, vol. V del Trattato di Medicina interna de
G. Gamna, Torino, 1055.

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