MUERTE
1. Naturaleza. - La m. es la separación del alma del cuerpo. La criatura que no está compuesta de alma y de cuerpo, como son el ángel y la misma alma, no puede morir. El hombre no puede causar la muerte a sí mismo o a otro hombre más que por actos que ocasionan ciertas mutaciones en el cuerpo que le privan de las condiciones necesarias para que el alma continúe unida al cuerpo. Todo acto que priva de suyo al cuerpo de esta disposición, causa directamente la m. y se le llama occisión directa, aunque la m. se produzca después de un tiempo más o menos largo.
2. D i v i s i o n e s. — A) La m. puede ser natural o accidental, según que sea producida por causas internas (enfermedades, agotamiento, desgaste) o por agentes externos (una caída, un rayo, un animal feroz, o el mismo hombre). Si la m. es causada por un agente libre, esto es, por el hombre, sea por.el mismo individuo, sea por otro, entonces se llama m. violenta, la cual, por lo tanto, es el suicidio o el homicidio (v. estas voces). B) La m. puede ser real o aparente. La m. aparente es el estado de un hombre que no da ninguna señal de vida, aunque en realidad vive todavía, y que acaso es consciente de lo que ocurre en sí mismo y en torno de si. Con respecto a la m. aparente conviene distinguir el estado propiamente dicho de m. aparente y el estado de m. intermedia.
El primero es el que comunmente se llama m. aparente. Es un fenómeno cierto, aunque raro. Es un estado en el cual el hombre no solamente no está muerto, sino que es capaz de retornar al estado de vida evidente, por sí mismo o por intervención ajena (masajes, respiración artificial, etc.). El estado de m. intermedia es un fenómeno que no es evidente, pero que presumimos muy probable. Entendemos por m. intermedia un espacio más bien breve de tiempo entre el momento señalado por todos como instante de la m. hasta el momento en que el alma realmente se separa del cuerpo. Existen razones graves para admitir que en muchos casos la persona vive todavía por algún tiempo breve (que puede llegar a ser media hora) después de la m. externamente perceptible. Pero la m. real sigue pronto e inevitablemente, por lo que en este caso no se pUefle hablar de m. aparente en el sentido propio de la palabra.
3. D o c t r i n a m o r a l. - A) De lo que sabemos con certeza sobre la m. aparente se sigue que todos y especialmente los médicos tienen un deber grave de evitar que se dé sepultura a una persona que no está realmente muerta. Mientras no haya una señal absolutamente cierta de m., hay obligación de diferir la sepultura. Son signos ciertos de m.: 1) la corrupción del cuerpo; 2) el enfriarse el cuerpo en breve tiempo y constantemente hasta llegar a la temperatura del ambiente; 3) la ausencia absoluta de movimientos en el corazón; 4) la ausencia de contracciones musculares, comprobada con instrumentos eléctricos; 5) la rigidez característica, o sea, cadavérica.
Una persona aparentemente muerta, que no presente señales ciertas de m. debe ser tratada como viva, evitando todo lo que pueda serle nocivo, como los movimientos, el frío, hasta la comprobación definitiva del médico. B) Sobre la existencia probable del estado de m. intermedia se funda la doctrina moral, que declara lícita y a veces obligatoria la administración del sacramento de la penitencia (absolución de los pecados) y de la extremaunción, durante la media hora que sigue inmediatamente el momento juzgado por todos como instante de la m. Es por lo tanto siempre lícita y a menudo obligatoria la administración de los sacramentos mientras exista una posibilidad razonable de que la persona está aún viva. Los mismos familiares pueden ocasionar un grave daño al enfermo, dejando de llamar al sacerdote, al juzgar que sea ya demasiado tarde. Para no exponerse, por lo tanto, a este peligro, conviene siempre llamar al sacerdote, aunque la persona parezca ya muerta (v. también Aceleración de la m.t Eutanasia, N ovísim os, P e lig ro de m uerte). Ben.
Bibliografía
Bibliografía
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J. B. F e r r e r e s, La muerte real y la muerte aparente con relación a los Santos Sacramentos, Barcelona, 1930
H u b e r, /Despertar en la tumbal Estudio histórico-cienti/ico sobre la muerte real o su p u e s t a
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La muerte y sus problemas, Madrid, 1950.