METAPSÍQUICA
1. Noción. - Se suele llamar con término bastante general m. el conjunto de las investigaciones científicas acerca de los fenómenos de la mediumnidad, telepatía, premonición y similares: fenómenos que están más allá (meta) de los estudiados por la psicología normal. A este término prefieren muchos el de investigación psíquica para evitar la suposición de que la voz m. quiera significar «lo que está más allá de la psique» y también por la consideración de que nada de lo que el hombre de estudios experimenta naturalmente y determina en materia psicológica puede considerarse propiamente metapsiquico.
Para indicar la investigación psíquica y sus multiformes objetos hablan algunos también — aunque menos propiamente — de ocultismo, entendido como el conjunto de los estudios y de las investigaciones para explicar cosas inexplicables con medios naturales; mientras que este vocablo, al menos en su acepción principal, sirve para indicar movimientos e ideas (emparentados con las teorías magicas medievales), nacidos a fines del s. xviii, y según los cuales numerosos entes y fuerzas no experimentables en el plano normal y empírico de sensibilidad y conciencia serían cognoscibles y dominables por medio de prácticas diversas que implicarían profundas modificaciones psíquicas individuales; de este modo el ocultismo se acercaba prácticamente a la magia (v.).
2. Datos históricos. - Muchos de los fenómenos que forman el objeto de la m. eran conocidos desde la antigüedad, pero su estudio científico es relativamente reciente, habiéndose iniciado a fines del s. x v m por las investigaciones de Mesmer y de sus seguidores sobre el llamado magnetismo animal, consistente primero en la cura de los neuropáticos, con la aplicación de la calamita o piedra imán, después en la aplicación indirecta y colectiva del agua magnetizada, siguiendo con el empleo del sonambulismo artificial de donde se derivaron los modernos métodos hipnóticos (v. Hipnotismo) y psicoanalíticos (véase Psicoanálisis). Otras manifestaciones, que no entran en los cuadros y en las concepciones generales de la medicina y de la psicología clásica, formaron el objeto de aquel vasto movimiento conocido bajo el nombre de espiritismo (v.), cuyos adeptos se inspiraron en parte en motivos seudorreligiosos, y en parte en una simple curiosidad mundana y snobista; pero una minoría de investigadores emprendió el estudio de estas manifestaciones con finalidades científicas: y a esta actividad se le ha dado el nombre de investigación psíquica y de m. El prof. R.
Haré (1856), el naturalista Wallace y el físico Crookes (alrededor de 1870), A. Aksako (1880), el fisiólogo Ch. Richet (a principios de este siglo) fueron los investigadores más conocidos de los fenómenos metapsíquicos que actualmente se estudian y discuten en diversos Institutos y Congresos nacionales e internacionales.
3. M e t o d o lo g í a. - En muchos casos los fenómenos estudiados por la m. tienen lugar en presencia de cierto número de personas, con el concurso de individuos denominados médium (v.). «Las experiencias mediúmnicas — explica G eley— realizan el tipo de las experiencias psicofisiológlcas colectivas, ya que los fenómenos son fruto de una colaboración inconsciente del médium y de los experimenta-· dores.» La producción de estos fenómenos está condicionada además por circunstancias particulares, como son el hábito y la existencia de una corriente de simpatía entre el médium y los espectadores y el ambiente poco o nada iluminado. Esto no quita que se deban poner por obra todos los métodos que son indispensables para un serio control. En las sociedades de m. las investigaciones se verifican preferentemente en laboratorios que disponen de instrumental moderno para la observación y control de las experiencias. ·
4. Fenómenos estudiados. - Los fenómenos mediúmnicos se dividen en materiales, o físicos, y mentales. Entre los primeros recordamos los conocidísimos veladores semovientes o parlantes (v. Espiritismo), telecinesis (movimiento de objetos sin control aparente), levitación de cuerpos sólidos y del mismo médium, la hectoplasmia (desprendimiento del cuerpo del médium de una sustancia dinámica especial denominada por Richet hectoplasma, fotografiable en ocasiones, y a la cual se atribuyen por algunos las actividades telecinéticas mencionadas), las manifestaciones de carácter acústico (los llamados raps) óptico óptico (fosforescencias, globos luminosos, etc.),, térmico (corrientes frías), químico y los aportes (consistentes en la introducción de objetos en un lugar cerrado a través de sus paredes).
Los fenómenos mediúmnicos mentales más significativos son los de la autoscopia (percepción por parte del sujeto de sus órganos internos), transposición de sentidos (por la cual el sujeto parece ver con el estómago o con las orejas, etc.), mutación de personalidad (personalidades alternantes y segregaciones de la personalidad, las llamadas encarnaciones, etc.), clarividencia y telepatía (v.), criptestesia pragmática (forma particular de clarividencia, en que el sujeto, poniéndose en contacto con un objeto de procedencia desconocida para él, da amplias descripciones acerca del mismo objeto, personas o ambiente que estuvieron en relación con él, etc.), xenoglosia (el médium habla o escribe en una lengua desconocida para él), premonición (v.).
5. I n t e r p r e t a c i o n e s. - Los fenómenos rápidamente señalados en el párrafo anterior han sido objeto de diversísimas interpretaciones (Morselli en 1908 señalaba más de 35 grupos), las cuales se agrupan definitivamertte en dos categorías; a) la fenomenología metapslquica depende de la acción de espíritus de difuntos o de algún modo.de la intervención de fuerzas extrahumanas (hipótesis espirituocultista); b) tiene una explicación naturalista que la ciencia trata de formular, basándose en investigaciones cada vez mas objetivas, instrumentalmente controladas (hipótesis de tendencia científica). Este segundo grupo de investigaciones invocan — de vez en cuando, según los científicos que las han excogitado y aun más según los fenómenos paranormales a que se refieren — fuerzas físicas o fisicoquímicas, mecanismos hiperfisicos, que implican la existencia de una cuarta dimensión espacial, la acción de un flúido particular, de una sustancia hectoplasmica (v. más arriba), de peculiares radiaciones cerebrales, manifestaciones alucU natorias, disociativas o incluso del yo sublimad etc.
Sin embargo — podemos repetir con el autorizado Servadio—, «ninguna teoría hasta ahora es suficiente para satisfacer las exigencias del pensamiento científico». Las interpretaciones de la primera categoría apelan a la intervención de espíritus desencarnados (así piensan los espiritistas), o (según los modernos teósofos) de los despojos fluid icos de estos espíritus, que tienen sólo una apariencia de personalidad, o también de lemures o espectros y otras entidades extrahumanas, cuya intervención serla siempre dañosa para quien las evoca; o también (según recientes ocultistas) se trata no ya de almas inmortales de fallecidos, sino de agrupaciones residuales de características de éste o del otro difunto, destinadas a perecer después de cierto período de existencia la rva l. Trátase también aquí de simples hipótesis totalmente fantásticas y caprichosas.
6. El p en s a m ie n t o c a t ó l ic o en esta m ate - Aunque la Iglesia católica no ha dado r ia. nunca una definición de los múltiples y heterogéneos fenómenos paranormales estudiados por la m„ mediante decretos del Sto. Oficio (30 marzo 1898; 26 abril 1917) no ha dejado de prohibir a los fieles toda práctica mágicomedíúmnico-espiritista (v. Espiritismo). Teóricamente los autores católicos propenden a una explicación naturalista de la fenomenología metapsíquica o a una interpretación preternatural, o más comunmente a una explicación mixta, naturalista en parte y en parte preternatural, reconociendo en las fuerzas extrahumanas mas que la intervención de almas de difuntos, totalmente dependientes de Dios, que no puede hacerse o hacer a las mismas almas instrumento pasivo de nuestras curiosidades, la intervención demoníaca.
Como quiera que se traten de explicar teóricamente los fenómenos, el motivo de esta prohibición de la Iglesia es evidente, ya que tanto si se trata de manifestaciones de orden preternatural, como si se trata de fenómenos dentro del ámbito de las leyes naturales o de simples trucos, es gravísimo el daño que de aquí puede originarse al que toma parte en las sesiones mediúmnlcas y en otras empresas de orden mágico o espiritista. Si, en efecto, se quiere — no sin evidente dificultad— limitar toda la fenomenología metapsíquica a juegos de magia blanca (véase M agia) o a manifestaciones de orden científiconaturalista, se ha de tener siempre presente que a muchos de los que asisten a las sesiones se les pueden originar notables y persistentes trastornos psiconeuróticos, ya que todo elemento de'la misma sesión — desde la puesta en escena ambiental a los fenómenos singulares que en ella se verifican — por su fuerte carga emotiva es un factor notable psicotraumatizante, origen de desequilibrios y perturbaciones neuropsíquicas.
En cambio, si se admite que se trata de manifestaciones de orden preternatural, dado que éstas no suceden tras de una oración a Dios, o por efecto de otras prácticas piadosas, sino que son solicitadas por reuniones de individuos — al menos en gran parte— indiferentes, sino precisamente hostiles con respecto a la verdadera religión, es forzoso reconocer que se está en presencia de manifestaciones diabólicas. Y este reconocimiento será tanto más evidente cuanto que (como ocurre en ciertas obras de magia) el demonio es explícitamente evocado. En estos casos a los daños de la salud corporal se añaden el pecado de e- superstición, adivinación o idolatría, tratándose de acciones y congresos intencionalmente Impíos y sacrilegos. N o peca, sin embargo, un científico que tenga motivo suficiente para asistir con objetó de investigar la naturaleza de las manifestaciones espiritistas sin tomar en ellas parte activa y sin dar ocasión de escándalo. De la ilicitud de recurrir a métodos metapsiquicos para fines curativos se habla en la voz espiritismo.
Agregaremos aquí que el estudioso católico — sea abogado, juez o médico forense — no puede proponer estos métodos, ni consentir en ellos para resolver problemas judiciales: la razón es porque el auxilio de estos clarividentes puede ser fatal a los fines de la justicia, y porque la naturaleza de los fenómenos metapsíquicos es, como hemos dicho en el párrafo anterior, hasta ahora totalmente incierta y discutida. Riz.
Bibliografía
Bibliografía
Prat e Fuoco, Occultismo, Alba, 1941:
E. Servadio, La ricerca psichica, Roma, 1930
I. Carezzo, Servadio, Do moderno occultismo et de scientiis occultis in Italia, Casale Monferrato, 1941 M. P a lm é s, Metapsíquica y espiritismo, Madrid, 1945 C.
M. Heredia, Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, Barcelona, 1945.