METEOROPATÍAS
1. Conceptos y datos históricos. - Los autores antiguos admiten ya que muchas formas morbosas, sobre todo neuropsíquicas y especialmente algunas de curso cíclico, o sea, con fases alternas de remisión y de exacerbación, dependen más o menos directa y exclusivamente de las vicisitudes atmosféricas o meteorológicas. Posteriormente por las conquistas de la anatomía patológica, de la patología celular y de la bacteriología, aquella opinión decayó completamente y continuó encontrando crédito sólo en la medicina popular. El concepto de la m. fué nuevamente recogido por
C. Lombroso en su estudio sobre Pensamiento y meteoros, y más tarde, especialmente por obra de la medicina constitucionalista, se ha ido admitiendo igualmente que los agentes atmosféricos tienen en la determinación de algunas enfermedades mentales y nerviosas una influencia mayor de lo que se cree, como los antiguos habían admitido sin discusión. Más recientemente el alemán Hellpach y el americano Petersen (cuya obra monumental lleva el titulo de The P a - tien t and the weather) han profundizado en sus investigaciones sobre las relaciones entre la patología y la meteorología.
2. Naturaleza de la s m.
- Si hoy la ciencia reconoce que el sistema nervioso del hombre presenta reacciones, a veces netamente morbosas, bajo el influjo de las variaciones atmosféricas, del régimen meteorológico, del clima estacional, etc., no se ha llegado sin embargo a un acuerdo sobre la verdadera causa de estas reacciones y sobre su proceso patogenético. Algunos invocan, al menos principalmente, la influencia de las perturbaciones magnéticas ligadas a las manchas solares, otros se fijan en factores barométricos, variaciones de la humedad atmosférica, rayos cósmicos, ionización del aire, etc., pero nada se sabe de preciso a este propósito y es probable que varias causas obren asociadas o también que los diversos meteoropáticos presenten una sensibilidad electiva a causas diferentes. Tampoco es unánime la opinión de los especialistas sobre la patogénesis exacta de las m.; parece que prevalece la tesis de que los meteoropáticos (o meteorosensibles) se caracterizan fundamentalmente por una insuficiencia hepatica asociada a labilidad vagal: los dos elementos que exaltan la reactividad general del organismo a los agentes externos y obstaculizan la adaptación habitual del individuo a las variaciones meteorológicas (Selye).
3. C o r o la r i o s m o r a l e s. - Prescindiendo de manifestaciones más graves, pero bastante más raras y en las cuales es aun muy discutible la influencia de las perturbaciones atmosféricas;
prescindiendo igualmente de las reacciones de espanto-defensa que aparecen en algunos en el curso de los temporales y en las que el elemento variación meteorológica, si existe, también pasa a una segunda línea frente a la impresión que determinan los relámpagos y los truenos, de modo análogo a lo que puede ocurrir al anuncio de una incursión aérea o en cualquier otra peligrosa situación de alarm a; las m. consideradas como imprevistas y, en apariencia., inmotivadas variaciones del humor, en crisis de adinamia, de astenia, de abatimiento y de depresión o de irritabilidad, de heretismo, de ansia, ofrecen materia a muchas reflexiones de orden moral.
Nos limitaremos sólo a dos. Ante todo el médico, examinando un temperamento nervioso, ha de tener presente la posibilidad de que se trata de un meteoropatico, y cuando la hipótesis resultase exacta, lo ha de manifestar de un modo adecuado a su paciente. Esto podrá bastar para mejorar notablemente el cuadro morboso, ya que el individuo, llegando a conocer la causa de sus trastornos, se sentirá más tranquilo, sabrá controlar bastante mejor su excesiva reactividad y estará en condiciones de superar más eficazmente (con el concurso de oportunos fármacos hepatoneurovegetativos) las crisis sucesivas.
Las personas relacionadas con estos sujetos (parientes, amigos, superiores, directores de conciencia y similares) han de considerar con particular benevolencia la lunaticidad y las demás manifestaciones psiconeuróticas de éstos y han de contribuir a su curación señalándoles oportunamente un buen especialista y colaborando con él en la obra clarificadora antes señalada. La benévola comprensión de estos pacientes se justifica por el hecho de que no son malos, sino simplemente enfermos, que a veces tratan de desahogar sobre los demás su propio mal humor y nerviosismo. Riz.
Bibliografía
Bibliografía
Hellpach, Geopsyche, Leipzig, 1939
N. Pende, Lezioni di patología medica funzionale, Roma, 1949.