Diccionario de Teología Moral

Bonifacio Perović (Per.)

MARXISMO

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1. Noción general. - El m. es la doctrina de C. Marx (1818-1883) sobre la cual se organizó el comunismo, en nombre de la cual se verificó el bolchevismo, primero en Rusia y después en otros países. La doctrina de Marx nació del idealismo alemán de principios del s. xix, esto es, de las teorías de Fichte, Hegel y de la interpretación materialista de Feuerbach. El principio fundamental de la concepción marxista es el principio dialéctico de la evolución de una única sustancia: la materia. De ella depende la impostación y la solución de todos los problemas relativos al hombre, a la sociedad, al orden jurídico, artístico, religioso, histórico, etc. En el m. podemos distinguir una doctrina filosófica y una doctrina económico-social.

2. Doctrina filosófica del m. - La concepción materialista de la historia (materialismo histórico) es uno de los fundamentos de la filosofía marxista y juntamente con la doctrina del valor forma la esencia del socialismo científico (científico respecto al socialismo utopista anterior). El elemento económico, esto es, el modo de la producción (fuerzas productivas) determina toda la vida humana. De él dependen no sólo la estructura de la sociedad, sino igualmente toda ideología, toda cultura espiritual: el derecho, la religión, la moral, la filosofía, etc.

No es la conciencia del hombre, dice Marx, la que constituye su ser, sino, por el contrario, su ser social es el que constituye su conciencia. El modo de la producción y del cambio son el fundamento de todo el orden social. La forma de las sociedades, la división en clases, están subordinadas a los productos, al modo de producción y al cambio de los mismos. Ahí se han de buscar las últimas causas de todos los cambios y fenómenos políticos, no ya en la voluntad de los hombres (más tarde, sin embargo, Lenin lo hará depender todo de la voluntad revolucionaria). Toda la evolución de la vida social y cultural se verifica por inevitable necesidad interior, procediendo de la evolución técnica de la producción, que condiciona las relaciones de la propiedad; ésta a su vez condiciona las relaciones de las clases, las cuales constituyen todas las demás relaciones sociales, culturales, religiosas, éticas, jurídicas. Estas últimas, finalmente, constituyen las instituciones políticas, las cuales no son sino efecto de las relaciones económicas. No es el individuo mismo el que piensa y decide, sino la clase social a la que él pertenece. El individuo no hace sino reflejar la economía que lo determina.

En este paneconomismo de Marx hay algo similar al pansexualismo de Freud; también para Freud la realidad sexual se refleja en toda la vida psíquica. Se ha de notar, sin embargo, que la ideología, la cultura espiritual, no surge inmedíatamente de la economía, sino a través de un intermediario: la psicología de clase. La forma del movimiento histórico es dialéctica.

El progreso de la sociedad no se verifica por evolución orgánica, sino por un cambio continuo de los términos opuestos, con lo cual los órdenes caducos son removidos y los nuevos — en antítesis con los precedentes — toman su puesto. Así, según el movimiento dialéctico, de la sociedad burguesa (tesis) procede el proletariado (antítesis), de la lucha de ambas surge el orden socialista. El hombre está sometido a la total dependencia de los factores económicos sólo en el régimen capitalista, y con esto el m.» en oposición al materialismo económico es también doctrina de liberación, la doctrina de la vocación mesiánica del proletariado, lanzado a la conquista de una nueva sociedad perfecta. En la nueva sociedad perfecta no existirá ya el determinismo sociológico; todo dependerá de la actividad del hombre y de las relaciones activas entre los hombres. Así la dialéctica se transforma y desemboca en la exaltación de la voluntad humana. Y es precisamente esta segunda zona de la historia la adecuada para arrastrar las masas, suscitar el entusiasmo y la energía revolucionaria. En el sistema marxista, por lo tanto, se manifiesta una contradicción entre los elementos materialistas, deterministas, amorales y los elementos idealistas, morales, creadores del mito. Marx ha creado un mito del proletariado, de la revolución general, de la dictadura proletaria, como de una nueva redención, preludio de un paraíso terrenal.

3. Doctrina económico-social del m.

- Se han de notar aquí dos tesis capitales: la doctrina del valor y la ley del provecho o rendimiento en descenso,

a) Con la doctrina del valor el m., según Engels, se convierte en socialismo científico. Marx no presenta ninguna prueba de la doctrina de la concepción dialéctica de la historia, por lo cual busca un sostén científico en la doctrina del valor. Hay que distinguir el valor del cambio y el valor del uso. Aunque ambos están esencialmente relacionados, Marx toma en consideración sólo el primero. Los productos se cambian, por lo cual deben tener algo de común que sea la base del cambio; este elemento común es el trabajo cristalizado en los productos. El trabajo, sin embargo, pertenece a los trabajadores y se cambia con cualquier otra mercancía en el mercado del trabajo. El capitalista compra el trabajo y emplea su valor de uso como el de cualquier otra mercancía. Con esta operación el capitalista obtiene algo de más que puede usar en el nuevo valor del cambio: este más es la plusvalía. Pagando al obrero el salario necesario a su subsistencia el capitalista retribuye, según Marx el valor de 6 horas; pero el obrero trabaja 12; por lo tanto, el valor de las otras seis le queda al capitalista. Marx da a entender que el abuso es inseparable de la constitución misma del sistema capitalista.

Pero este orden económico tiende a superarse a sí mismo, por lo cual se bosqueja aquí, b) la ley del provecho decreciente. Marx distingue el capital constante y el capital variable del salario; sólo este último produce la plusvalía.

A causa de la competencia los capitalistas tienden a disminuir el valor humano, por ser costoso, sustituyéndolo con el nuevo, mas perfecto, que es el de la máquina. Y la consecuencia fatal es la siguiente: con la disminución del trabajo humano, disminuye el provecho (plusvalía). De aquí Marx saca las siguientes teorías de la evolución capitalista: por razones de competencia y del consiguiente descenso del provecho resulta necesaria la concentración de las empresas. Las empresas pequeñas o mal acondicionadas son eliminadas por las grandes. A esta concentración sigue la concentración de la propiedad de los capitales. Con la expropiación de muchos aumenta cada vez más el número de los proletarios hasta que un día toda la propiedad se encontrará en manos de unos pocos. La característica de este período será la sociedad por acciones (teoría de acumulación). La competencia desenfrenada y la anarquía de la producción provocan cada vez más vehementes crisis económicas (teoría de las crisis).

A causa de la ley del provecho en descenso y las incesantes crisis aumenta el número de los desocupados, el arma industrial de reserva, la masa de la miseria, de la opresión, de la esclavitud (teoría de la pauperización). Finalmente, se llegará a un punto intolerable cuando «los expropiadores serán a su vez expropiados». Para esta transición de la propiedad son necesarios dos actores: la evolución de la ley inmanente a la sociedad capitalista y la revolución de las masas de los proletarios, cada vez mejor organizadas íteoría de la revo lu c ió n).

El proletariado asumira el poder político, realizará la sociedad socialista. Conduciendo toda la sociedad hacia el estado futuro sin propiedad, sin clases y sin estado.

4. Evolución del m. - La doctrina marxista en los puntos principales no es clara. El mismo Marx reconoce la dificultad de leer su obra principal El Capital, Son teorías poco claras, p. ej., la teoría económica de la historia, la teoría de la quiebra, de la revolución, de la socialización, etc. De aquí las diversas interpretaciones del m. que pueden resumirse en las dos corrientes: revisionista y revolucionaria.

a) El m. revisionista, * partiendo de la observación de los hechos, ha ayudado mucho a la crítica del m. Entre los más importantes revisionistas está el alemán E. Bernstein, el cual rehúsa decididamente la concepción materialista del mundo como fundamento del socialismo. La idea de la sociedad final perfecta Marx la toma de los utopistas. Bernstein dice a este propósito: «Para mi no es el fin el que cuenta, el movimiento lo es todo.» El revisionismo está, por lo tanto, impostado sobre la evolución, la democracia y el parlamentarismo, no sobre la revolución.

b) El m. revolucionario, cuyo promotor decisivo fue Lenin, que construyó la teoría y la táctica de la revolución rusa y después la realizó. Lenin luchó sin tregua por el m. como una concepción del mundo unitario, total, sobre una base y fe dogmática, descuidando la enseñanza económico-social del m. El bolchevismo, según él, es el único m. ortodoxo. Berdíaeff dice que Lenin «hizo la revolución en nombre de Marx, pero no según Marx» (v. Comunismo).

5. Valoración del m. - Marx se ha esforzado por elaborar su doctrina con amplio aparato científico. En su teoría de la historia ha subrayado la importancia de la economía de la evolución del progreso cultural. Ha puesto de relieve la interdependencia de las funciones jurídicas y sociales de todo tiempo con la constitución y estructura de la economía; asi como la presión ejercitada por las instituciones económicas sobre el hombre.

Sin embargo, en medio de tantos errores y exageraciones hay algo de cierto en estas teorías, como lo hay también en la teoría de la plusvalía. Son importantes para estudios ulteriores igualmente las afirmaciones sobre la separación del capital y del trabajo, sobre la incertidumbre de la existencia de los trabajadores por la oscilación de la coyuntura; sobre la tendencia del capital a procurarse las fuerzas de trabajo al menor coste ‘ posible. La idea de la lucha de clases ha ejercitado un influjo capital, porque por ella se cristalizará entre los obreros la conciencia de la solidaridad y la consiguiente organización proletaria. Pero, ignorando todo límite ético, Marx con esta teoría ha incitado más bien a los obreros a la lucha de clases. El m., como método, ha favorecido el desarrollo de la ciencia social y cultural, subrayando cómo los fenómenos sociales, políticos, culturales dependen también de los económicos. Pero los elementos de verdad que se encuentran en el m. no deben engañarnos ni hacernos olvidar que el m. en su conjunto es falso.

Marx no ha construido su doctrina económica de la historia sobre la base de los fenómenos sociales económicos; sino, por el contrario, después de haber construido su teoría ha violentado los hechos históricos para hacerlos entrar dentro de ella. La potencia del elemento económico pesaba de un modo muy particular sobre la sociedad capitalista. Marx erró haciendo de ella un dogma, atribuyéndole un carácter universal, exclusivo, generalizando el particular. El proceso económico-social previsto por él con tanta seguridad no se ha verificado; en un siglo las propiedades pequeñas y medías no han desaparecido: todo lo contrario. Las sociedades por acciones pueden ser consideradas más bien como la democratización económica. No es la mayoría proletaria, sino una insignificante minoría, bien organizada, la que hará la revolución en Rusia en 1917. En los demás países: Polonia, Yugoslavia, etc., el comunismo se ha impuesto con la fuerza de las armas imperialistas contra la voluntad de la mayoría de los trabajadores y del pueblo. El terror, parte integrante hasta ahora del comunismo en los países subyugados, nos revela que la realidad social en los países ocupados es muy distinta de la marxocomunista.

La aplicación, pues, del m. en ciertos países habla por sí misma, de manera que no hace falta ninguna otra confutación del m. El m. está lleno de contradicciones: confiesa el ateísmo y propugna el antiateísmo; se declara por la libertad de los pueblos y de la conciencia, en tanto que se sirve de los campos de concentración y de las más terribles atrocidades;

proclama el determinismo y niega, por lo tanto, el libre albedrío; persigue a todos los que no piensan en comunista y por otra parte pone todo en la voluntad revolucionaria; niega el absoluto y todo valor espiritual que sobrepase la materia, proclamándose a sí mismo verdad absoluta; niega la libre voluntad, pero en todas partes trata de obrar sobre las voluntades libres; niega la revelación divina para proclamar la propia doctrina como una nueva revelación, una nueva religión. Por el m., como fenómeno históricocultural, dice Hohoff, el socialismo es considerado como un alto y sublime ideal; en su concreta e histórica actuación es un castigo, un azote de Dios por la descristianización de la sociedad moderna. Per.

Bibliografía

Bibliografía

H. Pesch, Lehrbuch der Nationalökonomie, vol. I, 1924
V. Cathrein, Der Sozialismus, 1916 Steinbüchel Der Sozialismus, vol. II, 1924
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A. Loria, Marxismo e la sua dottrina, Palermo, 1902; id., Verso la giustizia sociale, vol. II, Milano, 1915
B. Croce, M a te ria lis m o storico ed e con o m ía v ia rx ista, Bari, 1927 Olgiati, Carlo Marx, Milano, 1910 M. K a r l, El enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, Madrid, 1934
R. Lombardi, La doctrina marxista, Barcelona, 1949.

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