HIPNOTISMO
1. Definición y datos históricos. - Indica este término derivado del griego (ὕπνος = sueño) el conjunto de teorías y fenómenos relativos a un tipo especial de sueño artificial (hipnosis), provocable con métodos diversos y que promueve o exalta la «sugestionabilidad» del sujeto, o sea, la disposición por parte de este último a ser dominado por una idea ajena y a realizarla. Los fenómenos hipnóticos fueron conocidos desde la antigüedad, pero su estudio se remonta tan sólo a cerca de un siglo y fue iniciado por el médico escocés J. Braid, que con su obra Neurypnology (1843) y con otras publicaciones hizo una concienzuda investigación científica de los experimentos —no siempre exentos de charlatanería— discurridos por Mesmer y su escuela acerca de los fenómenos del llamado magnetismo animal, concluyendo que se trataba por el contrario de manifestaciones de naturaleza subjetiva.
Braid con el simple método de hacer concentrar la mirada de sus pacientes sobre un objeto luminoso provocaba en ellos el sueño hipnótico, mediante el cual obtenía la curación de varios síntomas psiconeuróticos (tic, espasmos, convulsiones, etc.), lo mismo que cincuenta años antes había conseguido Mesmer con sus teatrales sistemas. Más tarde el insigne neuropatólogo francés J. M. Charcot distinguió un gran hipnotismo, provocable solamente, pero con la mayor facilidad, en sujetos histéricos (en los cuales podía incluso verificarse espontáneamente), y un pequeño hipnotismo, provocable con la sugestión en los sujetos normales; defendía además que en el gran hipnotismo (estudiado por él con particular atención) se daban tres estadios sucesivos: el letargo, la catalepsia, el sonambulismo. Contra estas teorías, llamadas de la «escuela de París», se alzaron las críticas de H.
Bernheim y otros científicos de la «escuela de Nancy»: éstos negaron la distinción de Charcot y su tesis de que el verdadero hipnotismo fuese un fenómeno neuropático, juzgando que era siempre una manifestación de naturaleza sugestiva, aunque tal vez la sugestión fuera inconsciente, provocable en mayor o menor grado en casi la totalidad de los individuos.
2. Concepto moderno. - Las investigaciones ulteriores de los científicos han conciliado en gran parte estas dos tendencias opuestas. Hoy se opina generalmente que la sugestión produce la hipnosis y que ésta es una condición psicológica particular, sui generis —fundamentalmente de naturaleza patológica, psiconeurótica—, que favorece la sugestión; por lo que la sugestión y la hipnosis serían como los dos polos de un único circuito que se influenciaran mutuamente aunque en un grado diverso. En cuanto a la condición psicológica recíproca entre el hipnotizador y el hipnotizando-hipnotizado, Freud ha sugerido una nueva interpretación sosteniendo la hipótesis de que en la hipnosis el sujeto coloca en el puesto de su propio super-yo al hipnotizador, el cual despierta de ordinario la imagen del padre; y que el hipnotizador, exaltando en la psiquis del sujeto esta imagen (modelo, guía y juez de la conducta), determina al mismo tiempo la debilitación o eclipse del otro componente del super-yo relativo al sentido de la realidad, la crítica.
De aquí las características principales de la hipnosis provocada: inconsciencia del proceso, sumisión y adhesión afectiva del sujeto al operador, realización acrítica de las ideas sugeridas. Esta interpretación, puramente psicológica, no explica sin embargo el mecanismo fisiológico, todavía oscuro, de la hipnosis provocada. Es además poco o nada aplicable a los fenómenos relacionados con los hipnóticos o similares a éstos: trance mediúmnico y manifestaciones consiguientes. A este propósito sostienen otros que también la hipnosis entra dentro de la fenomenología de la metapsíquica.
3. El hipnotismo en terapia. - El hipnotismo con fines terapéuticos es lícito a condición, según dice Scremin, que el hipnotizador esté suficientemente versado en la psicología clínica para evitar errores psicológicos. Creemos que esta frase se ha de interpretar de esta manera: el médico antes de recurrir a la hipnosis debe considerar —en cada caso y fundándose tanto en la constitución psíquica del enfermo como en el tipo de enfermedad— si la cura hipnótica puede devolver la salud o por el contrario empeorar las cosas. No se ha de olvidar, en efecto, que en los individuos psiconeuróticos, o fácilmente sugestionables, la hipnosis provocada, si ayuda a reducir (generalmente sólo de una manera temporal) muchos trastornos funcionales, agrava la disposición neurótica preexistente y favorece por lo mismo la verificación sucesiva de otras manifestaciones patológicas, y se ha de tener presente también que las enfermedades orgánicas no ceden, ni siquiera transitoriamente, ante las prácticas hipnóticas. Por estas consideraciones juzgamos que no es aconsejable el uso en terapia de la hipnosis provocada.
Hay además otro motivo fuerte para desaconsejar la hipnotización terapéutica: nos referimos a la eficacia curativa de otros métodos, que tienen la ventaja de ser prácticamente innocuos. Recordemos con las debidas cautelas el narcoanálisis, la sugestión en estado de vigilia, la persuasión. El narcoanálisis consiste en provocar la narcosis con una inyección intravenosa de «pentotal», o de otro preparado de la serie de los barbitúricos, y en interrogar al sujeto (o recoger sus manifestaciones verbales espontáneas) durante la fase que precede inmediatamente al sueño o en la que inmediatamente lo sigue; y esto con el fin de liberarle de los complejos psíquicos morbosos a los que está anclada su psiconeurosis.
Efectivamente, a este método modernísimo —que encontró su más extensa aplicación en las unidades sanitarias angloamericanas, que lo utilizaron para recuperar los psiconeuróticos de la guerra— el fármaco barbitúrico calma la angustia, modifica las jerarquías interneuróticas cerebrales normales, desinhibe y desembaraza las barreras psíquicas voluntarias e involuntarias; así se logra una valoración diagnóstica más segura del caso en examen, un acercamiento más inmediato del médico a la psiquis del sujeto y favoreciendo, por parte del mismo sujeto, la comprensión y la estima exacta del trauma psíquico sufrido, que motivó la psiconeurosis, llega frecuentemente a liberarlo en poco tiempo de su carga morbosa. El narcoanálisis asocia en una palabra un efecto farmacológico a la acción de la psicoterapia, la que de este modo resulta vigorizada y acelerada, al tiempo que evita los inconvenientes (propios de la hipnosis clásica) de determinar la formación de nuevas estructuras neuróticas y favorecer embarazosos transfert para con el médico.
Frente al psicoanálisis freudiano el narcoanálisis tiene la ventaja de ser de empleo más fácil y extenso, de requerir solamente una o muy pocas aplicaciones, de evitar aquellas indagaciones demasiado detalladas y sutiles en materia sexual que turban frecuentemente al enfermo y crean a menudo «una atmósfera erotizante entre médico y enfermo» (Jaschke) moralmente condenable. Acerca de la sugestión en estado de vigilia y la persuasión, v. Psicoterapia.
4. Consideraciones médicolegales y morales. - Desde el punto de vista médicolegal el hipnotismo se presta a algunas otras consideraciones de indudable interés por sus reflejos morales. El ser hipnotizado, aunque sólo sea por curiosidad o juego, no es provechoso a la salud, más aún, favorece, como ya hemos señalado, la aparición o agravación de trastornos psiconeuróticos. El hipnotismo no es, por lo tanto, lícito (a no ser que, repetimos, tenga una precisa indicación terapéutica) y aun los espectáculos públicos de hipnotismo deben ser prohibidos. Con mayor motivo es ilícito emplear el hipnotismo para conocer los secretos de un individuo o para inducirle a acciones delictivas. Acerca del primer punto conviene añadir que ni siquiera cuando se trata de reos traídos a juicio es lícito someterlos a prácticas hipnóticas a fin de conocer la verdad: por lo demás, este procedimiento no ofrece tampoco garantías sólidas de éxito, dada la capacidad de resistencia del hipnotizando.
En cuanto a la posibilidad por parte de un hipnotizador sin escrúpulos de realizar actos delictivos con el individuo hipnotizado (por ej., abusos sexuales) o mediante la obra del mismo individuo (cuya conducta se conforma a los deseos del operador, en contra de los intereses propios) se han dado algunos casos, lo cual nos autoriza a señalar este aspecto peligroso del hipnotismo. Puede suceder por otra parte que después de un tratamiento hipnótico el sujeto pasivo (casi siempre se trata de mujeres histéricas o con alucinaciones cenestésicas) dirija acusaciones injustas contra el hipnotizador. Convendrá por lo tanto que éste, para evitar estas consecuencias desagradables, realice siempre sus experimentos terapéuticos ante testigos. Se ha de recordar finalmente el peligro de que por sugestión hipnótica se puedan realizar homicidios u otros graves crímenes. Este peligro, alimentado por la fantasía de los novelistas, prácticamente no es tan absoluto, ya que el conflicto psíquico resultante de la contradicción entre la orden recibida y la conciencia moral despertaría probablemente a éste de su hipnosis impidiendo así la ejecución del acto delictivo. Hiz.
Bibliografía
G. Alema, Narco-analisi in psichiatria , en Rivista di neurologia , 17 (1947), 429 ss. Frate Foqco, O ocultismo , Alba, 1941
O. Rovenda, Suggestione e persuasione nella cura delle malattie nervose , Torino, 1937
L. Scremin, Diccionario de moral profesional médica , Barcelona, 1952
E. Servadio, Ipnotismo , en EI , XIX, 481
E. Boganelli, Cuerpo y espíritu , Madrid, 1953 V.
L. Ferrándiz, Hipnotismo, magnetismo y sugestión , Barcelona, 1948 Van Pelt, Usted y el hipnotismo , Barcelona, 1955.