Diccionario de Teología Moral

Nicola Turchi (Tur.) · Pietro Palazzini (Pal.)

HINDUÍSMO

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1. Noción. - El hinduísmo, llamado también neobrahmanismo, es el brote nuevo de la antigua religión hindú, sofocada por un milenio de reforma budística, nacido por obra de los brahmanes, que se sirvieron precisamente de él para combatir con más eficacia el budismo. Como es natural este nuevo brote, que para madurar empleó desde los primeros siglos de la era vulgar hasta el 1500, lleva la impronta de los factores que lo han alimentado, de los que el principal es el elemento popular que permaneció fiel a los viejos dioses y al cual los brahmanes restauradores hicieron las más amplias concesiones para tenerlo como aliado en el movimiento de repulsión budista. El hinduísmo ha mantenido teóricamente todo el bagaje ideal del brahmanismo: la visión unitaria del universo, la transmigración de las almas o renacimiento según las acciones realizadas en la vida (ley del Karman), la celebración a diario del sacrificio doméstico, las cuatro castas.

Es cosa sabida que la conquista de la India por parte de la raza aria sobre la población indígena de color dividió y mantiene dividido al pueblo hindú en dos clases o castas étnicamente distintas: los arios y los no arios, y los arios mismos en subdivisiones secundarias (castas), cerradas en sí mismas según sus diversas actividades. Tiene la primacía sobre todas la casta sacerdotal o brahmánica, que termina haciendo converger en su provecho las prescripciones de la religión, haciendo del sacrificio administrado por ella el centro del mundo y del brahmán el verdadero dios en la tierra, en cuanto que la acción sacrificial tiene un efecto infalible que hace inútil el recurso de los dioses, los cuales figuran en las fórmulas sagradas sólo como etiquetas simbólicas, vacías de valor real. Los Brahmana , comentarios teológicos del Veda, explican en el sentido místico-teúrgico señalado los cantos y ritual del sacrificio y hacen de Brahma, que es la fórmula de la oración sacrificial, el centro del sacrificio, esto es, en último análisis, del universo.

2. Doctrina. - Pero la especulación brahmánica, de influencia casi abstractamente monística, no era adecuada para satisfacer el espíritu hindú, al cual eran siempre amables las figuras del politeísmo tradicional. De aquí se dedujo una mezcolanza de divinidades, de creencias y de ritos. Los dioses venerables de los Vedas reciben una máscara grotesca que los hace irreconocibles; la liturgia se mancha con elementos mágicos, el monismo filosófico del brahmanismo clásico recibe aplicaciones truncadas y curiosas que llevan a concebir una tríada puramente nominal en que el dios creador Brahma, propio de los brahmanes, queda en segunda línea, extraño a la devoción popular, mientras que el dios conservador Vishnú y el dios destructor Shiva se convierten en los titulares de las dos verdaderas y propias religiones independientes, respectivamente, vishnuismo y shivaismo.

Su cercanía a los hombres ha suscitado la idea de una especie de transformación de los dioses superiores en los inferiores y a veces también en los hombres, de manera —lo cual responde a la tendencia monista y es al mismo tiempo la aplicación de la doctrina de la transmigración, ambas tan características de la mentalidad india— que no hay distinción neta entre los dos mundos; y mientras que el neobrahmanismo de tendencias más intelectuales se pierde en un misticismo de tinte vivamente teosófico, el popular asume un colorido curiosamente fetichista y satisface los sentimientos del pueblo con prácticas preñadas de magia que llegan a veces al delirio.

Lo mismo que se ha rebajado el concepto de la divinidad se ha rebajado igualmente el modo y los medios de entrar en comunicación con ella: las dos vías clásicas sugeridas por el vedismo y por el brahmanismo filosófico, esto es, la obra (el sacrificio) y el conocimiento (la meditación) quedan abiertas todavía; pero el sacrificio se ha reducido más que nunca a una ceremonia de idolatría grosera, la meditación se reduce a una serie de prácticas teúrgicas y místicas de la peor especie que tienden a hacer que el individuo logre el moksha o la «liberación» mediante la absorción del alma universal. Esta segunda vía que tiene su nombre consagrado: Bhakti , o sea, devoción, implica cinco grados que van de la simple quiete o descanso a la ternura extática. Pero esta unión mística con el dios se reduce de hecho a un verdadero erotismo que llega a prácticas obscenas, a las cuales no se puede encontrar equivalente si no es en las sectas gnósticas; prácticas erigidas en sistema y codificadas en manuales de arte amatorio por obra de los complacientes brahmanes en su intento de arrastrar a su religión la simpatía lasciva.

3. Sectas. - El hinduísmo no tiene un aspecto unitario, sino que está dividido en sectas y los fieles que forman los dos tercios de la población hindú, se agrupan en torno al dios que prefieren. Además de los ya citados Vishnú y Shiva se ha de recordar también a Krishna, estrechamente emparentado con Vishnú hasta absorberlo en alguna secta. El mito lo describe primero como niño entre los pastores, participando de sus juegos, fiestas y amores (por ej., la pasión por Radha), después como guerrero famoso. Las leyendas de su vida pastoril están llenas de un erotismo ardentísimo, reflejado en el Gita-Govinda , drama lírico. La figura de Krishna niño es muy frecuente en las representaciones plásticas, pictóricas, etc. Durga, consorte de Shiva, personifica la potencia creadora del dios y como tal recibe una especial veneración por parte de sus devotos, divididos en dos secciones, una llamada de la mano derecha que sigue las manifestaciones del culto normal, la otra de la mano izquierda que degenera en ritos orgiásticos.

No faltan algunas sectas deístas de las que recordamos solamente —además de la fundada por Nanak (n. 1539), cuyos discípulos ( sikh ) han terminado por constituir una religión aparte (v. Sikhismo)— la Brahma Samaj, fundada en 1830, monoteísta, que rechaza los Veda y profesa un deísmo que recuerda el protestantismo liberal; la Arya Samaj, también monoteísta, antimitológica, contraria a las prácticas de idolatría y a las castas, pero hostil al cristianismo y adherida a los Veda, de los cuales hace una exégesis que se esfuerza por concordarlos con el pensamiento moderno.

4. Culto. - El culto público de los hindúes se desarrolla no al aire libre como en los tiempos védicos, sino en el interior de los templos, donde sólo el brahmán entra durante la ceremonia. Los brahmanes llevan el distintivo de la secta a que pertenecen, pasan la vida en la lectura de los libros sagrados y presiden especialmente las ceremonias del culto privado.

5. Moral. - La moral del hinduísmo está de acuerdo con su visión del universo fundamentalmente monista, no obstante las diversas formas y objetos del culto. La unidad absoluta y eterna del Uno universal y del Yo obliga al individuo a respetar a los otros, porque una ofensa hecha a un individuo recae sobre todos, cuando por el contrario hay que buscar constantemente todo lo que favorece la armonía y la unión. Para obtenerlo es necesario el control de la mente, de la palabra y del cuerpo, que no deben dejarse sin custodia bajo pena de ser sometido a los deseos desordenados que perturban la paz del espíritu.

6. Estadística. - De los 347.823.495 habitantes de la India (censo de 1931) el hinduísmo cuenta 238.330.912, esparcidos por todo el país. Tur.

7. Datos críticos. - Lo que salta ante todo a la vista es el sincretismo religioso que se encuentra en el hinduísmo, amalgama de doctrinas religiosas y filosóficas. La concepción trinitaria de la divinidad, vigente en el hinduísmo, no puede aproximarse ni siquiera analógicamente a la Trinidad de la teología católica: en el hinduísmo los tres dioses tienen importancia diversa; las tres Personas en el dogma católico son iguales, aunque distintas, y Dios es uno en la naturaleza y trino en las personas. El culto del niño milagroso Krishna no tiene siempre buenos ejemplos que ofrecer a sus devotos; recuérdese la exaltación de su erotismo en el período juvenil. Entre las diversas sectas estos ejemplos tienen frecuentes imitadores con un programa totalmente epicúreo. Aun el culto tiene aspectos bastante ridículos; en algunas sectas se presenta todos los días el simulacro del niño milagroso con un niño vivo: se le lava, se le viste, se le ofrecen diversas especies de comida y se le pone en el trono, expuesto a la veneración de los fieles.

Entre los usos del yoga abundan las prácticas absurdas, como mancharse el cuerpo de ceniza tres veces al día, simular la locura con risas, cantos y danzas, imitar el mugido del toro. Una fracción de la secta Sakta en honor de la diosa Durga practica en secreto ritos orgiásticos; en la Bengala oriental y en el Assam degeneran en disolución. No faltan en las diversas sectas prácticas mágicas; misteriosos poderes se atribuyen también a las fórmulas rituales. La migración de las almas, que parece uno de los cánones fijos de las religiones de la India, se admite en el hinduísmo. Pal.

Bibliografía

E.
W. Hopkins, The Religions of India , Nueva York, 1895
A. Barth, Les religions de l’Inde , París, 1880
G. Garbe, Indien und das Christentum , Tubinga, 1914 J.
W. Hauer, Brahmanismus u. Hinduismus , en Das Licht des Ostens , Stuttgart, 1923 P.
A. Vath, Im Kampfe mit der Zauberwelt des Hinduismus , Berlín, 1928.

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