Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ESQUIZOFRENIA

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1. Concepto. - Es una de las más graves y difundidas enfermeda des mentales y consiste en una profunda desorganización de las funciones psíquicas que se inicia generalmente en la época de la crisis puberal o en el decenio sucesivo, tiene un curso crónico y suele conducir a un de caimiento moral que toma a veces el aspecto de la demencia. Sobrestimando este aspecto, E. Kraepelin, hacia el 1880, ideó el término, aun corriente, de demencia precoz para significar que los enfermos se convertían en muy poco tiempo (precozmente) en dementes, y bajo este tér mino reunió tres distintas psicosis (ebefrénica, catatónica, paranoide), ya que todas desembocan en un cuadro de tipo demencial y porque los elementos ebefrénicos, catatónicos o paranoides podían alternarse o asociar se de modo diverso en un mismo enfermo (v. Ebefreniá).- El mismo Kraepelin y otros muchos auto res trataron de indagar por largo tiempo si un único proceso psicopatológico fundamental podía explicar todos los síntomas dispares de la psicosis. Este proceso fué individuali zado, sobre todo por obra de E.

Bleuler, en un grave defecto de articulación, de «asocia ción», tanto en las esferas del pensamiento de los sentimientos y de la acción como entre los elementos mismos.del pensamiento. A este trastorno asociativo se dió el nombre de disociación esquizofrénica, y el término e. (del griego σχίζω = escindir, dividir, disociar, y φρήν = entendimiento) ha ido sustituyendo desde hace treinta años el kraepeliniano de demencia precoz.

2. Sintomatología. - - La e. puede iniciarse y desarrollarse de una manera subrepticia y ambigua, o estallar de improviso — o casí de im proviso— con una llamarada delirante, o con otro evidente o notable episodio psico pático en claro contraste con el precedente equilibrio del sujeto que no rara vez poseía egregias dotes intelectuales. Con frecuencia la enfermedad se desarrolla en individuos predispuestos ya, que tienen un temperamento esquizotímico (v. Ciclotim ia) o esquizoidismo al que suele corresponder un hábito morfoló gico longitipo o leptosómico (v. Constitución biotipológica). Cualesquiera que sean los comienzos de la e., ésta se carácteriza por una pléyade mu dable de trastornos de los cuales señalare mos los más carácterísticos. * En el campo de la ideación, la ataxia asociativa se manifiesta ya en el lenguaje, que puede ser profundamente trastornado, caótico o presentar un estridente contraste entre su lógica formal y hasta el rebuscamiento de los términos y la extraordinaria incongruencia del contenido; lo mismo se ha de decir de la escritura. Son muy frecuentes las aluci naciones y los delirios que aparecen para dójicos y absurdos.

La misma afectividad se ve turbada pro fundamente, generalmente en el sentido de una especie de congelamiento de los senti mientos, de una impresionante vacuidad sen timental que determina el desprendimiento del enfermo de todo afecto familiar. Sostiene Cerletti que el núcleo psicopatológico cen tral de la e. consiste en la debilitación y extinción de la timopsique (la esfera instintivoafectiva): de donde necesariamente se constituye la ataxia intrapsíquica (explicada por Stransky) y, como veremos, el desorden de los procesos volitivos (no dirigidos ni es poleados ya por los impulsos afectivos). Esta extinción (o bloqueo) de la timopsique ha sido llamada atimia y la escuela psiquiátrica romana da el nombre de atimia esquizofrénica a la demencia precoz kraepeliniana y a la e. bleuleriana. Los trastornos de la voluntad y de la con ducta suelen ser los más aparentes y son comunes a todos los enfermos.

Se trata a veces de una profunda indolencia, otras se llega a una pasividad que puede llegar en los grados extremos a la catalepsia, durante la cual el enfermo no reacciona ni siquiera a los estímulos dolorosos; a veces imita automáticamente todos los gestos que* se pro ducen ante él ( ecopraxia), otras veces opone una fuerte resistencia a las tentativas de modificar la posición de su cuerpo o reac ciona de un modo exactamente contrario a las órdenes que se le sugieren (n egativism o); pueden observarse igualmente impulsos apa rentemente inmotivados y totalmente inespe rados que a veces dan lugar a actos crimi nales; pueden presentarse fases de prolon gada excitación; con más frecuencia aun nos encontramos ante gestos audaces, rebuscados (manierismos) o repetidos largamente con monótona uniformidad (estereotipia). 3.

Variedades y curso. - - Según que pre valezcan: a) los desórdenes disociativos del pensamiento y los que existen entre el pen samiento, los afectos y la conducta; b) el entorpecimiento u otros trastornos graves de la voluntad; c) las construcciones delirantes, pertinaces y sostenidas frecuentemente por alucinaciones; a) la obtusidad afectiva y la inercia de la voluntad: se pueden distinguir cuatro formas o variedades prin cipales de la e. denominadas respectivamente ebefrénica, catatónica, paranoide y simple. Entre estas cuatro variedades se pueden ob servar diversos estadios de paso de la una a la otra, de modo que su distinción no es siempre fácil. Cualquiera que sea su forma clínica la e. tiene siempre un curso crónico. A veces el enfermo recorre insensiblemente todos los grados de una escala que puede llegar a un decaimiento intelectual tan profundo que puede compararse, al menos en apariencia, a las formas más graves de la verdadera demencia. Otras el enfermo queda indefinidamente sus pendido en un estado de obtusidad afectivovolitiva que lo asemeja a un monstruoso ni ño estólido y audaz, fatuo y caprichoso, ab solutamente incapaz de autocontrol y de auto dominio.

En algún caso la enfermedad puede sufrir largas suspensiones y hasta espontá neas remisiones muy acentuadas; otras ve ces se precipita con gran rapidez o se observa la alternativa de episodios de grave disocia ción y de breves fases de aparente norma lidad casí completa. Cualquiera que sea de todos modos el tipo de curso de la psicosis y la fase en que se encuentra el proceso morboso conviene te ner presente siempre la potencial peligrosi dad del enfermo que puede en cualquier instante estallar en la acción más grave, más absurda y más imprevisible.

4. Tratamiento. - Hasta no hace muchos años estábamos casí completamente desarma dos frente a la e. que hoy estamos en condi ciones de curar eficazmente utilizando diver sas terapias de shock: mediante insulínicos, accesos convulsivos provocados con el cardiazol, con la corriente eléctrica (electroshock de Cerletti), acetilcolina, etc. Los mejores resultados se obtienen: con el electroshock en las formas catatónicas; con el shock insulínico en las formas ebefrénicas y en la e. simple; en cambio, en las formas paranoides — que son las más resis tentes a toda acción curativa— hay que aso ciar a los insulínicos las convulsiones cardiazólicas o eléctricas. En todo caso los efectos del tratamiento serán tanto mejores cuanto más precozmen te sean practicados. En estos últimos años se va difundiendo en el campo psiquiátrico la terapia con los llamados gangliopléjicos (cuyas grandes ven tajas se han manifestado en un «Symposium nacional» organizado por el P. Gemelli en la Universidad Católica de Milán, en octu bre de 1955). Estos fármacos encuentran útil empleo también en el tratamiento de la e.

5. Observaciones morales. - - El esquizofrénico ha de ser considerado siempre como irresponsable peligroso, cualquiera que sea el tipo de curso de la psicosis y el estado en que la enfermedad se encuentra. De aquí nacen dos importantes corolarios:

a) El enfermo desde los comienzos clíni cos de la e. debe ser, juzgado civilmente in capaz, aunque dé todavía prueba de una su ficiente* actividad psicointelectiva. En reali dad la atimia, el egocentrismo, el extraña miento de la realidad ambiental (autismo), la ataxia intrapsíquica y demás fenómenos que desde el principio carácterizan la mentalidad esquizofrénica hacen sumamente improbable que el enfermo — a pesar de las eventuales apariencias en contrario— pueda ser jurí dicamente capaz.

b) Lo mismo y con mayor razón se ha de decir en cuanto a la responsabilidad pe nal; a este propósito se ha de agregar toda vía que no rara vez un delito abre el escena rio de la psicosis en el sentido de que ésta se hace evidente con un hecho cuyas carac terísticas de absurdo o de inutilidad (junto con la anormal conducta subsiguiente del reo) denuncian su patologicidad.

c) Aun bajo el aspecto puramente moral la imputabilidad de estos enfermos es muy dudosa; hay que ver hasta qué punto y hasta qué grado el individuo ha sido libre y no necesitado por la violencia de la enfermedad; pero este juicio es a veces humanamente im posible. En general, sin embargo, estos en fermos no se pueden juzgar capaces de grave responsabilidad moral. La siempre posible y con frecuencia bas tante grave peligrosidad del esquizofrénico para consigo o para con los demás impone la necesidad de recoger a estos enfermos en un hospital psiquiátrico o en otro instituto para enfermos mentales. Incluso porque como ya hemos visto esta providencia permitirá la adopción de una conveniente terapia, la cual producirá tanto mejores efectos cuanto más precozmente se verifique. Riz.

Bibliografía

E. Bleuler, Lehrbuch der Psychiatrie Ber lín, 1937 U. C er l e tt i, Riassunto delle lezioni di clinica nelle malattie nervose e mentali, Roma, 1946
A. Lan za, Theologia moralis, 1, Torino-Roma, 1949, p. 134, n. 111, 2 J. H. V a n de r-V e ld t y R.
P. Odsnw a ld, Psychiatry and cathoUcism, N u eva York, 1953
M. Gozzano, Compendio di psichiatria, Torino, 1954.

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