ENFERMEDADES PROFESIONALES
1. Datos históricos. - Cualquier enfermedad puede tener un origen profesional, esto es, puede derivarse de una causa violenta o de una causalidad diluida, o de un conjunto de causas y de concausas que se verifican con ocasión del trabajo, siendo muy antiguo el conocimiento de que toda actividad manual del hombre puede dar lugar a enfermedades. De hecho en los libros de Hipócrates encontramos noticias acerca de diversas enfermedades que afectaban principalmente a los tejedores, sastres y hombres que trataban con caballos. Galeno describió algunos síndromes morbosos de los luchadores y de los obreros que en la isla de Chipre recogían un agua subterránea que contenía vitriolo. Avicena se ocupó de los cólicos del plomo. Y así, a medida que pasaban los siglos se iba enriqueciendo cada vez más con apreciables nociones clínicas la patología del trabajo.
2. Enfermedades del trabajo. - Son diversas las causas por las que el trabajo puede resultar dañoso al hombre. Según estas causas las enfermedades del trabajo se distinguen en estos cuatro grupos principales: 1) Enfermedades por exceso de trabajo, que comprenden a su vez dos subgrupos: enfermedades por esfuerzo muscular (enfisema pulmonar por esfuerzo, dilatación aguda del corazón, rotura de vasos, etc.) y las enfermedades por trabajo excesivamente prolongado (algunos síndromes neuróticos, una forma particular de miocarditis, hipertensión arterial y otras diversas enfermedades favorecidas por lo menos por la sobrefatiga prolongada o repetida). 2) Enfermedades por ambiente de trabajo: por exceso o por defecto de iluminación, de temperatura, de presión externa, por ruidos demasiado intensos, por humedad; por la constitución química del aire; por su contenido bacteriológico; por las condiciones patológicas del suelo (anquilostomiasis), etc. 3) Enfermedades por material de trabajo (o tecnopatías propiamente dichas, cuya verdadera causa eficiente está en el trabajo): están constituidas principalmente por las intoxicaciones profesionales conocidas ya hace muchísimo tiempo.
La intoxicación del plomo (relativamente frecuente en los tipógrafos, fontaneros, pintores, etc.) toma el nombre de saturnismo; la del mercurio (en los mineros, obreros de las fábricas de espejos, de cartuchos de fulminante de mercurio, de lámparas de incandescencia, etc.) se llama hidrargirismo; la intoxicación del fósforo (de los que extraen esta sustancia, productores de cohetes, de ciertos productos farmacéuticos, etc.) se denomina fosforismo; la del benzol (de los obreros que trabajan la goma, barnices, explosivos, etc.) se llama benzolismo; la del sulfuro de carbono (no rara en los que trabajan en las industrias de la goma, de la seda artificial, etc.) se llama sulfocarbonismo. Otras intoxicaciones profesionales son el arsenicismo, el estibismo, el manganismo, el cromismo, etc., que se verifican en obreros empleados en la extracción y elaboración respectivamente del arsénico, antimonio, manganeso, cromo.
Se ha de recordar también el tabaquísmo en los empleados en la manufactura de tabacos y el grupo de las llamadas enfermedades de polvos, las más difundidas de las cuales son la silicosis (por inhalación de polvillo silíceo en los mineros de cinc y estaño, areneros, picapedreros, alfareros, etc.), la asbestosis (en los trabajadores del amianto), y la antracosis (por inhalaciones de polvos de carbón en los mineros y descargadores de carbón). Un grupo ulterior de enfermedades por material de trabajo lo dan algunas infecciones que el obrero puede contraer manejando material infectado: así el carbunco, la fiebre añosa o glosopeda, que pueden encontrarse en los que manejan pieles (curtidores) y en los que cuidan del ganado vacuno, respectivamente, y la aspergilosis, que afecta a los que manejan cereales y forrajes. 4) Enfermedades por posición de trabajo, tanto sin se trata de posiciones anormales, como, si se trata de posiciones normales, pero que se han de observar por largo tiempo.
Así tenemos la escoliosis de los sastres y de los picapedreros (por desviaciones prolongadas de la columna vertebral), los pies planos y las varices (en los camareros y en otros trabajadores obligados a estar mucho tiempo de pie), etc. Las compresiones prolongadas de los instrumentos de trabajo determinan la formación de callosidades características en diversas categorías de obreros, el tórax hundido de los zapateros, etc.
3. Providencias. - Éstas son fundamentalmente de tres tipos: preventivas, curativas y asegurativas. La prevención de las e. profesionales (o higiene del trabajo) consiste en mejorar las condiciones del trabajo y del ambiente en que se efectúa el trabajo. Esta importante rama de la higiene general (que se denomina también higiene industrial) estudia las influencias, en la salud de los obreros, del ambiente de trabajo» de los materiales de trabajo (polvos, líquidos, etc.) y del trabajo de las máquinas (como fuente de accidentes sobre todo), y busca — con estudios frecuentemente muy largos— los medios racionales de protección, no rara vez obstaculizados por comprensibles razones económicas incluso nacionales. En sentido más amplio, la higiene industrial se ocupa de todo lo que se refiere a la protección del trabajador y su bienestar personal y familiar: visita de admisión, visitas periódicas de control, organización del trabajo, asistencia a las madres lactantes y a los niños, actividad postlaboral, viviendas» medios de transporte de la casa al taller o fábrica, etc.
La prevención de las e. profesionales, entendidas de este modo, da origen a estudios complejos que exigen por parte del higienista industrial conocimientos suficientes no sólo de patología, psicotécnica y de higiene general, sinQ también de técnica industrial, de economía y de jurisprudencia y moral, teniendo que intervenir oportunamente y colaborar en la obra legislativa en evolución continua, para la organización técnica y la asistencia médicosocial de los trabajadores. A la cura de las enfermedades profesionales, hoy muy adelantada, ayuda en grado máximo la precoz individuación de los primelos síntomas morbosos. Esto vale sobre todo para las intoxicaciones, cuyo diagnóstico precoz permite alejar oportunamente al enfermo y hacerle curar más rápida y completamen te, y permite igualmente descubrir pronto la fuente del daño y eliminarla con evidente ventaja para los demás trabajadores y para toda la empresa. De las providencias asegurativas hablamos en las voces.Accidente de trabajo y Medicina asegurativa. En España, el Decr. del Ministerio de Trabajo de 10 enero 1947 creó el Seguro de Enfermedades profesionales.
Por este decreto, que venia a ser un paso más en el progreso de la protección laboral, iniciada con el de 3 septiembre 1941, que creaba el Seguro contra la Silicosis, se ampliaba este servicio a las enfermedades producidas como consecuencia del trabajo y con evolución lenta y progresiva, que produjeren al productor una incapacidad para el ejercicio normal de su profesión o la muerte. Se dió la consideración de profesionales a las enfermedades siguientes: neumoconiosis (silicosis, antracosis, etc.) y otras enfermedades respiratorias producidas por el polvo; nistagmus de los mineros; intoxicaciones por plomo, mercurio, fósforo, arsénico, benceno, derivados halógenos de los hidrocarburos de la serie grasa, sulfuro, manganeso y sus derivados respectivos; intoxicación por gases o vapores tóxicos; enfermedades infecciosas (carbunco, tétano), parasitarias (anquilostomiasis, paludismo), oculares (conjuntivitis, catarata gris, etc.), de la piel; alteraciones patológicas producidas por los rayos X y sustancias radiactivas.
Este cuadro, que no es definitivo, sino que puede ser ampliado a medida que se comprueben otras enfermedades del mismo carácter, ampara, como se ve, una zona extensísima de trabajadores, desde los empleados en minas, fundiciones y manipulaciones de metales, hasta los trabajos agropecuarios y el personal sanitario de los hospitales y clínicas. Por la Orden Ministerial de 19 julio 1949 fue reglamentado este Seguro de enfermedades profesionales, creándose una Junta Administrativa cuya misión principal es la de hacer las propuestas necesarias ante el Ministerio para el mejor desenvolvimiento del plan de este seguro, informar sobre nuevas inclusiones de enfermedades e industrias y aprobar los presupuestos y cuentas de este servicio. Tr.
4. El trabajo mental. - Mientras en los que no son médicos es opinión bastante difundida la de que el trabajo mental puede dar lugar por sí mismo a e. profesionales, siendo una de las causas principales del lia mado agotamiento nervioso, los médicos son de parecer opuesto y juzgan que este género de trabajo es inocuo. Esta última opinión es ciertamente verdadera, pero bajo la importante condición de que no sea excesivo ni sea preocupante. De hecho es cosa sabida que la aplicación intelectual, aunque sea intensa y prolongada, no agota el sistema nervioso, el cual cuando se llega a los límites de su resistencia, da clarísimas señales de cansancio, distracción, entorpecimiento. Solo cuando el hombre de estudio descuida estos motivos saludables — o lo que es peor— para continuar trabajando recurre al auxilio de estimulantes (café, simpatina, etc.), o sacrifica al estudio el reposo necesario y el descanso tal vez no menos necesario (descanso que debiera consistir en algún agradable ejercicio físico), pueden sobrevenir fenómenos morbosos que toman por lo general el aspecto de una fastidiosa neurastenia (v.).
Es aún más nocivo el trabajo mental efectuado en condiciones de preocupación (si el estudioso desarrolla una misión de gran responsabilidad o que habrá de ser controlada con excesiva frecuencia, etc.). En este caso al factor trabajo se agregan dañosas cargas emotivas que facilitan la aparición de manifestaciones neuróticas. Entiéndese que en la base de todo agotamiento hay siempre cierta predisposición constitucional; lo cual por otra parte se verifica — en mayor o menor medida— en cualquier enfermedad, profesional o no.
5. Corolarios morales. - Aunque la medicina profesional, mirando el mejoramiento de las clases trabajadoras, desenvuelve dignamente su amplia misión y ha llegado a notables victorias (sobre todo en la prevención de los accidentes del trabajo, en la higiene industrial y en el tratamiento oportuno de las intoxicaciones profesionales), se ha de esperar todavía mucho de ella. Baste pensar en el desgaste que el trabajo de la fábrica ejercita sobre los obreros. Por otra parte la sociedad se basa en el trabajo y el trabajo en la salud: de aquí la suma importancia ética y práctica, individual y colectiva de la medicina profesional entendida sobre todo en el más amplio sentido de la medicina social (v. Enfermedades sociales). Con el progreso de la medicina profesional ha de ir unido el estudio profundo de la ética social cristiana, para que a las victorias de la ciencia sobre las enfermedades correspon da la solícita y voluntaria colaboración por parte de todos los que tienen obligación de proveer y actuar los oportunos remedios. Riz.
Bibliografía
N. Castelnuovo, Patología del lavoro, en EI, XX, 671
O. García Oviedo, Tratado elemental de derecho social, Madrid, 1953
E. Serrano Guisado, El seguro de enfermedad y sus problemas, Madrid, 1952.