Diccionario de Teología Moral

Giuseppe Bozzetti, I.C. (Boz.)

DEMAGOGIA

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1. Noción. - Palabra antigua que designa la desviación de la democracia (v.) por parte de un pueblo que ya vive en régimen de libertad, y se convierte en víctima de la fascinación de hombres que tienen el arte de hablar a las muchedumbres y estimular sus inclinaciones, aunque sean irracionales. La d. de ordinario no dura mucho; da lugar a la tiranía o al totalitarismo. La característica de la d. es la conservación de las apariencias de la libertad, del engaño por el cual la gente se cree libre; se discute mucho y se vota públicamente y la soberanía popular parece en su vértice. Efectivamente quien decide de todo, aunque no lo parezca, son unos pocos agitadores hábiles, a veces incluso de ingenio no común.

2. Caminos que preparan la d. - El engaño es posible por la deficiencia de sentido o de idoneidad política que puede darse incluso en un pueblo de alta cultura; más aún, de ordinario la d. propiamente dicha es un fenómeno de países muy civilizados y se verifica cuando a la valoración de los bienes más sustanciales sucede un deseo excesivo de goces diversos y superfluos que se convierten en una necesidad imprescindible. Vemos en nuestros días como el refinamiento en el vestido, el fumar, el cine, el deporte, etc., aunque sean bienes superfluos son preferidos con frecuencia a tener un domicilio conveniente por muchos de los llamados proletarios. La señalada deficiencia consiste en una preferencia de criterios sentimentales o inspirados en consideraciones de interés egoísta o clasista, sin una estima genuina y consciente del propio bien y del bien común (v.), de las exigencias de una justicia verdaderamente social, de la necesidad de un orden y de una disciplina pública, así como de un equilibrio de los diversos factores imprescindibles del Estado y de la Nación.

El jugar con estas deficiencias es la d. y constituye una culpa gravísima para el hombre político que se entrega a ella por cálculo o tal vez sólo por debilidad. Esta debilidad es un hecho muy común. Frente al público, y especialmente a la muchedumbre, es fácil ser arrastrado por los sentimientos que los agitan, siendo dura empresa la de oponer a estos sentimientos la recta razón cuando se encuentra en contradicción con ellos. Ardua misión es siempre la de educar el pensamiento de las muchedumbres. La tentación ordinaria de los políticos es la de ceder a las demandas de aquellas como a una fatalidad inevitable. Esto lleva a la agravación de las desviaciones de la conciencia colectiva. Ésta como un niño viciado se encuentra cada vez más incapaz de conocer y querer su propio bien verdadero que es el bien común.

3. Problema sin solución. - El régimen democrático exige una madurez y seriedad política de la cual debieran dar ejemplo los representantes del pueblo y los gobernantes. El afán de popularidad aparta de este deber. Es entonces inevitable la d. y como consecuencia la pérdida de la libertad. Cómo se pueden prevenir estas consecuencias, especialmente estando en vigor el sistema del voto igual y por consiguiente la preferencia del número material, es un problema que hasta la fecha no ha tenido solución práctica. Boz.

Bibliografía

W.
A. Dunning, A history of political theories, New York, 1910
P. Janet, Histoire de la Science politique dans ses rapports avec la morale. París, 1925
J. Beneyto, Historia de las doctrinas políticas, Madrid, 1952
M. Fraga Iribarne, La política, la razón y la moral, Madrid, 1953.

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