DEMOCRACIA
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1. Noción. - D. (gr. δήμος, κρατέω = gobierno del pueblo) es una forma de gobierno cuya autoridad se elige en plena igualdad por todos los ciudadanos y en la que reina la más amplia libertad individual. En sentido genérico d. no es más que la norma de cualquier comunidad social para realizar el bien común. Para estar en condiciones de actuar esta norma se precisan sinceridad en las ideas, ausencia de prejuicios, de apetitos y de instintos desordenados. La d. no es fin en sí misma, sino medio a un orden conforme con el fin. La d. del Estado denota aquella forma en que todos los mayores de edad, capaces de ser responsables de sus propios actos, tienen igual derecho a los negocios públicos y por lo tanto también al poder estatal. Se distingue de la monarquía absoluta en que el poder es retenido por uno solo o por una minoría; de la república, sea aristocrática (Venecia), sea oligárquica o de partido (nazismo y comunismo).
En estos últimos tiempos se habla también de d. económica, en la cual las relaciones de trabajo, procedentes de una relación de dominio entre dirigentes y sujetos se cambian en una relación jurídica entre empresario y trabajador, los cuales por lo tanto encontrándose los unos junto a los otros como seres libres estipulan un contrato libre en comprensión mutua. Todo lo que corresponde al trabajo se somete a la conciliación libre. El socialismo marxista propone también una d. social, esto es, una igualdad mecánica de las masas, a la cual se llega por medio de la socialización de los medios de producción, de la producción y distribución de los bienes de consumo. El Estado debiera desaparecer entonces. Esta tesis es contraria a la evolución natural y orgánica de la sociedad.
2. Varias formas de d. - La d. se divide en: a) d. ilimitada y limitada, según que todos los ciudadanos tienen iguales derechos al poder del Estado o sólo una parte. Pueden ser excluidos los que no son económicamente libres, los dependientes, esclavos y los que no poseen cierta cantidad de conocimientos y facultades. La d. limitada (precisamente limitada a sólo los intelectuales y propietarios) fue instaurada por la Revolución francesa; b) d. inmediata, o directa, y mediata, o indirecta. La primera existe cuando todo el pueblo, con plenos poderes, ejercita por sí inmediatamente el poder del gobierno. Esto es posible sólo en las pequeñas comunidades estatales, como ocurría en la antigüedad, p. ej., en Atenas. Hoy, en parte al menos, se realiza también en Suiza. La d. indirecta o mediata (representativa) existe cuando el pueblo es gobernado por medio de los representantes elegidos por él. La d. puede existir también en las monarquías constitucionales, donde el poder de la corona es limitado (Gran Bretaña).
La d. indirecta presupone la confianza del pueblo, que se expresa en las elecciones, a las cuales se pre~ sentan diversos partidos, cuyos candidatos, si son elegidos, se convierten en diputados y toman la autoridad y responsabilidad del gobierno. Los elementos indispensables de la d. indirecta son: para el pueblo los partidos y las elecciones; para el gobierno la responsabilidad y la autoridad. Desde el momento en que los diputados han sido elegidos deben cuidar del bien de la comunidad nacional y no del partido. Para poder gobernar los diputados deben formar la mayoría dentro del parlamento. El gobierno parlamentario nació en Inglaterra y en el s. xix irradió de Francia a los demás Estados.
3. Peligro de desviación de la d. - Como el individualismo ha sido la premisa del colectivismo, así la d. mecánica, formalista, que se resuelve sólo con la suma matemática de los votos (seudodemocracia), ha cedido el paso a un triunfante poder de la masa sobre el individuo. Aún en el sector económico prevalece hoy la democratización de las empresas bajo las formas de las sociedades anónimas. La misma d. según las intenciones de los comunistas debe convertirse en d. progresiva, esto es, d. dialéctica, que puede terminar en imperialismo y dictadura.
4. Valoración de la d. - Cualquier forma estatal tiene sus ventajas y sus defectos. La Iglesia reconoce como buena toda forma estatal capaz de actuar el fin del Estado, esto es, el bien común. Por este motivo es necesario que el poder exprese la voluntad del pueblo y que en él exista la conciencia de los valores internos que los ciudadanos llevan a la vida política. La d. reposa sobre el principio de la fraternidad natural de todos los hombres sin distinción religiosa, racial, política, de clase. En la estructura de la d., esta fraternidad fundamental de todos los hombres incluye ciertos derechos y ciertas libertades que son absolutos: derecho a la vida, libertad de conciencia, derecho a la libertad personal, derecho a la familia. Otros derechos civiles específicos y libertades se derivan de aquí: igualdad de los ciudadanos ante la ley, derecho de todo ciudadano de participar en la vida política, derecho del pueblo a su autodeterminación, derecho de reunión y derecho de oponerse al partido en el poder, libertad de palabra, de prensa, de expresión de la opinión de la minoría, derecho a negarse al traslado forzoso y al trabajo forzado, fuera del caso de pena por delito.
Por mucho tiempo los pueblos estuvieron contentos con el régimen monárquico. Con la evolución espiritual y económica nacieron nuevos deberes en la vida pública y surgieron así nuevas exigencias de autonomía y de responsabilidad propia con la tendencia de clases e individuos a querer tomar su suerte en sus propias manos. Por este motivo a partir del siglo pasado todos los pueblos se fueron inclinando hacia la d. En interés del bien estatal conviene que esta evolución sea orgánica. La precipitación trae consigo la revolución y la d. se convierte en aborto. Toda forma tiene también sus defectos. El Poder es siempre ocasión de abusos. Es muy fácil que el poder en lugar de servir al pueblo, se convierta en un privilegio de dominio sobre el pueblo y fuente de lucro para los privilegiados. No faltan abusos en la historia; las revoluciones son su prueba. Así también la d. tiene sus defectos. Para gobernar son precisas facultades morales e intelectuales adecuadas; pero como todo ciudadano tiene derecho a presentarse como candidato es evidente la posibilidad de que haya intrusos.
Además los partidos durante campaña electoral se dejan llevar por grandes promesas que después no están en condiciones de realizar. La demagogia es por lo tanto un fenómeno ordinario de la corrupción de la d. La d. puramente formalista y mecánica, llega al burocratismo, a la superación de la responsabilidad, a la opresión de las minorías, al predominio de las finanzas (plutocracia), a extravíos políticos profesionales, a la corrupción. Sólo una comunidad orgánica que ha vivido como unidad de vida nacional para realizar el fin común, puede dar bases seguras a la vida democrática. Per.
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