CRUZ (sufrimiento)
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1. Naturaleza. - La palabra c., en sentido moral, significa todo lo que es causa de sufrimiento tanto físico como moral, y el sufrimiento mismo.
2. Valor. - La c. nos enseña el verdadero significado y el valor del dolor, y nos da fortaleza para llevar la c. sin sucumbir bajo su peso; más aún, para llevarla con alegría. El sufrimiento no fue querido por Dios: el pecado lo introdujo en el mundo; después que Adán perdió para sí y para su posteridad el don de la justicia original el sufrimiento se hizo inevitable para el hombre, dada su estructura orgánica y psíquica, y necesario para la expiación de sus pecados. El Divino Salvador nos redimió con indecible sufrimiento: no puede haber comunión de vida con Cristo ni participación en su gloria sin participación en la pasión del Señor (Luc., 9, 23, 14-27; Rom., 8, 17; Col., 1, 24).
Además el sufrimiento nos desprende de nosotros mismos y de las cosas creadas y eleva nuestra alma hacia Dios; es también un medio poderoso para adquirir méritos y para cooperar a la salvación de las almas.
Después de la culpa de Adán no se nos da ninguna gracia sino en virtud de los méritosínfinitos de Cristo, pero por una especial condescendencia el Señor ha querido asociar en la obra de la santificación de las almas a otros cooperadores, cuyas obras buenas, especialmente los sufrimientos soportados con las debidas disposiciones, aunque todo su valor se deriva de la Pasión y M uerte de Cristo, son sin embargo títulos para la concesión de gracias a las almas.
3. Notas prácticas. - Tenemos el deber de aceptar y soportar los sufrimientos sin murmurar ni menos rebelarnos contra Dios que permite el dolor. Las almas más adelantadas en la vida espiritual se gozan de poder seguir la via dolorosa y asemejarse de esta manera a su divino Modelo (Fil., 3, 10). Estas disposiciones de ánimo suponen una c. viva, un total abandono en la divina providencia que lo dispone todo sabiamente para nuestro mayor bien. Por grandes que sean las contrariedades y sufrimientos conviene pensar: Jesús ha sufrido mucho más por salvar mi alma. Habituémonos a hacer frecuentemente (al menos todas las mañanas) el ofrecimiento a Dios de todos nuestros sufrimientos por los fines por los que Cristo sufrió y murió, en particular por la conversión de los pecadores, principalmente de los que se encuentran en los últimos momentos de su vida. Man.
Bibliografía
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