CRUZ (Señal de la santa)
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1. Significado. - Según las enseñanzas del Nuevo Testamento, la c. nos indica cómo nos redimió el Hombre Dios, Cristo (Col., 1, 20), y nos indica por lo mismo cuál es el centro de la fe cristiana (I Cor., 1, 17) y la fuente de la gracia (Eph., 2, 16). La c., por lo tanto, es un recordatorio y una invitación al cristiano para que se mortifique a sí mismo (Mat., 10, 38; Gál., 2, 19) y siga a Cristo en su camino de sufrimiento (Mat., 16, 24).
2. Uso e historia. - Para conservar siempre vivo el recuerdo de estas verdades fundamentales de la religión cristiana, los primeros cristianos solían no sólo fabricarse representaciones de la c., sino también se signaban con frecuencia con la señal de la c.: al principio del día, al entrar y salir de casa, al vestirse, al bañarse, en la mesa, en el momento de encender la lámpara (Tertuliano, De Corona militis, 3, 11), antes de afrontar el martirio. Signaban el pan que comían, la copa de la cual bebían (Cirilo de Jerus., Catech., 22, 36). Ya en tiempo de San Agustín (In Job, tract. 11) el signarse con la c. se consideraba como profesión externa de fe cristiana. Con la señal de la c., que es la fuente de toda bendición, causa de toda gracia (San León I, Sermo 8, De passione Domini), todo en la Iglesia se sustrae a la potestad del diablo, todo se bendice, se santifica, se consagra (v. las Letanías en las ordenaciones: ut hunc electum benedicere, sanctificare et consecrare digneris). Por medio de la santa c., Cristo adquirió un derecho particular sobre todas las personas y las cosas: la aplicación de la señal de la c. es como el sello de aquella adquisición (Ph.
Oppenheim, Commentationes ad ritum Baptismalem, I, Torino-Roma, 1943, ep. 103-132). En la Edad Media no se comenzaba ninguna escritura pública, inscripción, ley, etc., sin haber trazado antes la c. Sustituía la c. la firma de los analfabetos, precedía frecuentemente la de los eclesiásticos (como precede todavía la firma de los Cardenales, Obispos, Abades, etc.). La señal de la c. se observa en las puertas de las casas y de las ciudades, en las bocas de los pozos, de las cisternas y de los hornos. La antigüedad nos ha transmitido igualmente cajitas para reliquias en forma de c., sobre las cuales se grababan a veces fórmulas de exorcismo. Desde el s. IIIlos documentos eclesiásticos atestiguan el uso de la señal de la c. en las liturgias orientales y occidentales, especialmente en la Misa, en el Bautismo y en las Sdas. Ordenaciones (Crisóstomo, In Matth., hom. 54; Agustín, In Job, tract. 118).
3. Formas. - En cuanto a su forma, en los primeros siglos los cristianos trazaban la señal de la c. habitualmente sólo sobre la frente con un dedo de la mano derecha (Tertuliano, 1. c.); Prudencio (Cathem., 6) la coloca también sobre el pecho; Gaudencio de Brescia (De Lect. Evang.) nos habla de una triple señal: sobre el corazón, sobre los labios y sobre la frente, lo cual explica algunos siglos después Beleth (Explicatio divini officii, 39): «Yo no me avergüenzo del Evangelio (alta la frente), sino que lo confieso con la boca y con el corazón». En el s. VIII, Alcuíno (De Psalmorum usu: PL, 101, 468) menciona también la señal de la c. sobre los labios. Según el Ordo Romanus, II, n. 8 (s. x) a la lectura del Evangelio se solía sígnar la frente y el pecho; desde el s. Xi i es uso general signarse la frente, los labios y el pecho. A los enfermos se les signaba en sus miembros dolientes (San Gregorio Magno, Dialog., 2, 20; Casiano, Collat., 8, 18). Para las unciones y el rito bautismal se hace la señal de la c. con el pulgar; en las bendiciones de la Edad Media era costumbre hacer la c. con tres dedos separados de la mano derecha, en honor de la Sma. Trinidad. Sólo en el s.
XIII; se empezó a hacer la señal de la c. en las bendiciones con la mano extendida y los dedos unidos, de modo que el dedo meñique se dirija hacia la persona o la cosa que se ha de bendecir. La c. grande, o c. latina, según la cual la mano derecha extendida va de la frente a la parte inferior del pecho, del hombro Izquierdo al derecho, se hizo de uso general en la liturgia más tarde; ocasionalmente, sin embargo, se menciona ya en el s. vi. Opp.
Bibliografía
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J. Gretser, De cruce Christi, I, Ingolstad, 1600, p. 555 ss.
E. BerebpokdC o o ie, The sign of the cross in the Western Liturgies, Londres, 1907 Ph. Oppenheim, In hoc signo vincee, en Ephemerides liturgicae, 47 (1933), 158-172.