Diccionario de Teología Moral

Serafino Majerotto (Mai.)

CORPORATIVISMO

Recursos

completo

1. Orígenes. - Es el programa de reconstrucción de la sociedad aprobado solemnemente por la Iglesia ('Rerum novarum, Quadragesimo anno), que los sociólogos católicos elaboraron en la segunda mitad del siglo pasado, principalmente para poner remedio a la proletarización de las clases más humildes, producida por la llamada revolución industrial.

2. Impulsos a su elaboración. - Los sociólogos católicos fueron movidos y guiados a la invención de este programa por impulsos díalécticos negativos y positivos. Como impulso en parte positivo, aunque especialmente negativo, obró el socialismo que los ayudó a darse cuenta de que el malestar social creado por la revolución industrial, además de ser un efecto de la falta de caridad, era la consecuencia de flagrantes injusticias, pero los puso principalmente alerta contra el mal de la proletarización, que el socialismo juzgaba fatalmente necesaria, y en el fondo incluso benéfica, como preludio necesario al renacimiento revolucionario de toda la sociedad. Como impulso sobre todo positivo obró el sindicalismo obrero que en diversos países se había afirmado fuera de la influencia socialista con el programa, esencialmente pragmatista, de promover los intereses de la clase obrera.

Un grandísimo influjo positivo ejerció finalmente el florecimiento de los estudios neoescolásticos y de historiografía medieval que les proporcionó un instrumento ideológico para díagnosticar de un modo completamente independiente de los socialistas las causas profundas del malestar social y puso al mismo tiempo bajo su mirada un tipo de sociedad pluralista.

3. Principales autores. - Los abanderados de la doctrina corporativista no fueron aquellos pocos pensadores como Max Müller, que escribieron y pensaron inmedíatamente después de la Revolución francesa como nostálgicos del ancien régime, sino algunos escritores y pensadores católicos que en la segunda mitad del siglo pasado,, en Alemania, Francia, Italia y América, así como en otros países, trataron de comprender las razones de las quejas de la clase obrera, determinar su validez y formar instituciones adecuadas para mejorar su suerte. En esta lucha valerosa se distinguieron principalmente G. Toniolo en Italia y A. De Mun en Francia.

4. Premisas doctrinales. - Las premisas generales del c. son ante todo la conciencia del doble elemento personal individual de que está formado el hombre y de sus consecuencias, que son por una parte la sociabilidad, la multiplicidad de las funciones sociales y en especial de las funciones autoritativas y subordinadas, y hasta cierto punto — como dato ontológico y no puramente cultural — también la especialización de las mismás, y de otra parte el valor que el hombre tiene en cuanto persona subsistente, valor que trasciende infinitamente todas las funciones sociales y las asociaciones constituidas para su desenvolvimiento y que por lo tanto necesariamente es fin de unas y otras, ya que el hombre no puede ser medio de éstas, sino que ontológicamente ha de ser su fin.

Otra conciencia fundamental del c. está constituida por la certeza dogmática de la inclinación radical al mal del hombre que tiende a profanar no sólo sus acciones individuales, sino también las institucionales (asociativas) y que lleva al mismo c. no sólo a hacer controlar la acción de cada una de las entidades asociativas intermedías, sino también a multiplicar estas mismás entidades intermedías o asociativas para realizar un sistema que en la jerga constitucionalista americana se diría de Checks and balances (de mutuos controles y equilibrios). De aquí la carácterís tica concepción de la prioridad de la organización social respecto de la política y del pluralismo de entrambas.

5. Notas específicas. - Las aplicaciones concretas de estos principios, mucho más universales y aun por esta sola razón mucho más realistas que los socialistas (que niegan al hombre la personalidad, confunden la organización social con la política y reducen su sustancia a una díaléctica económica entre propietarios y no propietarios) fueron estudíadas por los corporativistas especialmente en función de la solución de la cuestión social, como entonces se solía llamar el conjunto de los problemas creados por la transformación social obrada por el industrialismo.

El reconocimiento de la situación histórica vigente, desde este punto de vista, que ellos alcanzaron para llegar a dicha solución les persuadió: a) de que en cualquier forma que se organice la producción industrial habrá siempre dadores de trabajo y trabajadores; b) que entre trabajadores y dadores de trabajo existe una oposición inmedíata de intereses materiales y m orales (el dador de trabajo está tentado no sólo a discutir el jornal del obrero, sino también a considerarle como un puro instrumento de trabajo, olvidando las consideraciones debidas a su dignidad de hombre); c) que en la defensa de sus intereses cada obrero es mucho más débil que cada dador de trab ajo; d) que la comunidad de intereses, de tradiciones, de géneros de viaa, de aspiraciones crea en el seno de es* tas dos categorías una natural asociabilidad; e) que en un plano más elevado entre obre«ros y dadores de trabajo, como copartícipes de una obra común existe cierta solidaridad de intereses; /) que finalm ente esta solidaridad puede crear la base de una* asociabilidad.

Estas persuasíones son comunes a todos los corporativistas y los indujeron a insistir en la asociación para quitar del medio los estados de descontento creados en sociedades democráticas por particulares cristalizaciones institucionales de las relaciones entre los dadores de trabajo y los obreros, quitando del medio las causas y para remedíar al mismo tiempo la debilidad intrínseca de los trabajadores en la defensa de sus intereses (en estos estados de hecho los corporativistas hacen consistir la esencia de la cuestión social) y también para una más eficaz defensa de los intereses comunes o Industriales. El ideal para todos los corporativistas fue la asociación mixta que había de representar tanto a los trabajadores como a los dadores de trabajo; pero los más perspicaces y experimentados han reconocido que la desconfíanza histórica creada entre los dadores de trabajo y los trabajadores hacia imposible su realización y en cambio aconsejaba empezar por las asociaciones simples de solos trabajadores y dadores de trabajo.

A cada una de estas asociaciones los corporativistas les señalaron como misión específica la de reanudar la amistad entre todos los miembros con objeto de lograr una defensa unitaria de sus intereses ante terceros, una asistencia mutua moral y material, y sobre todo el renacimiento del espíritu de cuerpo, reivindicándoles no sólo el derecho de autogobierno dentro de los límites del respeto al bien común, sino también el de venir a ser con el tiempo junto con otras asociaciones la base estructural para la constitución de los órganos políticos esenciales.

6. Seudocorporativismo. - Esta es, en resumen, la esencia del c. En tiempos recientes algunos movimientos políticos se han apoderado de este nombre juzgando que habían de poder crear las asociaciones de que hemos hablado por decreto privándolas después de toda autonomía y reduciéndolas a la condición de órgano del Estado y a la función de ejecutoras de sus directrices. Estos movimientos evidentemente no tienen de común con el c. sino sólo el nombre. Mal.

Bibliografía

M. Zanatta (A. De Gasperi), I tempi e gli uomini che prepararono la Rerum novarum, Milano, 1931
J. Maritain, Humanisme integral, París, 1936
G. Toniolo, Democrazia cristiana. Concetti e indirizzi, vol. II, , 1949; id., Democrazia cristiana. Istituti e forme, vols. I y II, , 1951 J. A z p ia z u, El Estado corporativo, Madrid, 1952.

Voces relacionadas

Internas