CÁLIZ
Índice interno:
1. Noción y datos históricos ·
2. Consagración del cáliz ·
3. El cáliz en el uso litúrgico ·
1. Noción y datos históricos Es uno de los vasos litúrgicos más sagrados, ya que se pone en contacto directo con la Sangre de Cristo en el sacrificio de la Misa. La forma del cáliz ha sido más o menos la misma, al menos desde la Edad Media hasta nuestros días. No es difícil que al principio tuviese la forma común de un vaso ( lat. calix ). Hoy está prescrito que el cáliz sea de metal, y al menos la copa debe estar dorada en su interior. Antiguamente se sabe que existían cálices incluso de vidrio o de piedra preciosa, ágata, y hasta de madera. Los cálices de la primera Edad Media, aun cuando tenían forma de copa, tenían a veces también asas laterales.
2. Consagración del cáliz Antes de entrar en el uso litúrgico los cálices han de ser consagrados por el Obispo, o por un Cardenal, o por un Prefecto Apostólico, o por un Abad o Prelado nullius (can. 1147; 279, § 1, n. 20; 249, § 2; 323, § 2), y no pueden ser manejados más que por los clérigos, y por concesión especial por las monjas y sacristanes que los custodian. El cáliz pierde la consagración si sufre algún quebranto que lo haga inadecuado para su función; si se emplea para usos inconvenientes, pero no si pierde el dorado del interior (can. 1305, § 1-2).
3. El cáliz en el uso litúrgico Durante el uso litúrgico ha de ser cubierto por el velo, que es un trozo cuadrado de seda del mismo color que la casulla del sacerdote, desde el principio de la misa hasta el ofertorio y después de la comunión hasta el fin. Durante el resto de la misa ha de estar cubierto con un trocito cuadrado de tela blanca rígida, llamado palia, aunque este nombre comúnmente se reserva en España para el trozo de tela redondo con que se cubre la hostia sobre la patena, dándose a aquél el nombre de hijuela. El cáliz, como la hostia, durante la misa debe estar colocado sobre el corporal, trozo de lino blanco almidonado. Antes de echar en él el vino que ha de ser consagrado, y después de la comunión, el cáliz se limpia con un pañito blanco, llamado purificador, que a su vez puede ser lavado solamente por un sacerdote o por un diácono. Estas normas de suyo son obligatorias. Cig.
Bibliografía
C. Callewaert, Liturgicae institutiones , III, Bruges, 1933, p. 54 ss.
M. Righetti, Manuale di storia liturgica , I, Milano, 1945, p. 441 ss.
H. Leclercq, Calice , en DACL , III, 1505 ss.