APOSTOLADO
1. Los Apóstoles Apóstol (del verbo griego apostéllein = enviar, y de aquí, enviado) es el título dado por Jesucristo a los doce colaboradores que Él mismo escogió y envió a predicar (Mat., 4, 18, 22; 9, 9-13, etc.) y a los cuales confió la difusión y aplicación instrumental de su misión redentora. El número era fijo —en recuerdo de las doce tribus de Israel— hasta constituir un apelativo del grupo escogido, los doce. Judas prevaricó y quedaron once, pero fué sustituido por Matías para recomponer el número de doce. Sus nombres se han consagrado en la historia de la propagación del Evangelio, de la santidad y de la piedad cristiana: Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Santiago el menor, Felipe, Bartolomé, Simón, Judas Tadeo, Mateo, Tomás, Judas Iscariote, que fué sustituido más tarde por Matías. Su relación con Cristo llega al extremo de participar según su promesa de su misma función judicial, y esto en premio de haberlo dejado todo por seguirle (Mat., 19, 27, 29). La misión de los doce Apóstoles comienza propiamente con la resurrección de Jesús, de la que son testimonios auténticos. Al principio la anuncian a los hebreos y más tarde se convierten en misioneros de todo el mundo.
El apóstol es creado para el apostolado. El apostolado creado por Jesucristo tenía un carácter universal y mediante la sucesión apostólica, también perpetuo. En el campo de la doctrina tenía el encargo de transmitir la doctrina del Maestro, pero había de gobernar también a los fieles con prescripciones en el campo dogmático y disciplinar. El ser un mandato de Cristo era y sigue siendo un carácter fundamental en el concepto del apostolado. Los Apóstoles tuvieron un doble oficio: uno extraordinario que había de cesar con ellos, el de continuar la obra de Jesús, poniendo los fundamentos de la Iglesia sobre la piedra angular que es Cristo; el otro ordinario que habían de transmitir a sus sucesores, a saber, el de ser la Autoridad jerárquica de la Iglesia. El apostolado en sentido estricto y etimológico es la potestad religiosa y sobrenatural conferida por Jesús a doce de sus discípulos enviados por Él a las diversas partes de la tierra a anunciar la ley evangélica y la fe cristiana.
2. Apostolado oficial En sentido más amplio, pero propio y literal, el apostolado es la obra del que se consagra totalmente a la difusión de las verdades religiosas, morales y aun civiles. En la Iglesia hay un doble apostolado oficial, el cual importa la facultad y aun la obligación de instruir con autoridad sobrenatural en las verdades de la fe; de administrar canónicamente los sacramentos para comunicar la gracia a las almas; de regir la grey propia promoviendo y dirigiendo en los fieles la observancia de la ley divina; de dictar normas y leyes positivas según las circunstancias de lugar y tiempo; de exorcizar con autoridad superior a Satanás y a los espíritus malignos, etc. Tal apostolado, heredado por legítima sucesión de los Apóstoles, es propio del Papa para toda la Iglesia y de los Obispos para su propio territorio (can. 1327); y por derivación directa del Papa o de los Obispos es propio también de quien sea autorizado por el Papa o los Obispos. Esta autorización en el derecho vigente está limitada al Clero, y más propiamente a los sacerdotes y a los diáconos (can. 1328, 1342).
3. Apostolado y Acción Católica Junto al apostolado oficial hay otro apostolado que se pudiera llamar semioficial, y es el ejercitado por los seglares, reunidos en asociaciones particulares que obran bajo el control directo de la Iglesia en ayuda del Clero para poder penetrar en todos los ambientes y afrontar todas las condiciones sociales. Este apostolado se halla organizado actualmente en la Acción Católica, que con sus diversas ramas, organiza los elementos de todas las edades y de todas las condiciones sociales (v. Acción Católica). Sin embargo, esta clase de apostolado no es de la exclusiva competencia de la Acción Católica, ni privativo suyo, porque también otras asociaciones existentes en la Iglesia y aprobadas por la misma (Congregaciones Marianas, Terceras órdenes, Pías Uniones, etc.), según repetidas declaraciones del último Pontífice, desarrollan una verdadera acción y apostolado católico. Junto al apostolado oficial y semioficial, está también el de los fieles aislados que, animados de la caridad de Cristo, trabajan por la difusión de su reino en las almas, sirviéndose de sus contactos habituales, familiares o sociales.
4. Formas de apostolado Formas de apostolado que participan de las tres especies dichas, esto es, en cuanto que son organizadas por la Iglesia y en ellas pueden colaborar los simples fieles, son: el apostolado de la oración, el apostolado de la prensa, el apostolado del mar, el apostolado entre los obreros, el apostolado entre los emigrantes, etc. M. d. G.
Bibliografía
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