Diccionario de Teología Moral

Carlo Riz (Riz.)

ANALGÉSICOS

Recursos

Índice interno:

1. Definición ·

2. Modo de acción ·

3. Reflejos morales ·

1. Definición Con este término derivado del griego ( a , privativa, álgos = dolor) se designan los medicamentos que sirven para suprimir o al menos para calmar el dolor, los cuales se dividen en hipnóticos y anestésicos, aunque en la práctica se confunden con frecuencia estas voces. En realidad por hipnóticos se han de entender aquellos medicamentos que provocan el sueño y por anestésicos los que suprimen no sólo el dolor, sino también todas las demás sensaciones. Recuérdese, sin embargo, que un mismo medicamento puede ser analgésico, anestésico o hipnótico según la dosis usada y su vía de introducción.

2. Modo de acción El dolor, cualquiera que sea su causa, puede combatirse haciendo obrar al analgésico: a) sobre las terminaciones de los nervios sensitivos; b) sobre los nervios mismos; c) sobre los centros nerviosos, o sea, impidiendo al dolor que brote, que sea transmitido o que sea percibido. Entre los dolores tienen gran importancia, aunque no sea más que por su frecuencia, las neuralgias nacidas por efecto de lesiones irritativas de los nervios sensoriales. Éstas ceden por efecto de «analgesia local» —que se consigue con medicamentos, como la cocaína y sus sucedáneos, inyectados o aplicados localmente, o también con medios físicos, compresas, frío, calor, etc., aplicados también sobre la parte dolorida— o de «analgesia general».

Esta última, llamada también «interna», obra por vía bucal —todo el mundo conoce las distintas clases de cápsulas de antipirina, fenacetina y otros analgésicos, de los cuales se abusa con frecuencia un poco—, por vía rectal, bajo forma de supositorios, o también por vía hipodérmica —cual es para la morfina, que es el más pronto y seguro de los analgésicos, pero que ha de ser usada con gran parsimonia, porque puede dar lugar al morfinismo y a la morfinomanía de que se hablará en otro lugar— y también por vía intravenosa.

3. Reflejos morales El lema hipocrático que asegura ser obra divina calmar el dolor ( divinum opus est sedare dolorem ) ha sido y será siempre una de las metas del médico, alcanzada eficazmente con el empleo preciso de los analgésicos. Pero éste ha de ser un empleo ponderado y racional. El médico no se ha de exceder en el uso de tales fármacos, para evitar envenenamientos crónicos —que, disminuyendo las resistencias naturales del enfermo, agraven su estado— y, lo que es peor, para impedir el hábito, el cual exige dosis progresivamente crecientes para obtener el mismo efecto terapéutico y pone más o menos pronto al enfermo en la imposibilidad de pasarse sin la droga con gravísimo daño para su organismo. Esto sin tener en cuenta que el uso indiscriminado de los analgésicos, si quita el dolor, impide al mismo tiempo que el médico pueda llegar muchas veces al diagnóstico exacto, ya que el estudio e interpretación del dolor proporciona datos utilísimos sobre el origen, naturaleza y tipo de la enfermedad que suscita tal dolor y, por lo tanto, le impide igualmente proceder a una cura racional causal del proceso morboso en cuestión.

Otro punto, de importancia todavía mayor en la moral católica, es el del uso de los analgésicos y de los hipnóticos en los moribundos. Su empleo no se puede proscribir sistemáticamente en todos los casos —como pretenden algunos preocupados sólo con que la conciencia del moribundo permanezca despierta y limpia hasta el fin—, sino que se puede admitir cuando existen dolores muy intensos. En realidad ya estos últimos turban de suyo la psiquis y se pueden calmar o suprimir sin llegar por otra parte a la abolición o al oscurecimiento al menos de la conciencia. Aun en este caso todo es cuestión de medida y el médico católico debe tener conciencia de su grandísima responsabilidad en tales circunstancias, teniendo presentes también las condiciones espirituales del paciente (v. también Agonía, Eutanasia). Riz.

Bibliografía

A. Benedicenti, Analgesici , en EI , III, 85
P. Marfori, Trattati de Farmacología e Terapia , 1917.

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