ANARQUÍA
1. Naturaleza La anarquía propugna la revuelta contra toda autoridad, gobierno o instituto jurídico para llegar a la absoluta autonomía del individuo sin coerción alguna por parte del Estado o de cualquier organización. En vez de la ley el libre arbitrio, el contrato libre; en vez de la norma jurídica, «la norma convencional». Sólo debe tener valor aquello que a juicio razonable y justo del individuo es bueno. La anarquía pretende dar al hombre una gran amplitud en su libertad personal. La anarquía se encuentra en todos los campos; por eso tenemos la anarquía moral, la anarquía económica, la anarquía intelectual, la anarquía internacional, etc. De ordinario hoy se habla de la anarquía en política como de una falta de gobierno. En realidad la anarquía completa no existe. A lo más podrá darse un día de transición del poder de un gobierno a otro. Si el tiempo de transición se prolongara sufrirían los bienes espirituales y materiales y se provocaría una reacción violenta bajo la forma de autoritarismo y dictadura.
2. Doctrina A. Gide dice que la doctrina anarquista no es más que el resultado de una fusión entre las tesis de la escuela liberal que critica al Estado, exaltando la libre iniciativa, el contrato libre, etc., y las ideas socialistas que critican la propiedad y la teoría de su disfrute. Pero la anarquía sobrepasa el individualismo, porque no niega sólo las interferencias del Estado en la vida económica, sino en todos los sectores de la vida. Difiere del socialismo porque éste somete la libertad individual a un orden social, que confina con una organización coercitiva. Distínguese del bolchevismo porque propugna una sociedad sin Estado, mientras el bolchevismo es un Estado clasista bajo la dictadura proletaria, aunque en teoría pretende para el futuro un paraíso terrenal sin Estado. La doctrina anarquista es, pues, una exaltación sin límites de los derechos individuales y tiende a desarrollar la personalidad sin coerción alguna. Todo hombre es un ejemplar de la humanidad. No se busca el triunfo del egoísmo, sino de la humanidad. El fundamento de toda moral es el «respeto humano» (Bakunin).
El hombre se hace libre por la libertad de los demás: «la libertad no es un hecho de aislamiento..., sino de unión» (Bakunin). Toda autoridad ejercida por un individuo sobre otro no es sino una disminución del hombre, de su humanidad. Siendo el Estado la concentración de toda autoridad es necesario concentrar contra él todos los ataques y suprimirlo, porque él es «la suma de las negaciones de las libertades individuales», o mejor «una flagrante negación de la humanidad» (Bakunin). El gobierno es un agente de corrupción aun cuando ordene el bien. La forma del gobierno no tiene importancia alguna: éste es el error de todas las revoluciones. La única revolución verdadera sería la destrucción del mismo principio de autoridad. El Estado debiera proteger la propiedad. Pero la propiedad no es más que la organización del disfrute: «el poder y derecho a vivir del trabajo de los demás». En la cuestión de la constitución económica la anarquía se divide en dos tendencias: la tendencia individualista que exige la libre propiedad privada, pero sin la prepotencia que tiene en el orden económico capitalista. Medios: eliminación del dinero y de los intereses.
La tendencia comunista o federalista que tiende a la comunidad de bienes dentro de pequeños grupos autónomos. Ésta propone pequeñas uniones voluntarias en lugar de las grandes comunidades coercitivas y, por lo tanto, el federalismo en lugar del centralismo. Prosiguiendo en su camino a la libertad el anarquismo defiende las uniones libres y lucha contra el matrimonio como una forma de opresión y tiranía. La única autoridad respetable es la de la ciencia a cuyas leyes obedece el hombre no porque le hayan sido impuestas, sino porque han sido reconocidas por él. No obstante toda esta exaltación del individuo y repugnancia a la autoridad, la doctrina anarquista reconoce la existencia de la sociedad, que es una extensión del individuo; más aún, el hombre no sería tal sin ella. La anarquía no es por lo tanto la lucha de todos contra todos, sino la federación de asociaciones libres, nacidas del instinto social. En el orden nuevo el trabajo perdería su nota penosa y repugnante y se convertiría en una labor atractiva y toda la vida sería alegre, justa y feliz. Pero para esto se ha de pasar por la revolución, es decir, por la violencia.
En los Estatutos de la Alianza Internacional de Anarquistas se dice: «Queremos la revolución universal, social, filosófica, económica y política, a fin de que del orden actual... no quede piedra sobre piedra.» En la cuestión de la concepción de la vida los anarquistas son por naturaleza negadores de toda religión, librepensadores. La confutación del anarquismo es superflua. De la anarquía no se llega al orden. Donde hay orden debe haber subordinación. La anarquía procede de presupuestos insostenibles y está llena de contradicciones y absurdos en sus consecuencias. Los hombres no son absolutamente buenos ni están libres de pasiones. Si cada uno se ha de dictar su propia ley y su propio fin no es posible imaginar la vida en común.
3. Historia La anarquía como filosofía es tan vieja como el mundo, ya que siempre hubo hombres descontentos de la autoridad. La encontramos en los escritores viejos. Entre los modernos encontramos los primeros rastros en Godwin a fines del s. XVIII. Proudhon ha sido estimado el padre de la anarquía. El maestro teórico de la anarquía individual ha sido Stirner. En tiempos más recientes la anarquía política ejerció un gran influjo en las masas en secreta unión con el nihilismo ruso. Bakunin (1876), Netschajev y Kropotkin hicieron de la anarquía un verdadero sistema. La influencia fue muy diversa: casi nula en los países germánicos, Inglaterra y Estados Unidos; muy notable por el contrario en los países latinos como Italia y España (Ferrer); en Francia fueron famosos Elíseo Reclus y Juan Grave. En Rusia se manifestó como nihilismo y más tarde como bolchevismo. Per.
Bibliografía
M. Nettlau,
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E. Comín Colomer, Historia del anarquismo español , Barcelona, 1955.