AGONÍA
Índice interno:
1. Definición y características ·
2. Deberes para con los agonizantes ·
1. Definición y características Como lo indica la misma etimología ( ἀγωνία = combate), este término expresa la última lucha del organismo viviente contra la muerte. Durante la a. la conciencia queda con frecuencia abolida o fuertemente obnubilada (aunque en muchos casos persiste en toda su lucidez hasta el fin), los rasgos del rostro se estiran, los labios se secan, la frente se cubre de sudor frío, las extremidades se enfrían, la respiración es irregular, el pulso casi imperceptible, la temperatura habitualmente desciende, aunque haya sido precedida de una alta fiebre. Con frecuencia el agonizante yace mudo en su lecho, otras veces se ve agitado del delirio, otras emite un ronco lamento tal vez involuntario, tal vez expresión de un sufrimiento interior. El conjunto de estos diversos fenómenos, que se van acentuando hasta la muerte, expresa la debilidad progresiva de todas las funciones vitales. La duración de la agonía es variable: en algunos casos brevísima (traumatismos, infecciones agudas, envenenamientos, etc.), en otros larguísima (cardiopatías crónicas, tumores, etc.).
2. Deberes para con los agonizantes Los agonizantes han de ser asistidos y curados hasta su muerte amorosa e inteligentemente, debiéndose tener siempre presente la posibilidad de su vuelta a la vida. Téngase en cuenta que el último sentido que se extingue es el del oído, de manera que en presencia de un moribundo se ha de evitar con todo cuidado, sobre todo por parte del médico, el hablar en términos desesperados, antes bien se le ha de infundir ánimo y esperanza para hacer menos angustiosos los últimos momentos del agonizante. Sin embargo, tampoco se le han de decir palabras de engañosa confianza que le impidan darse cuenta de la gravedad de su estado. En presencia de un hereje, en general no siempre conviene turbar su conciencia, cuando el manifestar la verdad íntegra no ha de producir el fruto de abrazarla generosamente.
El médico ha de procurar calmar los frecuentes y graves dolores del moribundo con analgésicos oportunos (v. también Eutanasia ); pero en este caso no se han de buscar de propósito dosis que supriman la conciencia; por el contrario, se ha de hacer lo posible para mantenerla despierta, tanto por incrementar la lucha contra la muerte, como para no turbar las misteriosas relaciones entre la conciencia y Dios en los últimos instantes de la vida: sobre todo en el caso de pecadores impenitentes, ya que hasta el fin siempre es posible a una conciencia despierta un acto de contrición. Sólo cuando el enfermo haya sido reconciliado, puede ser lícito emplear medios para calmar su dolor, aun previendo que éstos han de traer la abolición de la conciencia, siempre bien entendido que prácticamente se pueda excluir el peligro de acelerar la muerte. De la misma manera, por analogía, pudiera obrarse con el condenado a la pena capital, reconciliado ya, que desease tener su conciencia obnubilada antes de subir al patíbulo, aun cuando es preferible la aceptación consciente de la pena en expiación de las culpas propias. Riz.
Bibliografía
C. Patrizi, Agonia , en EI , I, 1905
L. Sgreccia, Diccionario de moral profesional para médicos , Barcelona, 1953.