VIRGINIDAD (de María)
En sentido propio es la integridad física de los órganos de la generación. La virginidad de María ha sido muchas veces combatida por los herejes: primero los judíos esparcieron fábulas nefandas sobre la Concepción y Nacimiento de Jesús; siguiéronles Cerinto y Celso; más tarde, en el s. IV, los Antidicomarianitas, refutados por Epifanio; Joviniano, condenado en el Sínodo Romano de 390; Bonoso, reprobado por el Papa Siricio; Elvidio, impugnado por S. Jerónimo; de estos errores se hicieron eco los luteranos y socinianos; finalmente los Racionalistas modernos pretenden que la virginidad de María es un mito.
Es verdad de fe católica que Nuestra Señora fue siempre Virgen perfecta antes del parto, en el parto y después del parto. En el símbolo apostólico confesamos: «Y nació de Sta. María Virgen»; en las más antiguas liturgias es frecuente el título de ἀειπαρθένος (= siemprevirgen) dado a María. En el Conc. Romano (bajo Martín I) se define a María Inmaculada, siempre Virgen, que concibió sin obra de varón y permaneció intacta aun después del parto (DB, 256).
En la Sda. Escritura: Isaías 7, 14: «He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo y se llamará Dios-con-nosotros». Este texto es ciertamente mesiánico, por lo que la Virgen a que se refiere es María: en hebreo se lee «alma» o también «ha almah», que los Racionalistas pretenden traducir con la palabra joven o muchacha, y no virgen, que según ellos corresponde a la palabra «bethullah». Pero el uso bíblico justifica este sentido de «Virgen» para la primera palabra, como se ve por las versiones: los Setenta traducen ἡ παρθένος = virgen. El contexto requiere este sentido por predecirse en aquellas frases un suceso prodigioso. En el Evangelio se cita esta profecía (Mt. 1, 18-23) y se describe con detalles muy precisos la virginidad de la Concepción de Jesús, por obra del Espíritu Santo. Jesús «putabatur» Hijo de José (Lc. 3, 23). Lucas, con gran delicadeza, da a entender que el parto de María no dañó su virginidad (2, 7).
Los Santos Padres ven profetizada la virginidad de María después del parto en Ezequiel, 44, 2: «Esta puerta quedará cerrada, ninguno pasará por ella, porque por aquí entró el Señor Dios de Israel». Toda la Tradición se muestra unánime en defender la perpetua virginidad de María: San Agustín afirma, como resumiendo el pensamiento de todos: «Concipiens virgo, pariens virgo, virgo gravida, virgo feta, virgo perpetua».
La razón teológica está en la divinidad del Verbo y en la maternidad divina de María, a la que repugnaba toda corrupción. No existe dificultad en el título de Primogénito que se da a Jesús: por documentos históricos consta que esta palabra significaba el primer nacido, aunque después no hubiera más hijos. Los hermanos de Jesús, de que se habla en el Evangelio (Mt. 12, 46; Lc. 8, 18), en el uso hebraico no son más que sus parientes.
Bibliografía
Sto. Tomás, , III, q. 28;
J. M. Vosté, , Roma, 1933;
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