LOGOS
(gr. Λόγος = pensamiento, palabra; lat. verbum): Es el término con que designa S. Juan al Hijo de Dios, segunda Persona de la Sma. Trinidad (Evangelio, Prólogo; Apocalipsis, 19, 13). En todo el N. T. sólo S. Juan usa esta denominación en sentido personal. Por esto no pocos críticos racionalistas han sostenido, y alguno sostiene todavía, la tesis de una derivación del Prólogo de S. Juan de doctrinas filosóficas helenísticas, que entonces florecían en Alejandría, y más concretamente de las del filósofo Filón, empapado de helenismo.
Ciertamente la palabra Logos y su doctrina correspondiente se encuentran en el Estoicismo y en el Neoplatonismo alejandrino. Los estoicos admitían un Logos como principio racional de todas las cosas inmanente en el mundo y que se manifiesta como energía de cohesión o de vida, como pensamiento y voluntad. Este Logos, principio divino y alma del mundo, se encuadra en la concepción panteísta propia del Estoicismo (v. esta pal.).
En cambio, los Neoplatónicos desarrollan la teoría del Logos a partir del concepto del «Demiurgo», que Platón ponía como ente intermedio entre su Dios trascendente y el mundo sensible. De manera que el Logos Platónico no era Dios, sino algo intermedio entre Dios y los hombres, un artífice que plasmó la materia preexistente a imitación de las ideas subsistentes. Filón adopta y funde las dos concepciones antitéticas, formulando una híbrida doctrina del Logos, que es para él la sabiduría divina, o la imagen de Dios, o uno de sus Ángeles, o el Sumo Sacerdote, o la ley y fuerza vital de la naturaleza. Es muy difícil obtener un concepto preciso de las ideas filonianas, incluso por el gran uso que hace Filón en sus escritos, del simbolismo y de la retórica.
El Logos de S. Juan no tiene nada que ver con el de Filón, al menos por estas dos razones evidentes: a) mientras el Logos evangélico es una persona viva, el Cristo histórico Creador y Redentor del mundo, el Logos de Filón no tiene contornos personales, sino que se reduce a una alegoría vaga y proteiforme; b) el Logos evangélico es Dios verdadero y propio, el de Filón es llamado divino e incluso a veces Dios, pero, como nota el mismo autor, en sentido metafórico.
Por esto y por otros motivos la crítica seria no habla ya de derivación de una doctrina de la otra. Las fuentes verdaderas del Logos de S. Juan son los libros sapienciales del A. T. y la doctrina cristológica de S. Pablo, que aplica a Cristo las personificaciones y atributos de la divina Sabiduría, llamada también algunas veces Logos en aquellos libros del A. T. V. Verbo.
Bibliografía
J. M. Vosté, , Roma, 1925;
J. Lebreton, , Paris, 1927;
P. Parente, , en «Simbolo», vol. II, Asís, 1942.