SOBRENATURAL
Lo que supera o trasciende la naturaleza creada en el ser o en el obrar. La naturaleza (v. esta pal.), en cuanto es creada es finita y limitada en su constitución esencial, en su grado de ser y, por consiguiente, en su capacidad de obrar y de recibir. Se dice que un elemento es sobrenatural: a) cuando está fuera y por encima de la constitución de una naturaleza creada; b) cuando no puede ser término proporcionado de la potencia activa de aquella naturaleza; c) cuando no se le debe a ella ni física ni moralmente. Tal es la gracia divina, don gratuito infundido por Dios en la criatura racional, la cual se hace por él semejante a Dios (deiforme) en el ser y en el obrar.
El sobrenatural es una generosa comunicación de Dios a su criatura, o por medio de la intelección intuitiva, como la visión beatífica (v. esta pal.), o por medio de una modificación accidental de la naturaleza, como la gracia. La naturaleza creada no tiene frente al sobrenatural ni exigencia ni tendencia propia, sino puramente capacidad pasiva para recibir la acción de Dios, que la eleva a un orden superior. Esta capacidad se llama potencia obediencial, por la cual la naturaleza obedece al influjo especial de Dios. Ella representa el punto de inserción del sobrenatural en la naturaleza.
Además del sobrenatural absoluto (gracia, milagro) hay el sobrenatural relativo, que trasciende no todas, sino sólo una de las naturalezas creadas (p. ej., la ciencia infusa, natural en el Ángel, sobrenatural en el hombre); y el preternatural, que, aun superando la naturaleza creada, no la trasciende, sino que la perfecciona en su propio orden (p. ej., la inmortalidad del cuerpo).
El Tomismo mantiene una línea de distinción neta entre la naturaleza creada y el sobrenatural; en cambio, el Escotismo tiende a ligar la una con el otro sin discontinuidad (v. Deseo [de Dios]). En estos últimos tiempos se destaca la tendencia de algunos teólogos a hacer del sobrenatural un desarrollo de la naturaleza, eliminando de esta manera la distinción entitativa entre los dos órdenes (cfr. De Lubac, Surnaturel, Aubier, 1946). Pío XII, en su Encíclica Humani generis (1950), señala y deplora esta tendencia.
Bibliografía
J. V. Bainvel, , Paris, 1931;
A. Vermeersch, , Paris, 1932;
L. Capéran, , Paris, 1938;
H. de Lubac, , Aubier, 1946 (obra muy criticada);
V. de Broglie, , París, 1948;
C. Boyer, , en «Gregorianum», 1947, p. 379 ss.;
Id., , en «Gregorianum», 1948, p. 527 ss.;
J. Alfaro, , Madrid, 1952;
B. M. Xiberta, , Est. Francis. 45 (1943), 35-46.