REDENCIÓN
(lat. redimere = volver a comprar): Significaba antiguamente rescate, y de aquí pasó a significar la liberación de un esclavo, o de una cosa vinculada, por dinero. En el campo religioso la Redención se entiende en relación al pecado, el cual dice ofensa a Dios y esclavitud moral; es decir, que tiene un aspecto objetivo y un aspecto subjetivo. A su vez la Redención implica una reparación, expiación o satisfacción (objetivamente) y un rescate, liberación o reintegración (subjetivamente). El término Redención se enriquece aún más con el cristianismo, que es esencialmente un mensaje de salvación, una soteriología concentrada en Jesús, nombre que según la etimología hebrea significa precisamente Salvador.
El esquema que traduce aproximadamente las riquezas del concepto católico de Redención se puede trazar en la siguiente forma: El hombre, pecando, ofendió a Dios y se hizo esclavo del pecado y del demonio que le tentó a cometerlo; no pudiendo el hombre remediar tanta ruina, el Verbo se encarna, ligando a sí la humanidad (Cuerpo místico), expía y repara en lugar del hombre pecador ante Dios ofendido (satisfacción vicaria), mereciendo para todos la reconciliación con Dios y la liberación de la esclavitud de Satanás y del pecado. El Luteranismo exageró el aspecto objetivo, reduciendo la Redención a una sustitución penal de Cristo en lugar de los hombres, que no pueden hacer nada por cuenta propia (extrinsecismo); los socinianos, Protestantes liberales y Modernistas reducen, en cambio, la Redención a una obra individual, a la cual contribuye Jesucristo con el influjo moral de su ejemplo (moralismo subjetivo).
Pero la doctrina católica, basada en la divina Revelación, evita los excesos y templa armónicamente los diversos elementos y aspectos en un cuadro orgánico: Cristo Redentor se coloca en sustitución nuestra para expiar, pero nosotros estamos en Él y somos solidarios con Él, por razón del Cuerpo místico; Él nos redime con toda su vida terrena y especialmente en virtud de su muerte, sacrificio expiatorio con eficacia físico-moral: pero el hombre, para actuar en sí la salvación obrada por Cristo debe adherirse a Él libremente con la fe y la caridad y con el uso de los Sacramentos.
Estos conceptos se deducen de: Is. cap. 53 (poema soteriológico del «Siervo de Iahweh»); Mt. 20, 28; 26, 28; Mc. 10, 45; 14, 24; Lc. 19, 10; 22, 20; Jo. 1, 29; 10, 15; Apoc. 5, 8; I Jo. 2, 2; I Petr. 1, 18; 2, 21, y sobre todo de las Cartas de S. Pablo, que insiste especialmente en el valor redentor de la muerte de Cristo (cfr. Rom. 3, 24; Efes. 1, 7, y 5, 2; I Tim. 2, 6; Gal. 3, 13; Hebr. pássim, etc.). Los mismos racionalistas reconocen que toda la doctrina de S. Pablo es una soteriología vivamente realista animada del concepto del Cuerpo místico, por el cual la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se hacen nuestras, como es nuestro el pecado de Adán.
Entre los Padres todos los elementos constitutivos de la Redención se hallan más o menos desarrollados, según los diversos períodos y escuelas. Algunos insisten sobre el realismo paulino, especialmente los Occidentales, otros (Orientales) sobre el misticismo juaneo (Redención = deificación del hombre por medio del Verbo Encarnado, Luz-Vida). A veces recurren a metáforas y alegorías para ilustrar eficazmente el misterio al pueblo, como p. ej. a éstas: Cristo paga con su sangre a Satanás para librar al hombre de la tiranía; Dios engaña al diablo, que desahoga su cólera contra Cristo inocente, creyéndole verdaderamente pecador, y por consiguiente pierde el derecho a atormentar a los demás hombres. Los Racionalistas han querido ver, sin razón ninguna, en estos recursos oratorios de los Padres una verdadera mitología cristiana. Finalmente, el Conc. Trid. precisó diligentemente en contra de las aberraciones luteranas los principios básicos de la doctrina católica en las Ses. 5 y 6 (DB, 787 ss.).
Bibliografía
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M. Cordovani, , Roma, 1945. * Card. Gomá, , Barcelona, 1944.