Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

RESURRECCIÓN (de Cristo)

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Jesús resucitado de la muerte a una vida nueva es una verdad atestiguada históricamente por todos los Evangelistas y por S. Pablo, la cual desde los primeros días del cristianismo no sólo fue parte del mensaje evangélico, sino que fue su fundamento y alma, por lo que ocupó el centro de la Liturgia y de la vida de la Iglesia naciente.

La crítica moderna ha empleado todos los medios para destruir la realidad histórica de este hecho: fraude de los Apóstoles, teoría de la alucinación o de la muerte sólo aparente de Jesús, etc. Pero hasta ahora ninguna de estas tentativas ha conseguido resolver seriamente el problema. Los exegetas católicos, contra todos los ataques de la crítica antigua y nueva, de Reimarus a Loisy, oponen los siguientes puntos incontestables: 1.º, la muerte real y verdadera de Cristo y su sepultura, narradas por los Evangelistas con toda riqueza de detalles y de circunstancias; 2.º, Jesucristo redivivo en toda su física realidad, atestiguado por personas serias y fidedignas como Pedro y Pablo en público, delante de los judíos, que los hubieran desmentido si hubieran podido; 3.º, antes de la narración de los Evangelistas está el testimonio enérgico de Pablo (entre el 53 y el 55), que vio a Cristo en el camino de Damasco y fue a Jerusalén, donde conversó con Pedro y Santiago, de quienes pudo obtener noticias particulares de la admirable Resurrección de Cristo, que es para él la razón de ser de la fe y del apostolado. S.

Pablo la atestigua con un lenguaje casi ritual, que parece el eco de la catequesis original de la primera comunidad cristiana al día siguiente de la Ascensión de Jesús; 4.º, el fenómeno psicológico de la alucinación era imposible en espíritus tan desconfiados y turbados como eran en aquellos días los de los Apóstoles: tanto es así que en las primeras apariciones del Resucitado se llenaron de terror y Jesús hubo de persuadirles de la realidad de su cuerpo comiendo y haciéndose tocar de ellos; 5.º, entre la muerte de Jesús y el primer testimonio de su Resurrección hay un período de tiempo tan breve que no pudo bastar en absoluto a la formación de una leyenda; 6.º, si los Evangelistas hubieran querido inventar y engañar se hubieran puesto de acuerdo en su relación, la cual, sin embargo, presenta diversidad de detalles y de colorido que prueba precisamente la sinceridad y objetividad de los testimonios; 7.º, reducir a un fraude o a un alucinamiento el cambio obrado por la Resurrección en los Apóstoles, antes tan tímidos y cobardes, y la misma conversión y apostolado de S. Pablo es un absurdo.

La Resurrección es al mismo tiempor la prueba suprema de la divinidad de Cristo y la razón del fervor en la fe, en el apostolado y en el martirio, que caracteriza los primeros tiempos del cristianismo.

Bibliografía

Sto. Tomás, , III, q. 53;
M. Lepin, , París, 1908, p. 77 ss.;
Grandmaison, , Barcelona, ELE, 1941;
Ricciotti, , Barcelona, 1948;
J. Schmitt, , París, 1949.

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