PERSONA
Boecio la define: «Sustancia individua de una naturaleza racional.» Sto. Tomás, más conciso y más exacto: «Subsistente distinto en naturaleza intelectual.»
La doctrina acerca de la persona es casi exclusivamente cristiana, y brota a la luz de los misterios de la Trinidad y de la Encarnación. La mejor filosofía pagana (el mismo Aristóteles) no llegó a enfrentarse plenamente con este problema. La primera conquista del pensamiento cristiano es la distinción entre naturaleza y persona, sugerida por aquellos misterios.
Los escolásticos, siguiendo las huellas de los Santos Padres, elaboraron una rica doctrina con muy diversas posturas. La persona es un todo del que la naturaleza es la parte fundamental; además de la naturaleza comprende los principios individuales, que se derivan de la materia, los accidentes y el ser propio que saca de sus causas a la realidad la naturaleza individuada, que es racional, si se trata de una persona, e irracional o también inanimada, si se trata de un supuesto.
Pero ¿cuál de estos elementos es el que constituye, formal y definitivamente, la persona como tal? Este problema ha tenido diversas soluciones; llamando subsistencia a la nota constitutiva formal de la persona, las escuelas se diferencian según el modo negativo o positivo con que conciben la subsistencia.
A) Negativo: Scoto sostiene que la subsistencia o personalidad es la incomunicación (una naturaleza en cuanto no comunica con otra); Tifanio, recogiendo esta sentencia, creyó darle un carácter positivo diciendo que la subsistencia es la totalidad o plenitud de una naturaleza en sí misma.
B) Positivo: Algunos (Cayetano y Suárez) traducen la subsistencia a un modo sustancial, que termina la naturaleza; otros (Capréolo y muchos modernos) la reducen al ser propio de la sustancia. Esta última sentencia es preferible por su simplicidad y por acomodarse mejor a las definiciones del Magisterio Eclesiástico. P. ej., en la Encarnación la naturaleza humana de Cristo no es persona porque no tiene su ser propio, sino que subsiste en virtud del ser divino del Verbo y participa, por lo tanto, de su divina personalidad.
La filosofía moderna tiende a defender que la persona se constituye en virtud de la conciencia de sí mismo: contra esta opinión hay dificultades serias de orden filosófico y teológico. La conciencia del yo supone el yo existente y lo revela, pero no lo constituye.
Bibliografía
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