SUSTANCIA
Se define en el lenguaje escolástico: lo que por su naturaleza puede existir en sí mismo y no exige un sujeto de inhesión para existir.
Se opone al accidente, que no puede existir naturalmente, sino en un sujeto que lo sustente, como el color en la pared. La sustancia, entendida de esta manera, y el accidente son las categorías o predicamentos supremos que dividen todos los entes reales; todo lo que existe es sustancia o accidente. Conviene distinguir la sustancia creada, que es la que acabamos de definir, de la sustancia increada (Dios), la cual no sólo es en sí y por sí, sino también de sí. La sustancia no es objeto de los sentidos, como los accidentes, sino del entendimiento, aunque no por esto es menos real que ellos.
El «sensismo», base del empirismo (v. esta pal.) y del «fenomenismo», ha llegado a la negación de la sustancia de las cosas (Locke, Hume). A esta corriente se suman los positivistas (v. esta pal.) y los llamados «actualistas», que reducen la sustancia a la serie de hechos y de fenómenos o a la actividad misma de las cosas (Taine, Ribot, Paulsen, Huxley). Contra esta negación basta acudir al testimonio de la conciencia, que afirma la permanencia de un mismo sujeto, de un mismo «yo» no obstante la sucesión continua de mutaciones y fenómenos en cada individuo.
La doctrina católica defiende la realidad de la sustancia, distinta realmente de sus accidentes, y, basada en este principio, explica el misterio de la Transustanciación (v. esta pal.), por el cual la sustancia del pan y del vino se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, permaneciendo intactos los accidentes o especies de ambos elementos consagrados.
La sustancia puede tomarse también en el sentido de esencia de la cosa («aquello por lo cual la cosa queda constituida dentro de su especie») y entonces se divide en primera y segunda. La sustancia primera (Aristóteles: οὐσία πρώτη) es la que se halla individuada y subsistente en su realidad física, p. ej. Ticio; la sustancia segunda (οὐσία δευτέρα) es la esencia específica abstraída del sujeto individuo y atribuida a todos los individuos de la misma especie, p. ej. la humanidad, común a todos los hombres.
La sustancia primera coincide, para los seres racionales, con la persona (v. esta pal.). En el hombre hay dos sustancias, una material (cuerpo), la otra espiritual (alma), que se completan y forman una sola sustancia o esencia compuesta, a la que da profunda unidad el único acto del ser. En Dios la sustancia es única y tres las Personas subsistentes en ella, como relaciones realmente distintas (v. Trinidad).
Bibliografía
R. Jolivet, , Paris, 1929;
C. Boyer, , Paris, 1930, vol. I, p. 340 ss.