Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

MÍSTICA - MISTICISMO

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La mística, en sentido práctico, es una condición de vida sobrenatural intensa que implica un conocimiento casi experimental y espiritual de Dios, acompañado a menudo de fenómenos psíquicos extraordinarios (éxtasis, estigmas, etcétera). En sentido teórico es la ciencia que estudia esta elevada espiritualidad bien desde el punto de vista teológico (Teología de la mística), bien desde el punto de vista psicológico (Psicología de la mística).

La parte esencial de la mística es aquel sabroso conocimiento experimental de Dios a que se da también el nombre de Contemplación (v. esta pal.); tiene sus raíces en la gracia y en las virtudes infusas, especialmente en la fe y en la caridad, así como en los dones del Espíritu Santo. Iniciada en el espíritu humano con la cooperación del hombre, llega a la cumbre por influjo divino imprevisto, sin aquella cooperación, determinando fenómenos internos y externos que difícilmente pueden ser analizados y expuestos. Santa Teresa reduce a cuatro los grados de la Contemplación mística: 1.º, la quietud, en que el espíritu descansa sin verse libre todavía de todas las distracciones; 2.º, la unión plena, en que el sentimiento de la presencia de Dios es vivo y toda distracción es vencida; 3.º, el éxtasis (v. esta pal.), en que cesa el uso de los sentidos y todo movimiento del cuerpo; 4.º, la unión transformante o nupcias espirituales, en que el alma gusta de la presencia de Dios y se siente partícipe de su vida divina.

Son diversas las opiniones y los sistemas de clasificación de las fases y fenómenos de la vida mística; pero, según la opinión común, consiste esencialmente en un acto de conocimiento altísimo de Dios, intermedio entre la fe y la visión beatífica e inmediata, y en un acto de amor, que acompaña a este conocimiento. Los fenómenos psíquicos son como una repercusión sensible de aquellos actos esenciales.

Fuera del cristianismo se encuentra una tendencia o sistema místico en las religiones de misterios (p. ej. el Orfismo) y en doctrinas filosóficas como la de Plotino. En el terreno cristiano, además del misticismo ortodoxo, vivido y profesado por almas tan extraordinarias como S. Bernardo, S. Francisco de Asís, Sta. Catalina de Sena, S. Juan de la Cruz, la ya citada Sta. Teresa, S. Pablo de la Cruz, ha surgido de cuando en cuando un misticismo degenerado, que la Iglesia ha condenado inmediatamente, como, p. ej., el Molinosismo (v. esta pal.). Muchos psicólogos y fisiólogos llevados de un juicio superficial pretenden reducir toda forma de misticismo a manifestaciones morbosas (histerismo, neurastenia, etc.) sin considerar que, según la doctrina católica, el misticismo es ante todo una vida sobrenatural llena de intensidad y en un plano secundario la manifestación de fenómenos psíquicos extraordinarios, que han de estar en armonía con la santidad y equilibrio moral del místico.

Bibliografía

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