Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

MAL

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Es el objeto de un problema que ha atormentado siempre a filósofos y teólogos. El primero que intentó una solución integral de tan viejo problema fue S. Agustín, obligado a estudiarlo en su lucha contra el Maniqueísmo (v. esta pal.), que ponía junto al Principio del bien el Principio del mal, según la concepción mazdeísta de los Persas. S. Agustín combatió este extravagante dualismo sirviéndose del concepto neoplatónico (cfr. Plotino) del mal como non-ens, esto es, como privación del ser y, por lo tanto, del bien. En el mismo sentido habla difusamente el Seudo-Dionisio (De divinis nominibus, c. IV). Partiendo de estas fuentes llegó Santo Tomás en el desarrollo de la doctrina del mal en relación con la creación, la Providencia y Ciencia divina (v. estas pal.) y la moción de Dios en las criaturas (v. Concurso).

Los puntos principales de la doctrina tomista son los siguientes: 1) El mal, metafísicamente, es una privación parcial del bien y, por lo tanto, es más bien un non-ens; p. ej. la ceguera es igual a la ausencia o falta del bien de la vista en el hombre, que debiera tenerla. 2) Donde está la plenitud del ser, en el acto puro (Dios), no es posible el mal; en cambio, se mezcla con el bien donde hay potencia y, por lo tanto, defectibilidad. Desde el punto de vista del ser el mal tiene su raíz en la limitación y multiplicidad de los seres creados. En la línea de la operación el mal se ingiere entre la potencia y el acto, en cuanto la primera no puede alcanzar el segundo, p. ej. en la semilla que no alcanza el desarrollo. 3) El mal, en cuanto non-ens, no puede causar (= realizar = dar el ser), ni puede ser causado, sino per accidens, por el mismo bien. De esta manera Dios, al crear el mundo (= bien), es causa indirecta también del mal, que se encuentra en el bien creado, que es necesariamente limitado, múltiple.

4) El mal no está ni en la intención ni en la idea de Dios, que lo conoce por medio del bien de que es privación. El mal, tanto físico como moral (= pecado), viene todo de las criaturas deficientes en su obrar por ser limitadas en su ser. 5) El mal no repugna a la Providencia, porque Dios provee ordenadamente al bien universal, que a menudo exige el sacrificio del bien particular. Por otra parte, Él, que no quiere, sino que permite, el mal, sabe sacar el bien del mal. P. ej. la culpa original, que acentuó el mal físico y moral en el mundo, fue permitida por Dios, que levantó sobre ella la obra grandiosa de la Redención.

Bibliografía

Sto. Tomás, ;
R. Jolivet, , Paris, 1936;
Sertillanges, , Paris, 1925, I, p. 61 ss.;
L. de Rosa, , Palermo, 1929, 2 vols.;
F. Parente, , en , 1940;
L. Lavelle, , Paris, 1940.

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