ACTO (Puro)
Recuérdese la teoría aristotélica del ser dividido en acto y potencia. Heráclito redujo toda la realidad al movimiento, πάντα ῥεῖ; Parménides, en cambio, la concibió como un ser único inteligible, negando el movimiento. Aristóteles, precisamente para explicar el movimiento o el evidente devenir de las cosas, vino a descubrir que el ser tiene necesariamente dos momentos: uno de indeterminación, de falta, de capacidad de desarrollo; el otro de determinación, de adquisición y de desarrollo. Ejemplo: la semilla que viene a ser la planta. Llámase al primer momento potencia, y al segundo acto. La potencia dice realidad limitada que puede llegar al mínimo, a los confines de la nada, como la materia prima; el acto, en cambio, importa riqueza de realización y, por tanto, de ser.
El acto lleva al ser hacia una perfección cada vez mayor, de manera que cuanto una cosa es más acto, tanto más rica es en perfección, es decir, en ser. Se puede pensar y puede existir un Ente que sea todo acto sin potencia alguna: éste sería la perfección total, es decir, todo el ser sin posibilidad de desarrollo ni, por tanto, de mutación.
Este Ente es Dios, Acto puro, porque es el ser subsistente, plenitud de ser y, por tanto, inmutable. Santo Tomás, siguiendo las huellas de Aristóteles, que entiende el movimiento como paso de la potencia al acto, prueba en su primera vía la existencia de Dios como Motor inmóvil, que mueve todo sin moverse; es decir, como acto puro, fuente de toda perfección, posesión plena del ser, del cual participa el mundo con la creación y a quien tiende en su devenir, como a su propio fin.
Bibliografía
Sto. Tomás, Summa Theol., I, q. 2, a. 3.
Id., Comp. Theol., donde Sto. Tomás resume todas las perfecciones de Dios en el concepto de Acto puro, Motor inmóvil.
Garrigou-Lagrange, El sentido común, Buenos Aires, 1945.
A. D. Sertillanges, S. Thomas d’Aquin, París, 1925, I, p. 70 ss.
Gredt, Doctrina thomistica de potentia et actu vindicatur, en Acta Pont. Acad. Rom. S. Thomae Aq., Turín, 1939.