Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

IMPECABILIDAD

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Imposibilidad física o moral de cometer pecado.

Es doctrina de fe que a Jesucristo le es propia no sólo la inmunidad de todo pecado, sino también una verdadera y propia impecabilidad: el mismo Jesús desafía a sus enemigos con aquellas solemnes palabras (Jo. 8, 48): «¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?» El Conc. de Éfeso afirma que Jesucristo no conoció el pecado. S. Pablo proclamó a Cristo «Pontífice inmaculado... segregado de los pecadores» (Hebr. 7); y S. Pedro (I Ep.) y S. Juan (I Ep.) afirman categóricamente que en Cristo no hay sombra de culpa. Lo mismo afirman los Santos Padres cuyo pensamiento resume enérgicamente S. Cirilo Al. diciendo: «Son totalmente necios quienes dicen que Cristo ha podido pecar».

La razón de la impecabilidad de Cristo está en la unión hipostática, por la cual siendo una la Persona (Verbo), uno es el sujeto al que se atribuyen las acciones divinas y humanas; así pues, si en Cristo se diese el menor pecado habría que atribuirlo al Verbo, lo que es absurdo. Contribuyen a esta impecabilidad la visión beatífica, la plenitud de la gracia y los dones sobrenaturales que enriquecían el alma de Jesucristo. Considerado todo esto, la impecabilidad del Redentor, aun perteneciendo al orden moral, tiene un fundamento metafísico.

Atribúyese también la impecabilidad a la Virgen María a causa de su sobrehumana dignidad de Madre de Dios, de la exención del pecado original y por lo tanto del «fomes» de la concupiscencia y, finalmente, por la plenitud de la gracia de que estuvo adornada. Pero la impecabilidad de María no fue intrínseca como la de Jesús, sino más bien extrínseca, esto es, debida a una especial asistencia de Dios. De hecho en María no hubo pecado alguno ni siquiera venial (Conc. Tridentino).

Bibliografía

Todos los manuales ;
E. Hugon, , París, 1931, p. 292 ss.;
P. Parente, , Turín, 1951;
P. Richard, «Impeccabilité», en DTC.

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