IDEALISMO
Según los más autorizados idealistas modernos, se puede definir: «Concepción que resuelve el mundo en el acto espiritual o del pensamiento, unificando la infinita variedad humana y natural en una sola unidad absoluta en que lo humano es divino, y lo divino, humano» (G. Gentile, Teoria general del espíritu).
Éste es el idealismo llevado a sus más extremas consecuencias (actualismo gentiliano); pero el Idealismo tiene su génesis histórica, que se remonta a Parménides, que fue el primero en presentar la realidad verdadera como un puro pensamiento. El Idealismo como exaltación del espíritu o sujeto pensante tiene ciertamente sus raíces en Descartes († 1650), quien, subordinando la realidad al pensamiento humano, inauguró aquel subjetivismo (v. esta pal.), que, a través de la escuela inglesa (Locke, Berkeley, Hume), llega a Kant y avanza hasta el punto de sustituir las categorías a priori del pensamiento a la realidad «nouménica», a la que se declara incognoscible en sí misma (v. Kantismo).
Aquí se inicia el Idealismo alemán, que, paso a paso, va reduciendo toda la realidad, aun la fenoménica, al Yo trascendental (Panegoísmo de Fichte) o al Absoluto (Schelling) o a la Idea en continuo devenir (Panlogismo de Hegel). El Idealismo alemán se introdujo en Italia por obra principalmente de B. Spaventa († 1873), se afirma con Benedetto Croce y triunfa con G. Gentile. El Idealismo italiano se puede resumir esquemáticamente en los siguientes puntos fundamentales:
1.º Toda la realidad se resuelve únicamente en el Espíritu como puro acto o pensamiento pensante (Actualismo).
2.º No hay nada real fuera de este pensamiento, nada trascendente, sino que todo es inmanente en él (Inmanentismo-Monismo).
3.º El Espíritu o acto pensante se halla en continuo devenir, es decir, se hace por un proceso creativo inmanente («autoctisis»), en que se pone y se supera bajo diversos aspectos (Dinamismo dialéctico).
4.º El Espíritu recorre un ciclo triádico de tesis, antítesis y síntesis, en que se halla la génesis de toda realidad. Croce distingue cuatro grados o fases de la actividad inmanente del espíritu, dos de orden teórico (Estética, Lógica) y dos de orden práctico (Economía, Ética). Gentile, en cambio, distingue tres momentos: a) pura subjetividad (arte); b) objetivación (religión); c) síntesis del sujeto-objeto (filosofía).
5.º Los hombres en individuo son otros tantos Yo empíricos, que se unifican en un Yo trascendental, que es el Acto pensante en que se encuentra en devenir toda la realidad (Dios y mundo).
Prescindiendo de otras dificultades, el Idealismo se manifiesta absurdo: 1.º, porque pretende que el Espíritu o Acto pensante se crea a sí mismo, admitiendo el concepto inconcebible de una cosa causa de sí misma; 2.º, porque identifica lo finito con lo infinito; lo contingente con lo absoluto, y admite la posibilidad de una evolución del Yo trascendental presentado como infinito, eterno y por lo tanto perfectísimo; 3.º, porque no consigue explicar la distinción, variedad y oposición de las conciencias individuales, coeficientes y autoras del drama de la vida humana; 4.º, porque suprime la distinción entre verdad y error, entre mal y bien, proclamando que el Espíritu en el acto de pensar es siempre verdad y bien, y que el error y el mal son el pasado del mismo Espíritu.
El Idealismo como sistema panteístico y por su relativismo en el orden moral es irreconciliable con el Cristianismo.
Bibliografía
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