Diccionario de Teología Moral

Giuseppe Graneris (Gra.)

IDEALISMO

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1. Ilustración. - Pudiera darse este nombre a todo sistema filosófico que en la interpretación del mundo dé preferencia al elemento ideal sobre el natural. El i. sería por lo tanto la oposición al naturalismo, materialismo, positivismo y en general a todos los sistemas que dan la prevalencia a la naturaleza. Pero hoy los sistemas idealistas tienen una acentuada tendencia monística y actualística, esto es, no se limitan a subordinar la naturaleza a la idea, sino que tienden a absorber aquélla en ésta, y a ésta le sustraen toda sustancialidad, llamándola con diversos nombres (espíritu, acto), pero siempre volatilizándola en algo no sustancial, haciendo de ella una actividad sin agente.

2. I. y ética. - La posición de estos sistemas frente al mundo ético es equívoca y peligrosa como nunca. En un principio el i. se gloria de haber extendido los confines del campo moral. Negando la distinción de entendimiento y voluntad abatió las barreras que separaban la teoría de la práctica y reconoció tanto a la una como a la otra el dominio de toda la vida humana. El mismo pensamiento es acción, acto, creación, libertad, y por lo tanto toda la vida (toda la historia) es teoría, pero al mismo tiempo es práctica, esto es, moral. Este aumento cuantitativo del campo ético (incluso suponiéndolo verdadero y legítimo) no basta con todo a compensar la perversión cualitativa a que el i. condena la realidad moral. Porque la misma tendencia radicalmente monística a la cual obedece, cuando hace coincidir la teoría con la práctica, lo lleva también a suprimir todas las demás distinciones, declaradas en bloque falaces y abstractas, y conservadas solamente (cuando lo son) en sentido formalístico y con valor dialéctico.

Entre estas distinciones, condenadas a muerte real y vida aparente, están también junto a las de verdad y error, las fundamentales del mundo ético: bien y mal; virtud y vicio (pecado). Los estoicos asimilaban todos los pecados; hoy el i. asimila el pecado y la virtud. No distinguiendo el mundo real del ideal, el idealista no sabe distinguir ya el ser del deber ser, por donde establece el principio de que todo lo real es racional, proclama (con Hegel) que quien imagina el mundo del deber ser y pretende uniformar a él el mundo del ser no hace otra cosa que abandonarse a un mundo de ilusiones. Lo que debe ser coincide exactamente con lo que es; todo lo que sucede es lo que debía suceder; todo lo que se hace es lo que se debía hacer; esto es, el bien. El optimismo de esta última afirmación es difícil de defender, por lo que se trata de hacer un pequeño lugar también al mal en el mundo, pero asignándole una función exclusivamente dialéctica. El mal se opone al bien como la naturaleza al espíritu; como lo abstracto a lo concreto; como lo inactual a lo actual; como el hecho al acto; como el pasado muerto y superado se opone al presente palpitante de vida.

Lo cual significa que todo acto es bueno en el momento y en el sujeto que lo pone; pero podrá hacerse malo en virtud de otro acto que lo supere y lo condene. De esta suerte se cae en el historicismo y en el relativismo más desconcertante; se pierde todo criterio absoluto y objetivo para distinguir el bien del mal; el único criterio posible es el de la superación, que es una contingencia histórica. Para encontrar un elemento de verdad en esta doctrina hemos de colocarnos en el terreno psicológico, donde constatamos que nuestra voluntad quiere todas las cosas bajo el aspecto de bien. Pero sabemos también que este aspecto es tan genérico que no basta para garantizar en todos nuestros actos la calificación de honestidad, necesaria para que el mismo acto sea bueno en sentido moral. Constatamos además que en el momento de obrar tratamos de ordinario de persuadirnos de la bondad de nuestro acto, pero sabemos también que estos esfuerzos los realizamos muchas veces de mala fe y quedan ineficaces, por lo que sentimos dentro de nosotros la condenación de nuestro acto en el mismo instante en que lo realizamos. Gra.

Bibliografía

S. Chiocchetti, La filosofia di Benedetto Croce , Milano, 1920; id., Religione e filosofia , Milano, 1921
A. Zacchi, Il nuovo idealismo italiano di
B. Croce e di
G. Gentile , Roma, 1925
M. Cordovani, Cattolicismo e idealismo , Milano, 1928
A. Calcara, Il problema morale nei tempi moderni , Roma, 1943, p. 75-80.

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