GRACIA
(gr. raíz: χάρις; idea de placer, de alegría; cfr. lat. «gratus», de donde «gratia»): Sus diversos significados pueden reducirse a dos aspectos: 1) subjetivo (belleza, benevolencia, favor, gratitud); 2) objetivo (don, beneficio). En el lenguaje religioso helenístico χάρις significaba ya una fuerza interior infundida por los dioses. En el A. T. (hebr. «hen») equivale a benevolencia, cfr. Gen. 18, 3, y en el N. T., a don gratuito de Dios a los hombres, así Pablo (110 veces), Lucas, Juan y Pedro.
La doctrina de la gracia la ha desarrollado copiosamente S. Agustín en su lucha contra los Pelagianos (v. Pelagianismo), que la negaban comprometiendo todo el orden sobrenatural. El Magisterio de la Iglesia se ocupó en varias ocasiones de la gracia, principalmente en los Conc. Cartag., II de Orange y Trid. (DB, 101 ss.; 174 ss.; 793-843); en las Proposiciones condenadas de Bayo y Jansenio (DB, 1001 ss. y 1902 ss.). De estos documentos se deduce la definición de la gracia: «don gratuito sobrenatural infundido por Dios en la criatura racional en orden a la vida eterna».
Divisiones: a) gracia gratis data, ordenada al bien del prójimo (p. ej. el don de profecía), y gracia gratum faciens, ordenada al bien de quien la recibe. b) gracia actual (influjo divino transeunte): operante-cooperante; preveniente-subsiguiente; excitante-ayudante; suficiente-eficaz.
Gracia habitual (don permanente a manera de hábito): gracia santificante (en la esencia del alma); virtudes infusas (en las facultades); dones del Espíritu Santo.
La gracia en general confiere al hombre el poder obrar de modo sobrenatural en orden a la vida eterna. La gracia trasciende el orden natural.
Bibliografía
Sto. Tomás, , I-II, qq. 110-111;
I. Van der Meersch, , Brugis, 1924;
H. Rondet, , París, 1948 (estudio cuidadoso de la gracia, aceptable con alguna reserva);
F. Wallaud, , Colle don Bosco, 1949;
P. Parente, , Roma, 1949;
«Grace», en DTC. * J. E. Nieremberg, .