Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

FE

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Consiste en general en creer en la palabra ajena. En sentido técnico y sobrenatural la fe es la adhesión del entendimiento bajo el influjo de la gracia a una verdad revelada por Dios, no por razón de intrínseca evidencia, sino en virtud de quien la ha revelado. S. Pablo (Hebr. 11, 1) da de ella la siguiente definición: la fe es el fundamento o firme persuasión de las cosas que se esperan y el convencimiento de las que no se ven. Esto es, la fe es la realidad anticipada de las cosas eternas (visión beatífica), que esperamos, y la prueba demostrativa de las cosas que no ve la mente.

La fe existe formalmente en el entendimiento como hábito (una de las tres virtudes teologales infusas por Dios junto con la gracia santificante) y como acto. Pero al acto de fe concurre también la voluntad, porque las verdades divinas, que a menudo superan la capacidad racional del hombre, no poseen aquella evidencia que suele determinar el asentimiento del entendimiento, por lo que es necesaria la intervención de la voluntad para mover al entendimiento a adherirse a la verdad revelada, aunque sea incomprensible, en homenaje a Dios.

Pero el acto formal de fe va precedido de un juicio acerca del hecho de la divina Revelación y de las señales que la acompañan. Éste es el juicio de credibilidad, que presenta con certeza moral como creíble la verdad revelada y confiere, por lo tanto, al acto de fe un fundamento racional, aunque no lo determine. La fe, sea en su inicio, sea en su desarrollo sucesivo, es siempre efecto de la gracia de Dios (cfr. Conc. Arausicanum II, contra los Semipelagianos).

No obstante el juicio de credibilidad, la verdad revelada, especialmente el misterio, sigue inevidente y, en consecuencia, incapaz de determinar por sí mismo el asentimiento; el entendimiento se adhiere bajo el impulso de la libre voluntad movida de la gracia, porque es Dios quien habla. Por lo tanto, la fe es rationabile obsequium, una sumisión libre de la razón humana a la Verdad eterna que se manifiesta, y como tal es meritoria. El motivo formal de la fe es, pues, sólo la autoridad de Dios, que constituye una evidencia extrínseca, mientras que la ciencia requiere una evidencia intrínseca; por esto la fe es oscura, pero tiene una firmeza y una certeza superiores a las de todos los conocimientos humanos.

La fe es indispensable a la santificación y a la salvación (Concilio Trid.), pero no basta sin las obras: Fides sine operibus mortua est (Santiago).

Lutero reduce la fe a una confianza ciega en la divina misericordia; los modernistas, a un sentimiento que brota de la subconsciencia (v. esta palabra y Luteranismo, Modernismo). Cfr. Conc. Trid., Ses. VI, cc. 6-7 (DB, 798-801); Conc. Vatic., Ses. III, cc. 3-4 (DB, 1789-1800); Enc. Pascendi (DB, 2074). Existe hoy una tendencia a traspasar el acto de fe de la esfera intelectual a la afectiva. Pero tal transposición no es lícita a la luz de la doctrina católica, que defiende el carácter esencialmente intelectivo de la fe, aun reconociendo la función importantísima de la voluntad y del sentimiento en disponer al hombre a creer.

Bibliografía

Sto. Tomás, , II-II, qq. 1-10;
Bainvel, , París, 1908;
C. Pesch, , Roma;
Tazzi, , Vicenza, 1927;
R. Aubert, , Lovaina, 1945;
H. Bhini, , Turín, 1949;
«Foi», en DTC y en DA.

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