EUTIQUIANISMO
Herejía cristológica de Eutiques (s. V), archimandrita de Constantinopla, llamada también Monofisismo, porque, en oposición al Nestorianismo, defiende la unidad sustancial de Cristo hasta el punto de ver en Él no sólo una persona, sino también una naturaleza teándrica (Monofisismo: μόνη = sola, y φύσις = naturaleza).
La génesis de esta segunda herejía se encuentra en la exageración de la actitud de S. Cirilo Al. contra el Nestorianismo; en el fervor de la polémica el Santo Doctor había dejado escapar alguna frase demasiado fuerte sobre la profunda unidad del Hombre Dios (unidad en sentido personal) y había adoptado una célebre frase apolinarista (v. Apolinarismo): μία φύσις τοῦ Λόγου σεσαρκωμένη (una es la naturaleza encarnada del Verbo), que S. Cirilo atribuía a S. Atanasio. Pero el concepto de una fusión de la naturaleza divina y de la naturaleza humana de Cristo es extraño en realidad a la mente de S. Cirilo. Los Eutiquianos se apoyaron en él abusivamente.
Por lo demás, Eutiques, no muy feliz de ingenio, sostenía tercamente, pero sin argumentos, que antes de la unión había dos naturalezas y después de la unión había una sola naturaleza en Cristo. Sus discípulos proponen diversas explicaciones, a menudo extravagantes, de la afirmación de su maestro: hablan de mezcla de las dos naturalezas, de absorción de la una en la otra, de unión formal semejante a la del alma con el cuerpo. Todas estas fórmulas comprometen inexorablemente la integridad de una o de las dos naturalezas.
El Conc. de Calcedonia (451) condena la nueva herejía, reivindicando precisamente la integridad de las dos naturalezas y su distinción real, no obstante la unidad personal: Cristo es un solo sujeto (Persona), el Verbo, que, encarnándose, sigue siendo perfecto Dios y perfecto hombre. Distinción y no división, unión y no confusión o transformación: las dos naturalezas, subsistentes en la Persona del Verbo, quedan íntegras con sus respectivas propiedades. El Concilio sigue y repite en sus definiciones la doctrina expuesta por el Papa S. León Magno en su célebre carta a Flaviano, Arzobispo de Constantinopla (449).
Se ha de distinguir, sin embargo, del Eutiquianismo (forma exagerada) un Monofisismo mitigado, más verbal que real, que fue encabezado por Severo de Antioquía. Los Monofisitas de esta tendencia combaten al mismo tiempo a los Eutiquianos y al Conc. de Calcedonia, por seguir aferrados a la fórmula cirílica de la única naturaleza en sentido personal. Algunas sectas Monofisitas actuales son víctimas todavía de este equívoco verbal.
El Monofisismo se difundió ampliamente por su marcado carácter místico, dando origen a varias iglesias y sectas, de las que la más notable es la de los Jacobitas (de Jacobo Baraday, Obispo de Edesa, 571), que perdura en Oriente con su jerarquía. (V. Teopasquismo, Aftardocetismo.)
Bibliografía
F. Cayré, , II, p. 51 ss.;
J. Lebon, , Louvain, 1909;
Sartori, , Torino, 1927;
M. Jugie, «Monophysisme», en DTC;
Pío XII, Enc. (8 sept. 1951), en que se trata exhaustivamente la cuestión eutiquiana y calcedonense desde el punto de vista histórico y doctrinal.