ELEVACIÓN (del hombre)
Es verdad de fe que Dios no sólo creó el hombre compuesto de alma y cuerpo (v. estas pal.) y sus facultades respectivas (orden natural), sino que lo enriqueció de dones sobrenaturales y preternaturales (v. estas pal.), destinándolo a un fin que trasciende la naturaleza humana, esto es, a la visión beatífica (v. esta pal.). Ésta es la elevación del hombre actuada, según la sentencia más probable, desde el momento de la creación. El Conc. Trid. habla de la «santidad y de la justicia, en que (Adán) fue constituido» (DB, 788). Pío V condenó a Bayo (v. Bayanismo), que negaba esta elevación al orden sobrenatural.
1.º Adán fue enriquecido con la gracia santificante y las virtudes y dones que de ella se derivan. Todo el N. T. habla de la Redención como de una restauración, una vuelta al estado primitivo. Pero la Redención consiste principalmente en la restauración del reino de la gracia en el alma humana (v. S. Pablo); por lo que en el estado primitivo, en Adán, hubo de existir la gracia con las virtudes y dones sobrenaturales. S. Agustín, haciéndose eco del pensamiento de los demás Padres, escribe (De Gen. ad litt. 6, 24, 35): «Renovaremos nuestro espíritu, según la imagen de Aquel que nos creó, imagen que Adán perdió con el pecado».
2.º Adán tuvo también el don preternatural de la integridad (v. esta pal.), que comprende la inmunidad de la concupiscencia (v. esta pal.), de la muerte corporal y de la ignorancia. Este doble don, sobrenatural y preternatural, constituía a Adán en el estado de inocencia (v. esta pal.) o de justicia original, con que Dios había dotado en Adán a toda la naturaleza humana como por un «accidens speciei» (Sto. Tomás), es decir, como una propiedad donada gratuitamente a la especie, contenida virtualmente en Adán como en su fuente (v. Inocencia).
Bibliografía
Sto. Tomás, , I, q. 94 ss.;
Beraza, , Bilbao, 1924;
C. Boyer, , Roma, 1940;
P. Parente, , Roma, 1949, p. 159 ss.