Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

ASUNCIÓN (de María)

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Es el tránsito prodigioso de María Sma. en cuerpo y alma de la tierra a la vida celestial.

Es un dogma de fe definido solemnemente por Pío XII en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (1.º nov. 1950). La Iglesia, desde los primeros siglos (V-VI), profesó pacíficamente la fe en la Asunción, como se deduce de la Liturgia, de los documentos devotos, de los escritos de los Padres y de los Doctores, de los votos enviados a la Santa Sede durante el último siglo pidiendo una definición dogmática. Esta fe secular y universal confirmada por todo el Episcopado en su respuesta a la Carta Apostólica Deiparae Virginis (1.º de mayo 1946) es el argumento fundamental de que se ha servido el Papa para ilustrar las razones de la definición, no pudiendo la Iglesia docente y discente engañarse creyendo como divina una verdad.

En el Documento Pontificio se procede con método regresivo de la fe actual de la Iglesia hasta la más antigua tradición y a la Sagrada Escritura, hablando, 1.º, de la Liturgia (templos, imágenes, oraciones, fiestas en honor de la Asunción con relativa oficialidad, de que son notables ejemplos el Sacramentario Gregoriano y el Galicano); 2.º, del testimonio de los Padres y de los Doctores (Ps.-Modesto Hierosolimitano, San Germán Constantinop. y sobre todo S. Juan Damasceno entre los Padres; Amadeo de Lausana, San Antonio de Padua, S. Alberto Magno, Sto. Tomás y S. Buenaventura, S. Bernardino y S. Roberto Belarmino, S. Pedro Canisio y Suárez entre los Escolásticos, además de S. Francisco de Sales y S. Alfonso); 3.º, de los fundamentos bíblicos, que se concentran en la idea de María asociada a Cristo Redentor en la lucha y en el triunfo sobre Satanás, de que se habla ya en el Protoevangelio (Gen. 3); 4.º, finalmente, de las razones teológicas (armonía de los privilegios marianos, como la Inmaculada Concepción, la eminente Santidad, la Virginidad, la Divina Maternidad; la piedad filial de Cristo para con su Madre).

El Papa, aunque habla en la Constitución de la muerte de María, no hace ninguna alusión a ella en la definición. Sabido es que hay dos tradiciones, una favorable a la muerte de María (no por débito, sino por razón de conformidad con el Hijo), la otra favorable a su inmortalidad. En todo caso la muerte de María no fue, como la nuestra, acompañada de dolor y corrupción del cuerpo, sino que fue como un dormirse dulcemente para despertar en la vida gloriosa del cuerpo y del alma.

Bibliografía

Sto. Tomás, , III, q. 27, a. 1;
q. 83, a. 5, ad 8;
, a. 5;
;
M. Jugie, , Città del Vaticano, 1944;
J. Filograssi, , Romae, 1951;
C. Balić, , Romae, 1951;
T. Gallus, , Turín, 1951. • Bover,

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