ASCENSIÓN (de Jesucristo)
La narra explícitamente S. Lucas en su Ev. 24, 50 ss., y en los Hechos de los Apóstoles 1, 9 ss. Se alude implícitamente a ella cuando se habla de la presencia de Jesucristo resucitado en los cielos (p. ej., en Heb. 9, 24; I Petr. 3, 22, y en otros lugares). Los exegetas católicos han reivindicado la autenticidad e historicidad de S. Lucas por su proximidad a los hechos (los Hechos de los Apóstoles se escribieron del 62 al 63).
La Ascensión de Jesús al cielo en su Humanidad glorificada por la resurrección es verdad de fe, como aparece en el Símbolo Apostólico y en el Niceno-Constantinopolitano. Teológicamente la Ascensión se explica en los siguientes términos: Cristo no ascendió a los cielos en cuanto Dios, porque como tal está en todas partes, sino como Hombre unido hipostáticamente al Verbo. Sto. Tomás precisa que Cristo subió a los cielos por su propia virtud, es decir, sea por la virtud divina que le era propia como Verbo, sea por la virtud humana adquirida por su alma glorificada, que como tal puede mover el cuerpo adondequiera. (Summa Theol., III, q. 57, a. 3.)
La Asunción de María, en cambio, se obró por virtud de Dios principalmente, si bien el alma de la Virgen glorificada gozaba del poder de mover el cuerpo, pudiendo superar las leyes ordinarias de la naturaleza.
Bibliografía
Sto. Tomás, , III, q. 57;
V. Larrañaga, , Madrid, 1943;
P. De Ambroggi, «Ascensione», en .