ANTIGUO TESTAMENTO
(v. Biblia): Es el conjunto de los 46 libros que constituyen la primera parte de la Biblia, donde se contiene la historia de la Revelación antigua y de la preparación de los hombres a la venida del Mesías por medio del pueblo de Israel. He aquí el índice de los libros según la enumeración y el orden consagrado por el Conc. de Trento en 1546 (v. Canon):
Libros históricos:
- Génesis (50 capítulos).
- Éxodo (40 cc.).
- Levítico (37 cc.).
- Números (36 cc.).
- Deuteronomio (34 cc.).
Llámase el conjunto de estos libros de Moisés el Pentateuco (= cinco partes), y los Hebreos le llaman la Ley.
- Josué (24 cc.).
- Jueces (21 cc.).
- Rut (24 cc.).
- I de Samuel o I de los Reyes (31 cc.).
- II de Samuel o II de los Reyes (24 cc.).
- I de los Reyes o III de los Reyes (22 cc.).
- II de los Reyes o IV de los Reyes (25 cc.).
- I de los Paralipómenos o de las Crónicas (29 cc.).
- II de los Paralipómenos o de las Crónicas (36 cc.).
- I de Esdras (10 cc.).
- II de Esdras o Nehemías (13 cc.).
- Tobías (14 cc.).
- Judit (16 cc.).
- Ester (16 cc.).
Libros didácticos, sapienciales o poéticos:
- Job (42 cc.).
- Salterio, o libro de los Salmos (150 salmos).
- Proverbios (31 cc.).
- Eclesiastés (12 cc.).
- Cantar de los Cantares (8 capítulos).
- Sabiduría (19 cc.).
- Eclesiástico (51 cc.).
Libros proféticos:
Profetas mayores:
- Isaías (66 cc.).
- Jeremías (52 cc.).
- Lamentaciones (5 cc.).
- Baruc (6 cc.).
- Ezequiel (48 cc.).
- Daniel (14 cc.).
Profetas menores:
- Oseas (14 cc.).
- Joel (3 cc.).
- Amós (9 cc.).
- Abdías (1 c.).
- Jonás (4 cc.).
- Miqueas (7 cc.).
- Nahum (3 cc.).
- Habacuc (3 cc.).
- Sofonías (3 cc.).
- Ageo (2 cc.).
- Zacarías (14 cc.).
- Malaquías (4 cc.).
Conclusión de los libros históricos:
- I de los Macabeos (16 cc.).
- II de los Macabeos (15 cc.).
Es un conjunto armonioso de libros de diversos autores y épocas escalonados en un período de tiempo que va del s. XVI a. C. al s. II a. C.
Los libros históricos inician la narración en los orígenes del universo y del hombre, y se concentran principalmente sobre los hechos relativos al pueblo de Israel desde sus orígenes como nación hasta su ruina y a las tentativas de restauración (175-135 a. C.). La relación no es continua ni homogénea y presenta sensibles lagunas.
Los libros llamados didácticos, porque están dedicados a la instrucción del lector, reciben también el nombre de sapienciales, de su tema principal —la sabiduría, concebida como el conocimiento perfecto y la práctica fiel de la religión—, y poéticos, por su forma literaria.
Los libros proféticos recogen memorias biográficas y resumen las predicaciones de los profetas que Dios envió a Israel entre los siglos VIII y V a. C., para conservarle en la fe y guardar vivas las esperanzas mesiánicas (v. Profeta y Mesías).
Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos y se han conservado casi en su totalidad en la lengua hebrea; algunos trozos de Daniel y de Esdras y algún versículo esporádico de otros libros fueron escritos en arameo. Algunos libros se escribieron originariamente en griego (Sabiduría y II de los Macabeos), en tanto que de otros se ha perdido el original y sólo se conserva la versión griega (I de los Macabeos, Baruc, Judit, Tobías, Eclesiástico, del que se encontraron a fines del siglo pasado dos tercios del texto original).
Los libros del A. T. fueron escritos sobre papiro o, para obtener mayor duración y resistencia, sobre pergamino preparado en forma de banda arrollada a un bastoncillo. Se conocen unos 3.000 manuscritos del texto hebraico; recientemente (1947) se encontró en Palestina un manuscrito con el libro entero de Isaías y otros fragmentos bíblicos que se remontan a la época precristiana. El texto que hoy leemos fue fijado en el s. I, y corresponde satisfactoriamente al original (v. Masorético). La división actual en capítulos data de 1214, y se debe a Esteban Langton; la división en versículos fue hecha en 1528 por Sante Pagnino. (Sobre el catálogo de los libros v. Canon.)
El A. T. forma una unidad inseparable con el Nuevo, del cual fue «figura» (I Cor. 10, 6-11). Él fue el «pedagogo» que condujo a Israel a Cristo (Gal. 3, 24), que era el fin del A. T. (Rom. 10, 4). El A. T., que contiene las múltiples y fragmentarias comunicaciones de la antigua Revelación divina, pide necesariamente el N. T., que lo completa e ilumina con la Revelación plena del Hijo de Dios (Hebr. 1, 1-2). «En el A. T. —decía San Agustín (Quaest. in hept., 2, 73)— se esconde el Nuevo, y en el Nuevo se manifiesta el Antiguo.
Bibliografía
Schuster-Holzammer, Historia bíblica, Barcelona, ELE.
L. Dennefeld, Histoire des Livres de l’A. T., París, 1929.
J. B. Pelt, Histoire de l’A. T., París, 1930.
H. Höpfl-A. Miller-A. Metzinger, Introd. Spec. in V. T., Roma, 1946.
G. Giossen, Incontro con il Libro Sacro, Brescia, 1943.
G. Ricciotti, , Barcelona, 1947;
este mismo autor ha publicado, traducidos del original, una antología de los trozos más significativos del A. T., , Bolonia, 1921.
Sobre cada libro en particular v. la pal. correspondiente en DBV, DBVS, DTG, EI, EC.
Sobre el valor perenne del A. T., v. la Encíclica Mit brennender Sorge (14 marzo 1937), de Pío XI, y Gabd. Faulhaber, Judaísmo, Cristianismo, Germanismo.
H. Duesberg, Les valeurs chrétiennes de l’A. T., Maredsous, 1948.
Sobre los temas fundamentales y las particulares dificultades de interpretación, v. E. Galbiati-A. Piazza, Pagine difficili dell’A. T., Génova, 1951. V. Biblia.