PROFETA
(gr. προφήτης, derivado de προφάναι = hablar en nombre de otro): En la historia del A. T. se nos muestran los Profetas como los supremos y auténticos maestros instituidos por Dios, que hablan en su nombre, celan su honor, comunican a los hombres su voluntad en orden a la conservación, explicación y realización del pacto firmado con el pueblo por medio de Moisés y la preparación del nuevo pacto, que Cristo había de sellar con su sangre.
Llamados directamente por Dios sin distinción de clases y sin preparación alguna, son lanzados en el tumulto de la vida social y política para extender a todos, reyes y súbditos, sacerdotes y laicos, su autoridad y actividad.
Dios se comunica con ellos por medio de visiones y alguna rara vez por sueños. En las visiones, el objeto podía presentarse a los sentidos externos o a los sentidos internos bajo la forma de una imagen o de un símbolo, o también podía Dios imprimir directamente en el entendimiento del Profeta las especies inteligibles y elevarlo con su luz sobrenatural para hacerle capaz de ver los misterios de la divina Providencia. Es cierto que los Profetas tuvieron conciencia de las comunicaciones divinas, pero no era necesario que comprendieran todo lo que veían o decían, porque, siendo su mente un instrumentum deficiens, un medio insuficiente, no podía alcanzar un conocimiento exhaustivo de todo lo que Dios pretendía en sus comunicaciones (Sto. Tomás, Summa Theol., II-II, q. 173, a. 4).
La previsión del futuro en los Profetas del A. T. podía ejercitarse sobre hechos contenidos en los límites de su tiempo, o también sobre los acontecimientos mesiánicos, es decir, relativos a la futura salvación de Israel y del mundo (v. Mesías). En este segundo caso las profecías son de grandísimo valor e interés y dan la medida del origen divino y de la eterna actualidad del A. T.
Bibliografía
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