Diccionario de Teología Dogmática

Pietro Parente (P. P.)

ALMA

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Es la sustancia espiritual, que junto con el cuerpo constituye el hombre. Toda sana filosofía ha admitido siempre la existencia, espiritualidad e inmortalidad del alma, dotada de inteligencia y de voluntad, con sus respectivas operaciones, que son las más nobles del hombre y manifiestan su grado específico. Aristóteles define el alma: «Primera perfección («entelecheia» = acto) de un cuerpo natural orgánico» (De Anima, II, 1), y también: «El principio por el que primero vivimos, sentimos, nos movemos y pensamos» (ibíd., II, 2). Santo Tomás (S. Theol., I, q. 76) demuestra sobre la base de los principios aristotélicos, que el alma racional es la única forma sustancial del cuerpo. Esta doctrina filosófica se confirma y enriquece a la luz de la Revelación y de la Teología.

1. — Sda. Escritura: a) El alma ha sido creada por Dios e infundida directamente en el cuerpo de Adán (Gen. 3, 7): «El Señor Dios formó, pues, al hombre del barro de la tierra y sopló sobre su rostro un hálito de vida y el hombre se hizo alma viviente»; b) El hombre se asemeja a Dios por el alma, y en él se refleja la imagen divina de una manera especial (Gen. 1, 27 y 1, 26): lo cual no permite defender que el alma sea material (cfr. Eccles. 12, 7); c) El alma es inmortal: el Evangelio está lleno de testimonios (cfr. Mt. 12, 28); en el A. T. véase especialmente Sáp. 2, 23 y 3, 1, 4, 10; Ps. 48, 15-16, etcétera; d) Por los textos citados se prueba también que el alma es el elemento formal del hombre, el principio vital y racional por el cual el hombre es hombre, animal viviente distinto de los brutos.

2. — Tradición: Generalmente repite y desarrolla la Revelación escrita acerca del alma. Tertuliano propuso la extravagante teoría del Traducianismo corporal (v. esta pal.), según la cual el alma de los hijos se engendra del semen de sus padres. Más tarde San Agustín, aunque impugnando la opinión de Tertuliano, pareció inclinarse a un Traducianismo espiritual (el alma de los hijos se engendra de las almas de los padres, como la luz de la luz) para defender mejor contra los Pelagianos (v. Pelagianismo) la transmisión del pecado original. Pero no excluía el Creacionismo, o sea la creación e infusión inmediata de cada alma por parte de Dios. En tiempos de la Escolástica se movieron cuestiones más sutiles: por ejemplo, en qué momento infunde Dios el alma (hoy es común la opinión de que en el primer instante de la fecundación). Más importante es la cuestión de la unidad del alma y de su carácter de forma sustancial del cuerpo. Platón negó la unión sustancial del alma con el cuerpo, y dividió el alma en tres elementos (Tricotomía). Alguna huella de esta teoría se registra también de vez en cuando en la Escolástica.

El franciscano Pedro Juan Olivi, distinguiendo en el alma la esencia y los tres elementos racional, sensitivo y vegetativo, sostenía que sólo los dos últimos informan el cuerpo y no el primero; que el alma en cuanto racional se une sustancialmente al cuerpo, con el que forma un solo individuo, pero no formalmente. El Conc. de Viena condenó esta opinión, afirmando que el alma racional es la forma sustancial inmediata del cuerpo (DB, 471).

Los Escotistas defienden que además de la forma sustancial principal, que es el alma, el cuerpo tiene la forma secundaria corporeitatis. La más segura es la doctrina tomística, según la cual el alma racional es la única forma sustancial que da al hombre el ser hombre, animal viviente, cuerpo, sustancia, ente (v. Inmortalidad).

Bibliografía

Sto. Tomás, Summa Theol., I, qq. 75-77.

Id., Quaestiones de anima.

M. Th. Coconnier, L’âme humaine: essence et nature, Paris, 1890.

C. Boyer, De Deo creante et elevante, Roma, 1940, p. 122 ss.

D. Mercier, Psicología.

A. Lanza, Il momento dell’infusione dell’anima nel corpo, Roma, 1939.

A. Zacchi, L’uomo: la natura, Roma, 1944, p. 321.

Beraza, De Deo creante.

Willwoll, Alma y espíritu, trad. de Menchaca, J., Madrid, 1948.

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