AGNOETISMO
(del gr. ἄγνοια = ignorancia): Error cristológico de Temistio, diácono alejandrino del s. VI. Según la opinión más probable, Temistio era un monofisita severiano (v. Monofisismo), mientras que los aftardocetas (v. Docetismo), discípulos de Juliano de Halicarnaso, sostenían la incorruptibilidad de la naturaleza humana de Cristo, los severianos en cambio afirmaban la debilidad y pasibilidad común. Temistio va más allá y atribuye a Cristo Hombre la ignorancia. En realidad, la cuestión nació en los primeros siglos en torno al texto del Evangelio de San Marcos 13, 32, donde Cristo dice que ignora cuándo será el día del juicio. Durante la controversia arriana los seguidores de Arrio se sirvieron de este texto para negar la divinidad de Cristo: a lo que respondían los Padres que la ignorancia, cuando más, pertenecía a la Humanidad, pero nunca a la Divinidad del Verbo. Los latinos, sin embargo, están de acuerdo en negar toda ignorancia en Jesucristo.
San Cirilo Al., contra los nestorianos, que atribuían a Cristo Hombre nuestras miserias, incluida la ignorancia, defiende la ciencia perfecta de Cristo Dios, aunque concediendo que en su humanidad haya existido una ignorancia no real, sino sólo aparente. Mejor y definitivamente expone San Agustín: Cristo Hombre conocía el día del juicio, pero su misión de Maestro no exigía que nos lo revelase. El error de Temistio fue condenado por Timoteo, Patriarca de Alejandría. San Gregorio Magno expone claramente la doctrina católica en una Carta a Eulogio, otro Patriarca de Alejandría, eliminando de la Humanidad de Cristo toda verdadera y propia ignorancia. Los escolásticos tradujeron esta doctrina en la fórmula siguiente: Cristo ignoraba el día del juicio en el sentido de que no lo sabía con ciencia comunicable a los hombres.
Algunos protestantes no dudan en atribuir a Cristo cierta ignorancia (v. Kénosis), peor es la sentencia de los Racionalistas y Modernistas (cfr. Ciencia de Cristo).
Bibliografía
Maric, De Agnoëtarum doctrina, Zagreb, 1914.
J. Lebreton, Hist. du dogme de la Trinité, París, 1927, I, p. 581.
Hugon, Le Mystère de l’Incarnation, París, 1931, p. 243.