Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

VOTO

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Libre promesa hecha a Dios de ofrecerle alguna cosa o de abstenerse de ella; en hebreo se conocen dos voces distintas: neder para el voto-ofrenda y 'issar o 'esar para el otro (cf. por ej., el nazareato). La idea del voto nace de la idea natural de conseguir la benevolencia divina, especialmente en momentos difíciles; hallámoslo en uso entre los antiguos semitas y antes de la ley mosaica (cf. Gén. 28, 597B20 ss.). Ejemplos posteriores: Jefté (Jue. 11, 30; v.); Ana , madre de Samuel (I Sam. 1, 11 ss.); el justo en el peligro (Sal. 116, 18; 22, 26; cf. Jon. 1, 16, etc.). Equipárase a un voto el propósito de virginidad que hizo Nuestra Señora (Lc. 1, 34); y al voto de nazareato , el que hizo S. Pablo (Act. 18, 18; 21, 22). Todo el que podía disponer libremente de sí mismo (hombre, viuda, mujer repudiada) estaba capacitado para hacer un voto (Núm. 30, 3-10); mas el voto de una doncella o de una mujer desposada sólo valía mediando la aprobación del padre o del marido, cuyo consentimiento se presumía si no se oponían en el espacio de un día (Núm. 30, 11-16); el padre podía, pues, anular el voto de los hijos que todavía estaban bajo su autoridad (Núm. 30, 4.6).

Podía ofrecerse a Dios todo: su propia persona, los hijos, animales puros e impuros, casas, campos, etc. Sólo se excluía lo que ya por derecho pertenecía a Dios (primogénitos, diezmos: Lev. 27, 26), los animales defectuosos (Mal. 1, 14) y el precio de la prostitución (Dt. 23, 18). El voto podía ser conmutado: así las personas que se habían ofrecido a Dios por sí mismas o por otras podían ser rescatadas previo el desembolso de la correspondiente compensación, que variaba según la edad y el sexo (Lev. 27, 1-8). También era posible el rescate para las cosas y los campos (Lev. 27, 14-25). Para el voto especial llamado ḥerem , v. Anatema . No había obligación de hacer voto alguno (Dt. 23, 22), pero una vez hecho había que cumplirlo en tiempo oportuno, pues, «si lo demoras, te será imputado como pecado» (ibid. 23, 21; cf. Eclo. 5, 4). No han de hacerse votos inconsiderados (Prov. 20, 25), como hizo Jefté (Jue. 11, 30). Para que un voto tuviese valor jurídico, era preciso enunciarlo clara y formalmente (Núm. 3, 7.13; Dt. 23, 23).

Jesús recrimina a los fariseos (que dedicaron al voto una minuciosa casuística: cf. el tratado del Talmud: «Nedarim») el haber desnaturalizado en provecho propio esta santa institución, sirviéndose de ella contra la ley divina. Según ellos, era suficiente con hacer el voto de ofrecer al Templo un objeto, para que éste quedara consagrado y se hiciera inajenable; y aprobaban, por ej., a quienes se dispensaban de socorrer a sus padres menesterosos (cf. el precepto del Decálogo ) en virtud de haber pronunciado sobre sus bienes la palabra «corbán» = «ofrenda sagrada», con lo que se decía que habían quedado destinados al Templo. Luego se buscaba un pretexto o compromiso para 598Alibrarse también de tal promesa (Mt. 15, 1-9; Mc. 7, 11 ss.).

Bibliografía

F. X. Kortleitner, Archeologia biblica , Innsbruck 1917, pp. 382-92. P. Heinisch, Teología del Viejo Testamento (trad. it.), Turín 1950, pp. 266-69. A. Vaccari, La S. Biblia , VIII, Florencia 1950, p. 78.

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