Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

TERAFIM

Recursos

Pese a su forma plural, este término puede significar un solo objeto (cf. I Sam. 19, 13 ss.), lo mismo que los nombres urim y tummin, que significan las dos suertes sagradas.

El terafim aparece como una especie de ídolo domástico en Gén. 31, 19-35, de don- de parece desprenderse que pertenecía, junta- mente con otros objetos (Gén. 35, 2 ss.) a la religión aram ea; e indudablemente tiene tal carácter en 1 Sam. 19, 13 ss., no obstante el poco respeto con que lo trata Micol al servir- 579Ase de él para engañar a los esbirros enviados por Saúl, colocándolo en el lecho para fingir que se trataba de David indispuesto.

En los demás pasajes en que aparece, parece que se trata de un objeto empleado para la adivinación, ya que se le asocia a las flechas utilizadas para los sorteos (I Sam. 15, 23; Ez. 21, 26; Nabucodonosor en la marcha contra Jerusalén consulta a los terafim y recurre a la hepatoscopia; Zac. 10, 2), al efod (receptácu- lo de las suertes sagradas, Jue. 17, 5; 18, 14. 17; Os. 3. 4), o a los espíritus (II Re. 23, 24).

Estos últimos ejemplos hacen poco verosímil la opinión que quiere ver en los terafim los dioses penates o los antepasados divinizados; más bien debían ser un objeto propio del cul- to, como el efod, las flechas, las suertes, al servicio de los oráculos, ya fuesen privados (texto de Gén., I Sam. 19), ya públicos. Este carácter de los terafim está en consonancia con la explicación rabínica (cf. Buxtorf, Lexicón Chaldaicum, Talmudicum et Rabbinicum, col. 2661). El hecho de que Raquel escondiese los te- rafim de su padre debajo de los aparejos del camello y que ella se sentase encima, supone que el terafim (o los terafim) de Labán no era tan voluminoso; en cambio el de Micol debía ser mucho más.

La etimología propuesta para explicar te- rafim por refa’im, «los que han bajado a los infiernos, aparte de ser discutible, a causa de la pérdida del alef, parece sobre todo inspi- rada en el deseo de acercar el uso de los te- rafim al culto de los m anes; la cual explica- ción no cuenta, ciertamente, con el apoyo de los textos. Tratábase sencillamente de un objeto su- persticioso que Micol conservaba sin saberlo David, como antes Raquel sin saberlo Jacob. L. D e sn o y e r s, Histoire du peuple hébreu, 1, París 1922, p. 292. R. T a m is ie r, Le livre des Juges (La Ste. Bible, cd. Pirot, 3), ibid., 1949, pp. 270. 274: A. M é de b ie lle, Les livres des Rois, (ibfd.), pp. 413. 428.

Bibliografía

Voces relacionadas

Internas