Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

SINAGOGA

Recursos

Es esencialmente el lugar de oración y de la instrucción religiosa para los judíos en Palestina y en todas partes.

El tér m ino (de o-vváywt hebreo m oderno kenéseth, arameo kenistá’) equivale a «reunión», «asam blea# (especialmente religiosa, cf. Act. 13, 4 3; Sant. 2, 2); de ah í pasó a significar la «colec tividad», «comunidad» (Act. 9, 2; Ap. 2, 9) y las más de las veces «el edificio», el lugar donde se reúne la comunidad (τόπος συναγωγῆς; beth hakkeneseth, Mt. 4, 2 3; Mc. 1, 21-23, etc.).

Entre los judíos helenistas y los paganos, así como en las inscripciones judías descubiertas en las diferentes partes del imperio rom ano, se significa la comunidad, en tanto que al edifi cio o lugar de la reunión se le llama προσευχή; (oración, lugar de oración, oratorio), cf. Act. 16, 13.16; Juvenal, Sátiras III, 296; J. B. Frev. Corpus Inscr. iud, I, Roma 1936 p. L X X; 1952, n. 1440-1444, etc. Es unánim e el adm itir que el principio de la organización de la sinagoga debe retrasarse hasta después de la cautividad, y probablemente hasta el período de la diáspora, s. III 557Ba. de J. C. El texto más antiguo que hace al caso es del reinado de Tolom eo Evergetes (246 221 a. de J. C.). El tiempo de N.

Señor cada centro habitado en Palestina, por insignificante que fuera, y cada comunidad judaica de cual quier parte del imperio tenía cuando menos una sinagoga. La sinagoga era el pronaos del Templo, para instruirse en la Ley, para reunirse para la oración y protegerse contra la corrupción del medio am biente idolátrico. Los fieles que vivían en las lejanías raras veces podían visitar el Templo y experim entar la eficacia espiritual de este hogar del judaism o, para cuya vitalidad era necesario suplir ta l deficiencia con el fin de que aquella eficacia se continuase y se ex tendiese. T al fue el com etido de la sinagoga entre los judíos de Palestina y de la diáspora. El edificio, en sustancia, consistía en un sala rectangular — tipo basilical— con tres naves; estaba dispuesta de modo que los fieles es tuviesen en ella vueltos hacia Jerusalén. A veces la sala iba precedida de un atrio con una pila en medio para las abluciones, y a los lados tenia contiguas unas estancias des tinadas a escuelas para niños y albergue de peregrinos. La sala podía estar decorada con pinturas y m osaicos.

El m ueble principal era el armario o arca en que se guardaban los ro llos de los libros sagrados: luego un púlpito, m ovible o fijo, para el servicio del lector de la Sagrada Escritura y del orad o r. A lo largo de las paredes estaban dispuestos unos asientos de piedra, cuyos «primeros puestos», objeto de am bición y de gloria para los fariseos (Mt. 23, 6), estaban junto a la pared hacia la cual m ira b an los que estaban o ra n d o; la «cátedra de Moisés» (Mt. 23, 2) era el asiento especialmente adornado que en algunas sinagogas es tab a destinado p a ra el jefe de la comunidad. Entre los utensillos litúrgicos figuraban las trom petas, las lám paras y las alfom bras.

La decoración de las sinagogas ha sido va riada, y bajo este aspecto la más fam osa es la de D ura-E uropos, cuyas tres paredes —en ésta se había prescindido de la entrada— llevaban cada una tres estupendas zonas de frescos que en conjunto ocupan un a superficie de unos 100 m 1 con personajes aislados (por ejemplo Moisés) y episodlos bíblicos (el éxodo y el paso del mar R o jo; las historias de David, Sa lom ón y Este r; la visión de E z.. sobre los huesos a los que se devuelve la vida).

Al jefe de la sinagoga (= archisinagogus, cf. Mt. 9, 18; Lc. 13, 14; Act..13, 15, etc.) le ayu d aba el «ministro» (h azzan; Lc. 4, 40), que estaba encargado de velar por el orden, y 558Aespecialmente indicar con la trom peta la llegada de los sábados y de las solemnidades y de eje cutar las sentencias de flagelación (Mt. 23, 24). La liturgia de la sinagoga se manifestaba en la oración y en la instrucción de los fieles, quienes debían intervenir en los sábados y en las fiestas, y podían hacerlo libremente los de más días, principalmente los lunes y los jueves, días destinados al ayuno. El servicio litúrgico com enzaba recitando en com ún la oración Se m a’ (= escucha, Israel, etc.), compuesta de fragmentos de Dt. 6, 9-4; 11, 13-21; Núm. 15, 37-41. Luego seguía la súplica Sémóné ’esré = dieciocho bendiciones, así llamada por el número de oraciones que la com ponían: em pezó a usarse en tiempo de N. Señor. A con tinuación se leía la Biblia.

Los libros sagrados estaban divididos de modo que tanto la Ley (Torah) con sus 154 secciones (peraSóth) su ficientes para tres años, como los Profetas (des de Jos. hasta los profetas menores) con sus subdivisiones proporcionasen para todos los sábados «la lectura de la Ley y de los Profetas» (Act. 13, 15). A la lectura del original hebreo seguía la traducción (targüm) aram ea, y luego un ser món parenético (Act. 13, 15) que, por invita ción del archisinagogo, podía pronunciar incluso un huésped (Jesús en la sinagoga de Nazaret: Lc. 4, 15; 6, 6; en la de Cafarnaúm Jn. 6, 59, etc.; y San Pablo en la de Antioquía de P isidia: Act..13, 14 ss.). Term inada la alocución seguía otra oración y, por último, la bendición (Núm. 6, 24 ss.), que era recitada por un sacerdote. Las sinagogas difundieron po r entre los pa ganos el conocimiento del monoteísmo, y con tribuyeron por todas partes a la primera pre dicación de los Apóstoles (Act. 9, 20; 14, 1; 16, 13; 17, 1 s., etc.), los cuales podían ini ciar la divulgación del evangelio sin tener que recurrir a pedir las autorizaciones que nece sitaban para una religión que todavía no había sido reconocida como lícita.

D estruido el T em plo, el judaism o se refugió íntegramente en las sinagogas, y así ha podido conservarse hasta ah o ra (Holzmeister).

Bibliografía

E. Schürer, G eschichte des jiidisclten Volkcs.., I, 4.“ ed, Leipzig 1901, pp. 306-400. S ttiack
Billerbeck, K om m entar zunt N. T. aus Talmud und Midrosch, IV, M ónaco 1928, pp. 115*152. 253-88. J. M. Lagrangu, L e Juda'isme avant J.-C, París 1931, pp. 285-91. J. Bonsirven, Lc juda'isme paiesthüen.... 11, ibíd, 1935, pp. 136-41. U. Holzmeister, Storia dei tempi del N. T. (trad. it.). Torino 1950, pp. 204-215.

Voces relacionadas

Internas