PAZ
452BEl sentido fundamental del hebreo šālôm , que suele traducirse por paz, es el de «bienestar», con diferentes matices: sanidad («Visitarás a tus hermanos para informarte acerca de su šālôm », I Sam. 17, 18; cf. Is. 38, 17), seguridad («Rogar la šālôm de Jerusalén : vivan en seguridad los que te aman»; Sal. 122, 6 ss.; Jer. 29, 7), incolumidad («despedir a un enemigo en šālôm », II Sam. 3, 21.23), prosperidad («La šālôm sea contigo, con tu casa y con cuanto tienes», I Sam. 25, 6), buen éxito («La šālôm de la guerra», II Sam. 11, 7; cf. 18, 28). Por eso se comienzan las cartas con la expresión de «A él la šālôm en su totalidad» (Esdr. 5, 7), o también: «Que vuestra šālôm se multiplique» (Dan. 3, 31; cf. Cartas de Laquis y de Elefantina). La fórmula de saludo es « šālôm a ti» (Jue. 19, 20), y la de despedida «Vete en šālôm » (I Sam. 1, 17).
Lo contrario de la šālôm es, pues, el mal en general (Is. 45, 7), y sólo secundariamente la guerra y las contiendas en especial (Eclo. 3, 8), ya que la idea de bienestar las excluye; si dos personas o dos pueblos están concordes, «hay šālôm entre ellos» (Jue. 4, 17; I Sam. 7, 14); uno de quien no hay nada que temer es «el hombre de mi šālôm » (Sal. 41, 10). Esta šālôm es un don de Dios (Is. 45, 7; Job. 25, 2; Sal. 147, 14); lo merece el justo (Is. 32, 17; Sal. 119, 165; Prov. 3, 2); el pecado es el enemigo de la šālôm (Is. 48, 18); ya que no hay šālôm para los impíos (Is. 48, 22). Mediante la actuación del Mesías se dará un restablecimiento de la šālôm en toda la humanidad, que se perdió por el pecado (Is. 53, 5; 57, 19): el pacto mesiánico será esencialmente «un pacto de šālôm » (Is. 54, 10), de šālôm abundante (Sal. 72, 3.7), sin fin (Is. 9, 7), y el Mesías será «príncipe de šālôm » (Is. 9, 6), y hasta la misma šālôm (Mi. 5, 5); y Dios «hablará de šālôm » incluso a los gentiles (Zac. 9, 19).
En el Nuevo Testamento se emplea el término εἰρήνη, que para los griegos equivalía a tranquilidad pública, inmune de reyertas, concordia entre las naciones por la ausencia de guerras (así también en Mt. 10, 34; Act. 12, 40; Ap. 6, 4). Pero habitualmente se traduce por εἰρήνη el conjunto de significados de šālôm (respecto del bienestar en general cf. las fórmulas de despedida: Act. 15, 33; 16, 36; I Cor. 16, 11), con absoluta preponderancia del sentido mesiánico, entendido de ese bien de orden sobrenatural que el Mesías Jesús ha realizado en la tierra y en el cielo (Lc. 2, 14; 19, 38), quitando para siempre toda enemistad entre Dios y los hombres («Justificados, 453Apues, pola fe, tengamos paz con Dios», Rom. 5, 1), entre los israelitas y los gentiles (Ef. 2, 14), mereciéndonos toda clase de bienes celestiales (Ef. 1, 3-14). Esta «paz», que Jesús dejó a sus Apóstoles (Jn. 14, 27), éstos la anuncian a todos (Mt. 10, 12 s.), la desean al comenzar cada una de sus epístolas, juntamente con la «gracia» de Dios (I Tes. 1, 1; Rom. 1, 7; I Pe. 1, 2, etc.), pues en ella consiste todo el «evangelio» (Ef. 6, 15).
La paz «reina en los corazones» de todos los cristianos (Col. 3, 15), y es una dulce certeza de salvación, fuente de gozo interior que puede ir continuamente en aumento (Rom. 15, 13).
Bibliografía
G. von Rad-Foester, en ThWNT, II, pp. 398-418. L. Cerfaux, Le Christ dans la théologie de s. Paul , París 1951, p. 110 s. J. Bonsirven, Il Vangelo di Paolo , Roma 1951, p. 308. J. Prado, La paz del reino mesiánico , CB, 1951. M. Balagué, ¿Dónde está la paz de Cristo ? , CB, 1952. S. del Páramo, La paz de Cristo en el N. T. , EstB, 1953.