Diccionario Bíblico

Armando Rolla

LATINAS (Versiones)

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Son las versiones que se usaron en las comunidades cristianas de África y de la Europa occidental antes de la Vulgata (v.) jeronimiana, las cuales responden a la necesidad de una traducción de la Biblia al latín, que comenzó a sentirse en los países latinos ya en los umbrales del cristianismo. La existencia de una versión latina, total o al menos parcial, en el África del Norte, hacia fines del s. ii, está probada por las actas de unos mártires sicilianos que hablan de un mártir plebeyo, desconocedor del griego y que tenía consigo «los libros y las epístolas de Pablo , hombre justo», evidentemente en latín. Otra documentación es el hecho de que hubiesen utilizado un texto bíblico traducido ya al latín, probablemente por Tertuliano (muerto después del 222) y segurísimamente S. Cipriano (muerto en 258). Respecto de la Iglesia Romana, tenemos el testimonio de Novaciano, también de fines del s. ii. Estas versiones, fieles hasta el servilismo, fueron preparadas sobre la recensión de los LXX anterior a las Hexaplas, y respecto del Nuevo Testamento, sobre un texto de la recensión occidental (D). Mas, pronto sufrieron la infiltración de las otras versiones griegas así del A. como del N.

T. y se alteraron en la transmisión manuscrita y con el recíproco influjo, de suerte que se originaron variantes apreciables en los escritos posteriores y los códices manuscritos, y fueron tan numerosas, que dieron a S. Jerónimo ocasión de decir «tot esse exemplaria quot codices» ( Praef. in Ios. , PL 28, 463; Praef. in 4 Ev. ad Dam. , PL 29, 526). No obstante, en medio de tanta variedad se imponen dos textos, bastante distintos entre sí, como se ve cotejando los textos citados por Cipriano con los citados por Novaciano y mediante el examen de varios manuscritos que han llegado hasta nosotros: el texto africano y el europeo. Aunque desconocemos la localidad de origen de tales textos, se piensa, no obstante, que la primera versión nació en África septentrional, fundándose en los provincialismos lingüísticos y en el uso que de ella hicieron los escritores africanos. De la segunda versión, la «europea», se cree que tuvo su 354Aorigen en regiones latinas en las que el griego era poco conocido o absolutamente desconocido, como la Italia septentrional, Galia y España, fundándose en el testimonio de Novaciano.

Sólo para algún libro, como el Levítico, pueden perfectamente identificarse cuatro versiones (códs. Lugdunensis, Monacensis, Wirceburgensis y el texto de que se sirvió S. Agustín en las Locutiones et quaestiones in Heptateucum ). La afirmación de S. Agustín, según la cual los traductores latinos de la Biblia fueron innumerables ( De Doctrina christiana , II, 11, 16; PL 34, 43), parece referirse al número de diferentes autores que pudieron haber traducido cada uno de los libros más bien que a diferentes versiones parciales o totales. La importancia del estudio de estas versiones es filológica, crítica y exegética. Los traductores, con la única preocupación de atenerse a la lengua viva, reproducen formas gramaticales y vocablos extraños a la lengua literaria y ofrecen así datos filológicos que permiten seguir la evolución del latín y su tránsito a nuestras lenguas neolatinas. Es grande el valor crítico para la parte del A. T., ya que la fidelidad del texto prehexaplar de los LXX ofrece preciosos elementos para la reconstrucción de tal recensión.

De las versiones antejeronimianas fueron cinco los libros que se incorporaron íntegramente a la Vulgata de San Jerónimo (Bar., Eclo., Sab., I y II Mac.). Mas el valor exegético es escaso, a causa de su poca atención al sentido de los términos griegos y al contexto. No existen manuscritos que contengan íntegra la Biblia en las versiones latinas. El códice Sessorianus (en Santa Cruz de Roma) comprende casi todo el N. T., pero sólo por trozos fragmentarios. Son bastante numerosos los códices evangélicos designados con las letras minúsculas del alfabeto latino. El texto «europeo» está representado en el cód. a, Vercellensis (s. iv), que contiene extensos fragmentos de los cuatro Evangelios; en el b, Veronensis (s. v), famoso por su belleza y que contiene los cuatro Evangelios; en el d, Bezae o Cantabrigensis (s. vi), constituido por la parte latina del bilingüe D, cuyo contenido son los cuatro Evangelios y los Actos; en el f, Brixianus (s. vi), muy elegante, con los cuatro Evangelios; cód. ff2, Corbeiensis (s. v-vi), y en los cód. g1, g2, ambos Sangermanenses (actualmente en París) (s. ix-x), que en muchos puntos reproducen la Vulgata de San Jerónimo.

El texto «africano» está representado en el cód. e, Palatinus (actualmente en Trento; un 354Bfolio en Dublín) (s. v), con los cuatro Evangelios mutilados, y en el cód. k, Bobiensis, del s. iv-v (actualmente en Turín), con Mt. 8, 8, y Mt. 15, 36.

Con los Actos de los Apóstoles , además del mencionado cód. d, tenemos el cód. e, Laudianus, bilingüe, del s. v, escrito en Cerdeña (actualmente en Oxford). El cód. d, Bobiensis, palimpsesto (actualmente en la Biblioteca Nacional de Nápoles), además de los fragmentos de Actos, contiene notables fragmentos de la epístola de Santiago y de la II Pe. Para las epístolas de S. Pablo, aparte los pocos bilingües (d, Claromontanus; f, Augiensis; g, Boernerianus), pueden mencionarse los fragmentos de Frisinga (r, Frisingensis), del s. vi-vii (actualmente en Mónaco). El Heptateuco del A. T., en estado fragmentario, o en unión con algunos libros de la Vulgata, aparece en el cód. Lugdunensis, del s. vi-vii; Wirceburgensis, del s. v-vi; Monacensis y Ottobianus (Bibl. Vaticana), del siglo vii-viii.

Los libros históricos del A. T., casi enteramente, en los cód. Vindobonensis (Bibl. Nac. de Nápoles), del s. vi; Complutensis (actualmente en Madrid), del s. ix; Vaticanus y Monacensis, del s. ix. El Salterio, en varios cód., entre los cuales el Veronensis, del s. v; el Sangermanensis, del s. vi; el Mediolanensis, del s. ix, y el Psalterium Mozarabicum .

Los libros Sapienciales, no incluidos en la Vulgata, en los cód. Vindobonensis, del s. vi-vii; Tolosanus, del s. viii-ix; Veronensis, del s. vi-vii, y Monacensis. Los libros proféticos, en los cód. Wirceburgensis, Constantinianus-Weingartensis, del s. v-vi; Sangermanensis, del s. v-vi; Gothicus Legionensis, del s. x, y Veronensis, del s. viii. La edición de las versiones latinas fué publicada por P. Sabatier: Bibliorum Sacrorum latinae versiones antiquae seu vetus Italica et ceterae quaecumque in codicibus mss. et antiquorum libris reperiri potuerunt , 3 voll., Reims 1739-43; 2.ª ed., ibid. 1751. Bajo la dirección de los Benedictinos de Beuron se está preparando un «nuevo Sabatier» del que ha salido el fascículo de introducción con un folio de muestra: Die Reste der altlateinischen Bibel nach Petrus Sabatier neu gesammelt und herausgegeben von der Erzabtei Beuron. 1, Verzeichniss der Sigel für Handschriften und Kirchenschriftsteller , Friburgo de Br. 1949, y los tres primeros fascículos con el Génesis. La Academia de Berlín ha publicado los Evangelios de Mateo (1938) y de Marcos (1940), a cargo de A. Jülicher. [A. R.]

Bibliografía

J. M. Lagrange - S. T. Lyonnet, Critique textuelle , 2, París 1935, pp. 240-81, 421-36, 488-500, 355A598-612. A. Vaccari, Institutiones biblicae , I, 5.ª ed., Roma 1937, pp. 289-97. G. M. Perrella, Introduzione generale ( La S. Bibbia ), 2.ª ed., Torino 1952, páginas 203-18.

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