Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

DOCUMENTOS pontificios

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Los documentos pertenecientes a la Sagrada Escritura, que al principio eran escasos, se fueron multiplicando a causa de los errores de los protestantes y de los modernistas. Aquí vamos a limitarnos a las cuatro grandes encíclicas: Providentissimus Deus, de León X III; Spiritus Paraclitus, de Benedicto XV; Divino afflante Spiritu y Humani Generis, de Pío XII. Para las otras decisiones, v. Comisión bíblica.

1. Enc. Providentissimus Deus , 18 de noviembre de 1893: AAS, 26 (1893 s.) 269-92. Es la Carta Magna de los estudios bíblicos, cuyas líneas fundamentales y programáticas traza: defiende la inerrancia de la Biblia (que la llamada «École large» intentaba limitar al campo religioso únicamente), reclamando el verdadero concepto de inspiración, según los principios de Santo Tomás. El exegeta debe servirse de todos los instrumentos que utiliza el racionalismo para destruir lo sobrenatural: crítica literaria textual, histórica; principalmente ha de estar familiarizado con la filología y la arqueología, y prestará especial atención al género literario. La solución de las dificultades propuestas contra la inerrancia no ha de buscarse en divagaciones dogmáticamente erróneas, p. ej., restringiendo la inspiración o la inerrancia a las partes doctrinales, sino en el concepto exacto de inspiración (v.), evitando la nociva confusión entre inspiración y revelación, y aplicando íntegramente las reglas de la hermenéutica (v.) católica.

2. Enc. Spiritus Paraclitus , 15 de septiembre de 1920: AAS, 12 (1920) 385-422. Fue escrita para el 15.° centenario de la muerte de San Jerónimo y es como la continuación de la Providentissimus, cuyos principios reproduce en 163Adefensa de la autoridad de la Biblia contra racionalistas y modernistas, y contra ciertas teorías erróneas de algunos católicos, basándose en la vida y en los escritos del máximo de los exegetas. La primera parte presenta los rasgos biográficos del santo, poniendo especialmente de relieve sus trabajos en torno al texto sagrado. La segunda parte expone su pensamiento sobre la verdad de las Escrituras, fundado en la naturaleza de la inspiración, que consiste en la colab oración de un hombre a la obra de Dios como libre instrumento suyo para la producción de un determinado escrito que, por lo mismo, está absolutamente exento de errores.

Tal doctrina dista mucho de ser aprobada por quienes, fundándose erróneamente en algunas palabras de San Jerónimo y de la Providentissimus, distinguen en la Biblia un elemento primario (religioso) y otro secundario (profano), una verdad absoluta y otra relativa, según la teoría de las «apariencias históricas», de las «citas (v.) implícitas», etc.; o sostienen en particular que el cuarto evangelio contiene las palabras de Jesús alteradas por la catequesis primitiva, o mezcladas con ella, de modo que ahora sería ya imposible reconocerlas. San Jerónimo, además, dio ejemplo de estudio constante y de grande amor a la palabra divina, y de las disposiciones necesarias para interpretarla rectamente. Buscaba en ella especialmente el sentido literal, base indispensable del sentido típico y edificante, según el ejemplo de Jesús y de los Apóstoles. La tercera parte expone los frutos que sacó San Jerónimo del estudio de la Biblia: nutrimiento espiritual, amor a la Iglesia, celo para defender la verdad, difundir la virtud y reprimir el vicio, y sobre todo el amor a Cristo, centro de la Escritura, y a la Santísima Virgen, su madre.

Sus reliquias, presentes en Roma, hablan aún a los cristianos de hoy recordando sus exhortaciones y sus ejemplos.

3. Enc. Divino afflante Spiritu , 30 de septiembre de 1943: AAS, 35 (1943) 297-326. Fue publicada durante la segunda guerra mundial para conmemorar el 50.° aniversario de la Providentissimus, de la que viene a ser un complemento, y traza un programa de estudios bíblicos para nuestro tiempo con importantes precisiones sobre el valor y el uso de los textos originales, sobre el decreto tridentino acerca de la autenticidad de la Vulgata, sobre la actuación del hagiógrafo como instrumento en la inspiración, sobre los géneros literarios que se hallan en la Biblia, siempre con tono de 163Bconfiado optimismo y con la impronta de una sana modernidad. La primera parte (histórica) reafirma los puntos salientes de la Providentissimus y hace resaltar el intenso cuidado de los últimos Papas por los estudios bíblicos, a los que los intelectuales católicos han dado un notable impulso, respondiendo a las llamadas pontificias. En la segunda parte (doctrinal) se indica cómo se debe plantear hoy el estudio de la Biblia.

Los auxilios para un estudio provechoso se han aumentado y mejorado: impónese el deber de aprovecharse de ellos para poseer el conocimiento de las lenguas bíblicas y determinar el valor exacto de la palabra de Dios con la ayuda de la crítica textual. El decreto sobre la autenticidad de la Vulgata (v.) está fuera de litigio en cuanto tenía por objeto las traducciones latinas entonces existentes, cuya autoridad jurídica sancionaba. En la exégesis se busca especialmente el sentido literal, procurando poner de relieve la doctrina teológica, para argüir de esta suerte a los fanáticos del sentido espiritual, que solo debe afirmarse cuando consta positivamente que Dios lo ha intentado (cf. Carta de la Pontificia Comisión Bíblica al Episcopado italiano, 20 de ag. de 1941: AAS, 33 (1941), 465-72). Para asegurarse del pensamiento exacto del hagiógrafo es preciso conocer bien las circunstancias concomitantes de su actividad; estudiar con especial atención los géneros literarios que pudo usar expresándose tal vez de un modo inusitado para nosotros, pero sin ofender en lo más mínimo a la verdad.

Muchas dificultades hoy están felizmente resueltas y las que restan han sido confiadas al cuidadoso estudio de los exegetas, aunque respecto de algunas tal vez nunca se llegue a dar una solución adecuada, como ocurre en las otras ciencias. Sus tentativas serán seguidas con maternal comprensión por la Iglesia, que se complace en dejar plena libertad de investigación para favorecer el progreso científico. Pero la finalidad última de la palabra de Dios es el provecho espiritual, por eso los pastores de almas promoverán su divulgación por todos los medios, y durante los años de preparación para el sacerdocio es necesaria una enseñanza bíblica adecuada y cuidadosa.

4. Enc. Humani generis , 12 de ag. de 1950: AAS, 42 (1950), 561-78. Comienza con las mismas palabras de la encíclica de Benedicto XV sobre la sagrada predicación (15 de jun. de 1917: AAS, 9 [1917], 305-17), pero desde su comienzo intenta poner remedio a «ciertas falsas opiniones que amenazan con minar los fundamentos de la doctrina católica», nacidas todas 164Aellas de ciertas concesiones hechas a los principios de las doctrinas evolucionistas. En el sector de los estudios bíblicos la encíclica excluye la distinción entre sentido humano (a veces falible) y sentido divino (siempre infalible), y reprueba la exégesis simbólica (o espiritual) que no tenga en cuenta como se debe el sentido literal (cf. Rivista Bíblica, 1 [1953], 71-78). No puede haber oposición entre ciencia y fe, pero es muy diferente la consideración que se tiene con simples hipótesis científicas. Así, mientras la hipótesis evolucionista sobre el origen del cuerpo humano (v. Adán), en el estado actual de las diferentes ciencias puede ser objeto de prudentes investigaciones por parte de los especialistas en la materia, no se ve cómo conciliar con el dogma del pecado original la hipótesis del poligenismo.

Algunos exegetas para dar una interpretación excesivamente libre a los libros históricos del A. T., han tomado ocasión de la carta de la Pontificia Comisión Bíblica al Cardenal Suhard (16 de enero de 1948: AAS, 40 [1948], 45-48), la que, al contrario, intenta poner a salvo la historicidad de los once primeros capítulos del Génesis, aun admitiendo en él formas literarias adaptadas a la mentalidad de un pueblo que todavía no había evolucionado. Más detalles sobre el estudio de la Biblia en los Seminarios y Universidades eclesiásticas se hallan en la Carta Apostólica Quoniam in re bíblica de San Pío X (27 de marzo de 1906: AAS, 39 [1906], 77-80) y en la Constitución Apostólica Deus scientiarum Dominus de Pío XI (4 de marzo de 1931: AAS, 23 [1931], 241-94.

Los documentos pontificios relativos a la Biblia están coleccionados en el Enchiridion biblicum (Roma 1927; 2.ª ed., 1954, con los documentos más recientes). [L. V.] Leone XIII e la questione biblica, en La Civiltà Cattolica, 45 (1894), serie XV, vol. IX, pp. 401-15. 652-65. L’enciclica per il centenario di S. Girolamo, en La Civiltà Cattolica, 11 (1920), vol. IV, pp. 40-44. A. Bea, Constitutionis Apostolicae «Deus scientiarum Dominus» momentum pro studiis biblicis, en Bíblica, 12 (1931), 385-94. Íd., L’enciclica «Divino afflante Spiritu», en La Civiltà Cattolica, 94 (1943), vol. IV, pp. 212- 24. Íd., «Divino afflante Spiritu», en Bíblica, 24 (1943) 313- 22. Íd., L’enciclica «Humani generis» e gli studi biblici, en La Civiltà Cattolica, 101 (1950), vol. IV, pp. 417- 30. Íd., Die Enzyklika «Humani generis»: ihre Grundgedanken und ihre Bedeutung, en Scholastik, 26 (1951), 36-57 (especialmente 45 s. 51-55).

Bibliografía

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