Diccionario Bíblico

Francesco Spadafora

DECÁLOGO

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Los diez mandamientos (δέκα λόγοι: Éx. 34, 28; Dt. 10, 4 en la versión griega), esencia de la alianza (v.) del Sinaí y de todo el Antiguo Testamento (Éx. 20, 1-17; Dt. 5, 6-22). Los tres primeros son de índole religiosa: — monoteísmo, con exclusión de toda forma de idolatría; respeto al nombre de Dios; descanso sabatino; — los otros son de índole moral. Con el primero va unida la sanción (Éx. 20, 2-6; v. Alianza) cuyo cumplimiento, en cuanto al castigo, se vio realizado en la destrucción de Samaría (722 a. de J. C.) y del reino de Judá (587 a. de J. C.) con el cautiverio de los supervivientes (cf. Lev. 26; Dt. 28); y en cuanto al premio, fruto de la gran misericordia de Dios, en la conversión y en el regreso de «un residuo», en la restauración del nuevo Israel, en la venida del Mesías (v.) y, finalmente, en la futura conversión de Israel al cristianismo (Rom. 11, 25 ss.).

La Iglesia católica (con los judíos y los luteranos) considera la prohibición de toda escultura e imagen idolátrica (Éx 20, 4 s.) como un simple complemento del primer mandamiento, y no como un precepto distinto; 147Ben cambio, en virtud del v. 17, considera como dos preceptos específicamente diversos la codicia de los bienes ajenos y el deseo de la mujer del prójimo (A. Vaccari, en VD, 17 [1937], 317-20; 329-334), La doctrina monoteísta y moral del Decálogo es la característica peculiar y verdadera prerrogativa de Israel respecto de todos los demás pueblos. Como fundados en la ley natural (Sto. Tomás, Sum. Theol. 1.a Ilae. q. 100, aa. 1. 3. 11), aunque dirigidos a la nación, en cuanto tal (v. Alianza), estos preceptos obligaban a cada uno de los miembros de la misma (individualismo); y siguen impresos en la conciencia de todos los hombres de todos los tiempos (universalismo). De este modo entran sin cambio alguno en la alianza definitiva que había de ser sellada por Jesucristo Nuestro Señor (Ene. Cati.- It., IV, 1261). Compruébanse numerosas variantes, aunquesecundarias entre Éx. y Dt. (1. cit.).

El Éxodo alega como razón de la observancia del sábado el descanso divino después de los seis días de la creación; el Dt. un motivo de humanidad que no excluye el precedente. El Éxodo pone a la mujer entre las cosas del hombre, conforme al concepto vigente en el régimen patriarcal; el Dt. la pone aparte. En lo demás trátase de modificaciones literarias accidentales; y el célebre papiro de Nash, s. i-ii desp. de J. C., que contiene fragmentos del Dt. 5, 6-22, ofrece algunas que le son propias (v. Papiros ; cf. A. Vaccari, en VD, 1923, 283-6). Tales divergencias permi-. ten concluir que con toda probabilidad en las dos piedras solo se esculpieron los preceptos (p. ej.: no hurtar) sin los motivos que frecuentemente los acompañan, los cuales fueron añadidos en la redacción subsiguiente de los dos= libros, Éxodo y Dt. Todos los exegetas católicos reconocen a Moisés por autor del Decálogo incluso en cuanto a la forma literaria, en la que, no obstante, admiten ciertos retoques ulteriores consistentes en detalles secundarios. Entre los acatólicos cf. L. Lemme, G. Wildeboer, etcétera. La mayoría de los críticos que más estuvieron en contacto con la literatura egipcia y babilónica — R. Kittel, A. Jirku, E.

Sellin, P. Volz, etc. — lo consideran como sustancialmente mosaico. Los profetas inculcan la observancia de Iospreceptos del Decálogo (A. Gambert): Os. 4, 2. 13; 6, 9; Jer. 7, 9, etc., y particularmente la del primero; y los suponen ya conocidos del pueblo (Am. 2, 4-14; Os. 4, 6; 6,' 5-11, etc.; cf. la explícita referencia de Ez. 20, 10 ss.: preceptos dados por Yavé a Israel en el desierto, entre los cuales el de santificar el sábado). 148ADocumentos antiquísimos del tiempo de Moisés atestiguan el uso de grabar en piedra (Éx. 24, 12; Dt. 9, 9) escritos importantes de naturaleza religiosa para colocarlos en lugares sagrados. En un tratado estipulado entre ShuppiluliumaS, rey de los jeteos, y Mattiuzza, rey de Mitanni , se dice que se deposite en el templo de Shama§ una especie de documento. [F. S.]

Bibliografía

F. Spadafora, en Enc. Catt. It., IV, 1261 s., con amplia bibl. A. Eberharter, en DBs, II, col. 341-51. M. Valentini, Le condizioni sociali del D. e la sua autenticità mosaica, en Salesianum, 1 (1939) 407- 20. A. Clamer, Le Deutér. (La Ste. Bible, ed. Pirot, 2), París 1940, pp. 548-56. H. Simon-J. Prado, Vetus Test., I, 6.ª ed., Torino 1949, pp. 235-42. H. H. Rowley, Moïse et le Décalogue, en RHPhR, 32 (1952) 7-40.

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