CIRO el Grande
Valeroso y magnánimo fundador del imperio persa (558-529). En el año 558 sucede a su padre Cambises (I) que reinaba sobre los pasárgados, la primera entre las más importantes tribus persas, con el título de rey de Anzan; pero bajo el control de los medos, 111Adesde el tiempo de Ciajares, Ciro unifica y organiza el diminuto reino; luego, en 553, ataca y derrota a Astiajes, rey de los medos, ocupa la capital Ecbátana y funda el reino medo-persa (Gran cilindro de Sippar: Nabonid goza por la victoria de Ciro). En el 546 conquista a Lidia y toda el Asia Menor. Extiende sus fronteras por el este hasta el Indo, y por el país de los dacios hasta el Himalaya; por el norte hasta Escitia y las estepas de Siberia. De aquí se vuelve al piadoso soñador Nabonid, rey de Babilonia. Gubaru, gobernador de la provincia del Gucio, al norte de Babel, se pasa a Ciro. En el mes de Tammuz, Ciro derrota a Nabonid junto al Tigris; el 14 de tirsi (sept.-oct.) ocupa a Sippar; dos días después Gubaru ocupa a Babel sin violencia (12 oct. 539), ayudado de la población de la gran metrópoli. Es muerto Baltasar, hijo de Nabonid (Dan. 5), y el rey es hecho prisionero.
Quince días después, Ciro hace su entrada triunfal en Babel y proclama la paz para todos. Ciro inaugura un método de amplia tolerancia. Respeta la vida y trata bien a los reyes vencidos, e igualmente respeta los templos y los dioses de cada uno de los pueblos. Quiere ser un benéfico libertador para todos. Ciro no es monoteísta: con el culto de Ahura-mazda, el dios supremo del cielo, junta el de otras divinidades, y lleva su tolerancia hasta el extremo de presentarse a cada uno de los pueblos dominados como servidor y enviado del dios a quienes ellos adoran (Cilindro de Ciro, en Babilonia, lin. 11-15. 30. 35; Crónica de Nabonid).
También los israelitas se beneficiaron de tales disposiciones (Esd. 1, 1-4), y así se cumplía la profecía de Jer. 25, 1-14; 29, 1-14 sobre los setenta años de cautiverio comenzando en el 605 a. de J. C., después de los cuales Dios libertaría a los cautivos, y los devolvería a su patria según había sido predicho repetidas veces, Is. 44, 24; 45, 13; 46-47; 48, 1-16; 52, 1-12; cf. Is. 41, 21-29, indicando incluso el nombre del libertador (Is. 44, 28).
El decreto de Ciro, dado en Ecbátana el 23 de marzo del 538 a. de J. C. (Esd. 4, 11-5, 12; cf. Crónica de Nabonid III, 1, 24) otorga a los judíos autorización general para retornar a su patria; permiso especial para reconstruir el Templo, y plena libertad para llevar consigo los bienes, lo cual se deduce de la invitación a los babilonios a que ayuden a los repatriados con oro, plata, enseres y rebaños. Parece ser que Ciro se inclinaba hacia los judíos incluso por motivos religiosos, pues el culto idealizado de Ahura-mazda tenía que resultar 111Bmuy parecido al culto sin imágenes del único Dios de los judíos. Ciro murió en 529 combatiendo contra unos pueblos que amenazaban las fronteras orientales de su imperio y que no han sido identificados con certeza. [F. S.]
Bibliografía
G. Ricciotti, Storia d’Israele, II, 2.ª ed., Torino 1935, pp. 11- 12. R. De Vaux, Les décrets de Cyrus et de Darius sur la réconstruction du Temple, en RB, 44 (1937) 29-57. A. Médebielle, Esdras (La Ste. Bible, ed. Pirot, 4), París 1949, pp. 281-86.